domingo, 17 de diciembre de 2017

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ Desde el puente




REFLEXIONES DESORDENADAS


Escribo en domingo. Aún no conozco los resultados de la actividad electoral convocada para hoy por el régimen y avalada por importantes personeros no formalmente oficialistas. La verdad es que no me preocupa demasiado el tema. Todo está dado para que el régimen mantenga, con alguna ampliación, el control de la mayoría de las estructuras municipales.
 Y lo que es más grave, desconozca la mayoritaria voluntad del pueblo zuliano que eligió recientemente a Juan Pablo Guanipa como gobernador. A pesar de ese meritorio triunfo contra la maquinaria oficial, lo destituyeron por negarse a prestar juramento ante esa constituyente madurista, rechazada por fraudulenta por propios y extraños. Mi reconocimiento a la actitud principista, honesta y propia de su condición y herencia de este nuevo valor del liderazgo democrático. Lo inaceptable, a mi juicio, es que desde la “oposición” avalaran las actuaciones del régimen postulando como candidato a quien debería haber sido el primero en reconocer el triunfo de Juan Pablo y cuestionar todo lo sucedido.
Pero, nada nos sorprende. Con verdadera indignación vemos cómo avanza el drama de la destrucción institucional del país. Nada funciona. Todo camina de mal para peor. Está fortalecida, día a día, nuestra convicción de que no hay solución posible para ninguno de los problemas existentes mientras este régimen exista. Por tanto, todos los que compartimos este criterio tenemos la obligación de trabajar sin descanso por el cambio necesario en el menor tiempo posible.
No me siento feliz con lo que pienso en esta hora tan difícil y traumática. Pero si no logramos entender adecuadamente la realidad y la magnitud de las dificultades existentes, será imposible alcanzar el objetivo. Lo grave que muchos “opositores” lo entienden, pero actúan en dirección contraria a sus convicciones e incluso a sus propias trayectorias. Me cuesta mucho creer que sea por ingenuidad o por ignorancia. En algunos ni siquiera por comodidad o cobardía. Se podría tratar de complicidad abierta o encubierta. Esto siempre tiene un precio. Se conocerá más temprano que tarde. Recordemos que no hay secretos eternos.
Mientras tanto ¿qué podemos pedirle al ciudadano común, al pueblo que ciertamente sufre la situación actual?, ¿más paciencia? O, antes por el contrario, organizarlo para actuar en base a la rebeldía constitucional y práctica que las circunstancias exigen. Esto se dice fácil pero es extremadamente difícil y riesgoso para quienes asuman la responsabilidad de dirigir las acciones. Pero no hay de otra. Es ahora o será imposible detener la destrucción de la república, ya de por sí bastante deteriorada. No olvidemos que siempre se puede estar un poco peor. En la vida sólo se toca fondo cuando las cosas que se hace mal empiezan a hacerse bien.
Lunes, 11 de diciembre de 2017
@osalpaz


ANTONIO PAIVA Hiperinflación




Estimados colegas y amigos:

El castrismo gobernante ha obligado al madurismo a rechazar acuerdos para la ayuda humanitaria, la concreción de parámetros decentes para las elecciones presidenciales y la apertura económica. Como no les importa y son en extremo crueles, acentuarán las penurias de la población y tendrán que negociar pronto en peores condiciones.
En pocas palabras Ramón Peña resalta la entrega pusilánime de gobernaciones y alcaldías al régimen, por un abstencionismo pasivo que, de pretendido acto de rebeldía, terminó en contubernio con las trapisondas del régimen. El brillante analista y escritor Carlos J. Rangel, buen amigo de tertulias inteligentes, explica la diáspora, el exilio y la emigración.

José Mendoza Angulo, uno de los mejores rectores de la ULA, que supo enfrentar con inteligencia el acoso policial y económico contra la universidad y contener el facilismo de alumnos y docentes, le tocó la honrosa tarea de pronunciar el Discurso de Orden para la entrega del Doctorado Honoris Causa al Cardenal Baltazar Porras, un valiente prelado que honra el gentilicio venezolano. Una pieza para la historia.
El académico y escritor Patricio Pron entrevista a Fabia Gantús y Alicia Salmerón, brillantes historiadoras mexicanas, quienes demuestran que la lucha por la democracia en América Latina ha sido larga y difícil. El destacado economista Leonardo Vera Azaf explica la hiperinflación en Venezuela. Aprovecho para recomendarles el excelente análisis de este tema en Prodavinci, uno de los mejores portales de Latinoamérica.
La extraordinaria docente Judith Bascones Lejter le regala un bello cuento de Navidad venezolana a nuestros nietos –y a nosotros-.
El próximo jueves 21 les enviaré la última edición de estas Opiniones 2017.
Un fuerte abrazo!


EGILDO LUJÁN NAVA ¿Votar o no votar? ¿Que es lo que conviene?

  
Formato del Futuro…

 Durante  las más recientes elecciones, hubo opiniones contrapuestas en los grupos opositores acerca de si era o no conveniente participar en dichos comicios. En ambos grupos, sin duda alguna, hubo acertados argumentos en favor  y en contra de dicha posibilidad.
Los que llamaron a votar, explicaron que en regímenes políticos dictatoriales no se debe desaprovechar ninguna oportunidad comicial. Pero, además, que en el caso venezolano, en las ocasiones cuando  la oposición ha concurrido unida, ha logrado buenos resultados. ¿Ejemplo?: el de las elecciones parlamentarias del 6D de 2015, cuando los factores democráticos  ganaron las dos terceras partes de la representación popular en la Asamblea Nacional.-

Por su parte, los que llamaron a no votar alegaron que es inútil concurrir a unas elecciones amañadas, fraudulentas,  con un Consejo Nacional Electoral que desconoce la Ley que le rige y que, sin sonrojo alguno, se exhibe parcializado a favor del régimen. Además ¿por qué los alcaldes tienen que juramentarse ante una ilegítima Asamblea Comunal, para optar a una legitimidad constitucionalidad que sólo es posible de lograr juramentándose ante la Asamblea Nacional?.
Lamentablemente, al margen de esas justificadas argumentaciones, esa expresión democrática, sin embargo, con su conducta, incurrió en lo que, por su parte, reprueba gran parte de la ciudadanía: ambos grupos insisten  en desviarse  del único objetivo común, que no es otro que propiciar un cambio de Gobierno. Y, peor aún, asumir posiciones antagónicas, al punto de llegar a las descalificaciones grupales y rupturas personales, y al extremo de, sin darse cuenta, que el objetivo del contrario es precisamente provocar la división. ¿Pueden entender los dirigentes democráticos que mientras más fragmentada luzca su dirigencia, más débil se presenta y menos posibilidades tiene de propiciar cambio alguno?. Olvidan lo dicho por Julio Cesar en el año 47,  Antes de Cristo: "Divide et impera " ."Divide y Vencerás”.
La calle está llena de dudas y preocupaciones acerca de esa conducta de la dirigencia política que se autocalifica democrática. Porque mientras ella se debate entre una fraseología autodestructiva y una egolatría propia del populismo gobernante, olvida que la única realidad ciudadana en el país es la que le ha impuesto una supuesta revolución durante las dos últimas décadas.
El país es víctima de una inhumana  involución. Y todo es producto de haber pasado de ser una nación calificada de la más rica de Centro y Sur América, distinguida por su natural condición de receptora de emigrantes del mundo entero en busca de un próspero porvenir, hasta terminar en lo que proyecta hoy. Eso no es otra cosa que una Venezuela afectada por un proceso de destrucción continua en lo económico y en lo social; con una población que no se ocupa en pensar dos veces para  huir a otros lugares del Continente y del mundo Y que lo hace convencida de que allí pudiera encontrar  lo que no puede hallar en el suyo. Es decir,  seguridad y posibilidad de sobrevivir. Tan grave es el hecho alrededor de dicha estampida,  que al margen de la presunción de que más de tres millones de venezolanos pudieran estar viviendo en el exterior, la referencia es otra: ¿cuántos más se irán del país en el 2018?.
Formato del Futuro  no ha dejado de repetir durante los últimos años  que no hay otra forma de corregir lo lamentablemente andado, si Venezuela no reasume el rol ansiado: convertirse nuevamente en garantía de bienestar y  prosperidad para sus ciudadanos. Al día de hoy, el Gobierno ha sido exitoso en su propósito destructivo. Lo que se ha propuesto destruir, lo ha logrado en extremo. También, para desfortuna de sus conductores, a la par, ha hecho posible que una gran mayoría poblacional ya no crea en sus promesas, mucho menos en las garantías de recuperación económica y social, si el propósito depende de ese mismo grupo.
Creer en el Gobierno, inevitablemente, pasa por apreciar lo que ha hecho con el signo monetario del país y entender perfectamente en qué se ha tornado la multiplicidad de cadenas de radio y televisión  para tratar de justificar lo injustificable. Y es que, en Venezuela,  el papel moneda tiene más valor por el papel que se emplea en su impresión, que por su poder de compra.  El dinero está secuestrado en los bancos, “pastando” en un “corralito” alrededor del cual danzan miserables colas abarrotadas de ciudadanos para, si acaso,  obtener apenas diez mil bolívares diario de SU dinero, porque así lo han dispuesto las mismas autoridades que se ocuparon de hacer lo indebido para que todo terminara en lo de hoy:  en un secuestro monetario.
Difícilmente, el Gobierno venezolano hará lo que debe para evitar que esta situación continúe agravándose. Y así actuará por dos motivos: por incapacidad profesional o porque prefiere echar el resto, jugársela políticamente, sin importar cuántos puestos de trabajo desaparecerán, venezolanos sufrirán la dura mordida estomacal del hambre, inclusive, cuántos empresarios tendrán que migrar a otros países porque seguir aquí equivale a terminar a merced de la descapitalización.
Entonces, es indispensable que los líderes y partidos de oposición, descarten intereses personales y grupales, pugnas por falsas glorias y dedicarse a luchar por el país.
El promovido objetivo electoral, definitivamente, no va a arreglar nada si las condiciones de su desarrollo se siguen apoyando en los mismos vicios: el centralismo, el populismo y la corrupción. Venezuela, definitivamente, tiene que dejar de ser un país-botín, un espacio geográfico útil para la transacción geopolítica, un campo abierto para desarrollar procesos sometidos exclusivamente al desarrollo de ambiciones de poder.
Por otra parte, es inconcebible que la Venezuela del Siglo XXI, la que se suma con el resto del mundo al 2018 cargando con su peor situación económica, social, política, cultural y moral, necesite depender de la voluntad omnímoda de falsos caudillos, de Mesías para la oportunidad. También mientras que a más de 20 millones de ciudadanos se les trata de convencer que son súbditos, dependientes forzosos de un pensamiento, sentimiento y visión engañosa del verdadero futuro, a partir de la contraparte inmediatista de un plato de alimentos.
Hay que crear ciudadanía; hombres y mujeres decididos a construir equipos y programas con leyes, respeto y orden. Venezuela, además, no es sólo Caracas. La descentralización tiene que ser un propósito político y de políticas; nunca más una concesión voluntariosa del centralismo. Hay que descentralizar y propiciar el desarrollo de cada uno de los Estados de la República;  hacer de la Constitución un recurso adecuado y apropiado para la transformación de la nación, y no un simple montón de lineamientos ideológicos, jurídicos, doctrinarios y políticos de libre uso del Presidente de turno.
En fin, los Partidos Políticos y el liderazgo partidista, como la dirigencia social organizada, tienen que trabajar en función social y para los ciudadanos. No más quítate tú para ponerme yo. Entender responsablemente que ya más del 70% de la población no cree en partidos, tampoco en el verbo y los discursos  de las mismas caras sobrecargadas de promesas acartonadas y ausentes de lo que la población necesite que se le solucione.
No entender este mensaje, desestimarlo en su importancia y urgencia, pudiera terminar dándole paso a lo que ya ha estado presente en muchos debates en diferentes partes del país: propiciar una consulta al Soberano y preguntarle si quiere seguir siendo regido por un Gobierno Comunista a la cubana. Y, adicionalmente, plantearle si prefiere ser conducido por un Gobierno democrático que respete, valore y promueva la libre empresa y la propiedad privada.
Mientras se siguen dando reuniones en República Dominicana en atención a un diálogo dirigido supuestamente a promover soluciones, dos planteamientos de esa naturaleza guardarían consonancia con el propósito electoral que algunos tratan de imponer para que se desarrolle antes de la Semana Santa del 2018. Eso pudiera traducirse, es verdad, en un no y en un sí, respectivamente. Pero también en una demostración de que, finalmente, más allá de seguirse jugando a la captación de ingenuidades a partir de un aspecto del todo, como es la corrupción en algunas variables, lo que se necesita es trabajar con honestidad y alcanzar la recuperación del país.

Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)




FERNANDO MIRES Los hijos de Putn

POLIS


Es solo una constatación. Putin ejerce a nivel mundial cierta paternidad política del mismo modo como los EE UU la ejercieron sobre gran parte del hemisferio occidental hasta el día en que se les ocurrió elegir a un presidente aislacionista. Por cierto, muchos prefieren seguir usando el concepto clásico de “hegemonía”, pero según mi opinión el de paternidad calza mejor para entender el tipo de relaciones establecido por Putin con diversos gobiernos, en particular con algunos latinoamericanos.

Hegemonía supone, de acuerdo al politólogo Joseph Nye, jugar un rol directriz sobre otros países mediante una superioridad militar o económica, o mediante una ideología carismática como la que ejerce (¿o ejercía?) el Vaticano hacia las naciones cristianas o como la que ejerció el Kremlin con respecto a las naciones comunistas antes del cisma chino. En cambio, paternidad, el nombre lo dice, sigue las líneas impuestas por una relación de parentesco. 

Ahora, lo que menos puede ejercer Putin, sobre todo si se toma en cuenta que Rusia sigue siendo una enorme nación empobrecida, es hegemonía económica, como de hecho la ejerce China en Asia. Basta anotar que entre las grandes migraciones de fuerza de trabajo hacia Europa Occidental no solo se cuentan las islámicas sino también las que provienen masivamente de Rusia. 

Su hegemonía militar la ejerce Rusia solo en países periféricos y, si se dan las condiciones, en los huecos que abren las torpezas de los EE UU de Trump (particularmente en el Medio Oriente) Sin embargo, Rusia, pese a sus demostraciones de poderío frente a naciones militarmente débiles, no está en condiciones de medir su tecnología bélica, no hablemos con los EE UU, sino con la mayoría de los países europeos. 

En cuanto a la hegemonía ideológica, esta no puede ser ejercida por un gobernante cuya característica fundamental es carecer de ideología (hecho que lo hace muy imprevisible) Incluso la manipulación ideológica que practica Putin con respecto a la religión ortodoxa es solo para el consumo interno. Por otra parte es evidente que millones de jóvenes rusos se siente atraídos por la cultura occidental en todas sus formas, desde las literarias, pasando por las musicales y cinematográficas, hasta llegar a modos de vida e incluso al consumo barato. Los jóvenes occidentales que en cambio se sienten atraídos por la cultura rusa pueden ser contados con los dedos de la mano. 

No: Rusia no puede ejercer hegemonía económica, ni militar, ni cultural, ni ideológica hacia Occidente. Pero eso, sin embargo, no le impide crear zonas políticas de influencia, sobre todo en Europa del Este y del Sur. Además, y ahí vamos, puede establecer con diversos gobiernos relaciones de parentesco. De ese parentesco deriva el punto al cual me estoy refiriendo: su rol paternal. Putin puede ser considerado, efectivamente, como el padre político de diversas neo-dictaduras del siglo XXl, entre ellas las que pululan en el espacio latinoamericano.

Para ser más preciso, la forma primordial de relación política que mantiene Rusia con “sus” países periféricos (ex miembros de la URSS) es la dominación militar en su más brutal expresión (Bielorrusia, Chechenia entre otros). La que mantiene con la mayoría de los gobiernos del Este y del sur europeo (Hungría, República Checa, Eslovaquia o Turquía) busca expandir  zonas de influencia. En cambio, las que comienza a establecer con algunos países latinoamericanos (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia) están basadas en relaciones de parentesco, vale decir, en sincronías que se generan entre sistemas de dominación organizados de modo idéntico o similar. Los gobernantes de esos países, si los agrupamos en familias politológicas, serían efectivamente los verdaderos hijos de Putin. 
¿Pueden ser los regímenes políticos agrupados en familias como ocurre con los entes bio y zoológicos? De hecho lo son, pero bajo el denominador de “tipos”. Las tipologías socio y politológicas son equivalentes a las “familias” en las ciencias naturales. Y lo son en dos sentidos. Por una parte, la similitud y, por otra, el reconocimiento empático que se establece entre ellas. En el caso de los regímenes autocráticos de Latinoamérica, todos, sin excepción, pueden ser considerados hijos de Putin.

Autocráticos, dicho en el exacto sentido de la palabra. La identificación entre poder, pueblo, gobierno y estado es tan propia al sistema político ruso como lo es al cubano, boliviano, nicaragüense y, si las cosas se dan como se están dando, al hondureño. Por de pronto, al igual que el de Putin, el de sus nuevos hijos ha emergido la mayor de las veces desde estructuras democráticas (deficitarias, pero democráticas) Por lo mismo, conservan y se sirven de elementos propios a la formación política de donde provienen, entre ellos, la celebración de periódicas elecciones. No obstante, se trata solo de una mascarada. Las elecciones libres y secretas han sido pervertidas en los países mencionados hasta el punto de convertirse en rituales destinados a perpetuar el poder de los neo-dictadores. 
En ninguno de esos países la oposición puede oponerse. En casi todos el detentor del poder se reserva el derecho a vetar candidatos. En el caso del régimen de Putin, sus principales desafiantes, o son periódicamente encarcelados como sucede con el líder Alexi Navalni o aparecen muertos, incluso muy cerca del Kremlin, como ocurrió al político disidente Boris Mentsov (hecho que hizo recordar la muerte del cubano Oswaldo Payá) Maduro, siguiendo el ejemplo de su padre político, ha inhabilitado a sus principales contrincantes: el prisionero Leopoldo López y Enrique Capriles. Lo importante es que nadie en condiciones de desafiar al poder establecido pueda hacer política activa. 

Las elecciones han llegado a ser en los sistemas putinescos meros actos de consagración del poder infinito del autócrata. Los tribunales electorales, simples ministerios al servicio del ejecutivo. El poder judicial cumple la función de bloquear al poder parlamentario.Y no por último, el rasgo común a todos, los altos mandos del ejército son miembros de la nueva clase dominante establecida en el poder. 

El ex presidente de Bolivia, Carlos D. Mesa Gisbert, ha calificado los actos de Evo Morales en aras de su reelección perpetua como una vía hacia el totalitarismo (Los Tiempos, 03.12.2017) Pero quizás el término no es el más apropiado. No permite, entre otras cosas, percibir “lo nuevo” que traen consigo esos regímenes. Calificarlos como fascistas o estalinistas puede servir como invectiva, pero para dar cuenta de las características comunes a todos ellos, es insuficiente. Estamos, definitivamente, frente a un nuevo fenómeno. Ya llegará la hora de denominarlo con términos más adecuados. Por ahora, contentémonos con afirmar que todos sus representantes, de una manera u otra, son hijos de Putin. Y lo son en el más exacto sentido del término.

En medio del putinismo latinoamericano (de derecha o de izquierda, es lo que menos importa) ha aparecido, sin embargo, una voz disidente: El ecuatoriano Lenín Moreno. Enfrentado a la alternativa de ser un nuevo hijo de Putin, o el refundador de la democracia ecuatoriana, ha optado por convocar al soberano, al pueblo, en contra del putinismo re-eleccionista de Correa.
Moreno merece ser apoyado por todos los demócratas latinoamericanos. Su gesta muestra, una vez más, como esa luz aparecida una vez en Atenas puede reaparecer en cualquier momento y en los lugares menos imaginados. Lenín Moreno, en el exacto sentido acordado por Hannah Arendt al término, es un milagro político.Y, sobre todo, no es un hijo de Putin

sábado, 16 de diciembre de 2017

LUIS MANUEL AGUANA Por favor, ya basta de salvadores



Por Luis Manuel Aguana

De nuevo la gente buscando un salvador de la patria. ¿Cuál será esa enfermedad, manía, tendencia, o terquedad de nuestro pueblo de tratar de encontrar a “alguien” que “nos salve” y resuelva los problemas? En enero de 2016 luego de investir a Henry Ramos Allup como nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, Ramos se convirtió automáticamente en el jefe opositor y “salvador de la patria”. Todo tenía que ver con Ramos. Y de verdad asumió su papel de gallo de pelea al punto de utilizar su puesto para afianzar una candidatura presidencial.

Ahora la “responsabilidad” salvadora ha recaído sobre el empresario Lorenzo Mendoza. Es interesante abordar ese análisis porque utilizando ese “comodín”, el régimen -y su oposición miserable- ha encontrado una manera muy inteligente de convencer a la población de ir de nuevo al matadero electoral de Tiby –o quien haga sus veces si de verdad falleció- después de los acuerdos de Republica Dominicana.

Pero antes de examinar el caso particular de Mendoza, sería interesante abordar ese rasgo cultural tan intenso que nos hace seguir al siguiente “hombre a caballo”, como le decía tan acertadamente el poeta del pueblo Andrés Eloy Blanco.

El caudillismo en Hispanoamérica y en especial el de Venezuela ha sido estudiado exhaustivamente por nuestros historiadores (ver El caudillismo (historiografía venezolana) en http://venezuelaysuhistoria.blogspot.com/2007/12/el-caudillismo-historiografa-venezolana.html?m=1): “Una primera aproximación a la historiografía sobre el caudillismo lo realizó el sociólogo e historiador Virgilio Tosta con su libro El caudillismo según once autores (1954), en el que explica las definiciones y las causas del fenómeno según autores principalmente del siglo XIX y principios del XX, e incluso señala en el prefacio su propio idea al respecto. Para Tosta los conflictos internos y el caudillismo es sinónimo, y dichos conflictos son productos de ambiciones personales que forjan “montoneras” (ejércitos privados) que luchan entre sí, generando el “caudillismo anárquico” que luego se transformará en el “caudillismo despótico”.” (resaltado nuestro). Podríamos indicar que viendo lo que pasa en Venezuela esa afirmación de Tosta se adecua a esta realidad: conflicto interno implica caudillismo.

Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), principal soporte intelectual de la dictadura de Juan Vicente Gómez, elogió el carácter necesario del caudillo, indicando que “…la anarquía exige la subordinación a este tipo de jefaturas, que se basan más en las lealtades personales que en las leyes; y finalmente el jefe se convierte en el único capaz de lograr la unidad nacional…”. Todo un capítulo de su obra “Cesarismo Democrático” fue dedicado a lo que el llamó “El gendarme necesario”: “…es evidente que en casi todas estas naciones de Hispanoamérica, condenadas por causas complejas a una vida turbulenta, el Caudillo ha constituido la única fuerza de conservación social, realizándose aun el fenómeno que los hombres de ciencia señalan en las primeras etapas de integración de las sociedades: los jefes no se eligen sino se imponen.” (ver texto completo en “Cesarismo Democrático y otros textos” en https://tinyurl.com/yc9sz5q5). 

Esta discusión acerca de la necesidad o no de “un jefe” se ha decantado hasta nuestros días. Todo el mundo en Venezuela busca desesperadamente un jefe. Lo buscaron con Hugo Chávez en 1998 y lo siguen buscando en 2017 al agudizarse la crisis y con cualquiera que se ponga al frente de esta lucha que está dando el pueblo de Venezuela. Y no hay dudas que en Venezuela hay esa anarquía, que exige, como bien indicara Vallenilla Lanz en su obra, a alguien que ponga orden.

Sin embargo, a contravía de lo que posiblemente sea nuestro devenir histórico y del cual posiblemente seamos prisioneros, creo que no estamos condenados a ese destino de un caudillo civil o militar que haga de “salvador de la patria”. La teoría del “buen tirano” de Vallenilla Lanz fue extraordinariamente bien rebatida desde Colombia por Eduardo Santos, dueño del periódico El Tiempo de Bogotá, en un brillante artículo publicado en 28 de diciembre de 1920: 

“¿Es verdaderamente un tirano lo que estos países necesitan para prepararse a ocupar su puesto entre los grandes pueblos civilizados? Un examen imparcial de lo que somos y de lo que necesitamos probaría lo contrario. Estos pueblos de la América Latina, amenazados por la expansión de fuerzas colosales, no necesitan solo de oro, de inmigración, de comercio y agricultura, de caminos y de fábricas. Pueden conseguir todo eso por los caminos libres de la legalidad y es dudoso que el tirano se lo conceda en condiciones tolerantes, pero aun en el caso de que esa política materialista, impuesta por la mano de un dictador implacable, diera amplio desarrollo a las riquezas naturales del país, dejaría a sus hijos inermes ante peligros mucho peores que el de la miseria; no robustecería su espíritu, ni les formaría un alma colectiva; no vigorizaría ciertos factores morales indispensables para que un pueblo sea independiente y libre. Todo lo contrario: la opresión y el silencio, interrumpido solo por las voces aduladoras de los favoritos, deprimen el alma popular hasta convertirla en presa fácil; apagan toda luz de ideal, crean una atmosfera de servilismo y de cobardía moral dentro de la cual no podrá crecer nada sano, ni nada grande. “El hombre necesita para vivir de cierta cantidad de decoro, como de cierta cantidad de aire”, decía en una de sus frases lapidarias José Martí.”(resaltado nuestro) (ver texto completo en “Cesarismo Democrático y otros textos” en la dirección arriba indicada). ¡Extraordinaria respuesta que aún perdura en el tiempo!

Los partidos del estatus quo de todas las tendencias políticas en Venezuela han heredado esa manera de enfocar el problema de nuestro país: de acuerdo a su visión requerimos de liderazgos fuertes que nos saquen del problema cada vez que el país se pone ingobernable. Eduardo Santos lo resumió en una frase que demuestra el carácter cívico que ha diferenciado a los colombianos de nuestras debilidades militares: “Nuestro bastón presidencial no anda en las maletas de los soldados de fortuna... He ahí la síntesis de nuestra idiosincrasia, genuinamente democrática...”. ¡Qué verdad tan profunda encierran todavía esas palabras! Todavía nos falta aprender bastante de eso.

Después de esta breve explicación histórica acerca de cómo los venezolanos hemos manejado este problema, intentando encontrar a alguien que “nos salve”, no es difícil pensar que la solución que busquen los partidos ante el desprestigio monumental al que han llegado, es encontrar un “outsider” con credibilidad, y quien mejor que el empresario que más prestigio tiene en el país, aunado a la tendencia natural del venezolano de buscar a alguien que le resuelva los problemas, un nuevo “salvador de la patria”.

Y por supuesto, el régimen muerto de la risa por la imbecilidad de esta oposición mediocre. Sin haber modificado en un ápice el casino electoral –el CNE- y sin haber desmontado la Constituyente ilegal, Lorenzo Mendoza les daría la presencia en las urnas que requieren para sepultar lo que queda de país. ¿Quién diría que Maduro no le ganó en buena lid al “pelucón” Lorenzo Mendoza? Los millones que se presentarían a votar de nuevo, legitimarían el siguiente fraude rojo-rojito con las maquinitas de SmartMatic.

Es por eso que ya están montando el nuevo circo electoral-presidencial para principios o mediados del 2018, producto de los nuevos acuerdos del “dialogo” de República Dominicana. Lo único que podría impedir esa nueva trampa es que Mendoza se rehúse a participar en ella. Sin embargo, ya se están moviendo fuerzas internacionales para convencer a Mendoza de ser el próximo “outsider” exitoso en las Américas, que tiene a la cabeza a Donald Trump en los Estados Unidos, egresado de su misma universidad, la Universidad de Fordham en Nueva York, y a Mauricio Macri en Argentina.

Es posible que Lorenzo Mendoza crea –o le hagan creer- que la única manera de proteger de estos malandros al primer emporio industrial de alimentos del país es haciendo eso. Nada más alejado de la realidad, es todo lo contrario. Al momento del escamoteo de la elección, inmediatamente lo perderá –o perderemos- todo. Si el régimen no se apropiado todavía de Empresas Polar es porque no saben cómo se maneja eso, e inmediatamente lo llevarían a la quiebra, como ya lo hicieron con PDVSA y el resto a lo estas langostas le han puesto la mano. Y aquí estamos hablando de la mayor porcentaje de la comida de la gente que se todavía se produce en el país. Sin embargo están esperando que Mendoza cometa ese error.

Lorenzo Mendoza, al igual que el actual Rey de España, fue formado y especialmente diseñado desde niño para manejar el negocio familiar. La madre de Lorenzo, Leonor Giménez de Mendoza, se lo entrego después de su educación, e inmediatamente el heredero lo elevo a niveles no vistos anteriormente, al punto de producir el 4% del PIB del país (ver Lorenzo Mendoza en https://es.wikipedia.org/wiki/Lorenzo_Mendoza). Eso es lo que muy difícilmente entiende el común de la gente que pide a gritos a Lorenzo Presidente.

Nadie podría hacer el trabajo que Mendoza hace en Empresas Polar, pero cualquiera podría realizar en Venezuela el de Presidente de la República, hasta un chofer de autobús. Sin embargo los politiqueros de República Dominicana aspiran sobrevivir a costillas de reventar la principal industria de alimentos del país, conjuntamente con su dueño. De concretarse esa jugada de laboratorio, a diferencia de lo que la mayoría piense, el perdedor no será Lorenzo Mendoza, seremos todos los que vivimos aquí, porque al final de esa locura del próximo “salvador la patria” habrá mucho menos comida en la mesa del venezolano. Por favor, ya basta de salvadores…

Caracas, 16 de Diciembre de 2017 

Twitter:@laguana