sábado, 8 de julio de 2017

Leopoldo López, el Mandela criollo


Leopoldo López llamando a la rebeliónm desde la carcel de Ramo Verde el mes pasado. MUNDO
Leopoldito, hijo pequeño del preso político más famoso del mundo, se despertó con la mejor sorpresa de su vida: papá había vuelto a casa. Cuando se fue hace tres años y cinco meses era tan niño que ni siquiera andaba. En su pijama de Spiderman se destacaba una leyenda, "Hero". Pero para él, el verdadero héroe es su padre, aquel que cuando iba a visitar en ese lugar tan feo y antipático le decían que estaba trabajando por Venezuela. 
Leopoldo López, el preso político de Nicolás Maduro, comienza una nueva lucha una vez fuera de la prisión militar de Ramo Verde. El enemigo sigue siendo tan poderoso y maquiavélico como antes, el mismo que quiere hacerle invisible desde hoy en su prisión domiciliaria, en parecidas circunstancias a las del alcalde Antonio Ledezma. López ya lo adelantó desde el día de su detención: el que se cansa pierde. 
Este caraqueño de 46 años protagonizó uno de los hechos políticos más relevantes e insólitos en los 18 años de antichavismo venezolano: su entrega a la Guardia Nacional arropado por una marea blanca de opositores y estudiantes. Una escena que pareciera sacada del libro de las grandes gestas contras los gobiernos que, como el chavista, tanto abusan de sus poderes. Su pulso directo contra el presidente Nicolás Maduro lo convirtió en el preso político más importante de la revolución y también le ha llevado a erigirse en la gran referencia de buena parte de la oposición, que le sueña como su Mandela criollo. 
López ha estado aislado la mayor parte del tiempo, pero ahora ya no estará solo. Su hogar en los Palos Grandes caraqueños pasará a convertirse en uno de los cuarteles generales de la oposición. Allí López mezcla recuerdos de todo el país y una biblioteca desordenada, rebosante de libros, muchos de historia y unos cuantos de la economía que estudió en el Kenyon College de Ohio y en la prestigiosa Universidad de Harvard.
Político, economista, de cuna de mucho dinero, pinta de sifrino (pijo venezolano) y una obsesión, Venezuela. Tanto que hace años se tatuó su mapa en la pierna derecha, como para no olvidar que para gobernar un país donde la mayoría de sus presidentes han pasado por prisión, lo tiene que llevar escrito todos los días sobre la piel. Una obsesión que no es el guión diseñado por un asesor de campañas políticas: el dirigente opositor aburre a sus amigos explicando los afluentes y recovecos del río Orinoco y las alturas de los tepúis que también hicieran soñar a Joseph Conrad con la Gran Sabana venezolana. Conoce bien su geografía, que ha recorrido en varias oportunidades, la última a lo largo de 2009 para conformar la plataforma de su partido, Voluntad Popular. 
Su viaje a las entrañas del país subido en el "Autobús de la Mejor Venezuela" (idea que trasladó a la campaña de Henrique Capriles en 2012 con el Autobús del Progreso, una campaña dirigida por 
López, quien pactó con el candidato durante las elecciones primarias), así lo confirma. López se lanzó a la aventura de crear un partido nuevo y moderno, donde todos sus cargos se eligieran en elecciones internas, su gran obsesión. Buscó y buscó durante tres años hasta encontrar, incluso en comunidades rurales olvidadas por el chavismo.
En la cárcel militar de Ramo Verde, aseguran sus amigos, disfrutaba jugando al basket y entrenando con vehemencia, como evidencian las pocas imágenes que de él se han filtrado: ha definido mucho más su musculatura. Cuentan en las oficinas del municipio caraqueño de Chacao, que López gobernó de 2000 a 2008, que se ganó a pulso el respeto de sus policías y bomberos, con quienes entrenaba. Enérgico y veloz, jamás perdía el paso. Se levantaba a correr de madrugada, nadaba y hacía bicicleta, incluso participó en medio Iron Man. 
Durante su encierro, Lilian Tintori, la caraqueña catira (rubia), prototipo de belleza venezolana, se convirtió en el cordón umbilical de Leopoldo López con el mundo e incluso con su propio partido, abrumado muchas veces por la ausencia de su líder

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