martes, 23 de mayo de 2017

Fernando Mires - INSURRECCIÓN


mayo 21, 2017
Venezuela vive uno de los momentos más dramáticos de su historia. Ya nadie lo puede negar: ha estallado la insurrección nacional en contra de la dictadura militar de Nicolás Maduro.
La fase insurreccional, vista en retrospectiva, estuvo precedida por dos fases previas. La primera fue la de un movimiento político y social cristalizado en torno al Revocatorio. La segunda la de la lucha por elecciones regionales y/o generales. La tercera -la que hoy tiene lugar- corresponde al levantamiento constitucional y constitucionalista surgido en contra del proyecto de la dictadura por sustituir la Constitución de 1999 (refrendada el 2007) por una constitución corporativa–fascista. Entre las tres fases mencionadas hay una asombrosa relación de continuidad. En gran medida, la una llevó a la otra.
La fase del revocatorio, procedimiento inscrito en la Constitución, fue asumida por la oposición a iniciativas de Henrique Capriles, como única alternativa frente al desconocimiento de la AN por medio del TSJ puesto al servicio de Maduro/ Cabello.
En torno al RR16 comenzó a articularse una inmensa voluntad ciudadana. El robo del RR, a su vez, desató intensas jornadas de protesta en todo el país. Dichas protestas fueron frenadas por el diálogo – más bien dicho, por la zancadilla- propuesto por el Vaticano y los intermediarios amigados por Maduro, hecho que llevó a una desmovilización transitoria de la oposición.
La ciudadanía democrática, sin embargo, al no divisar otra alternativa, comenzó a agruparse a lo largo de la vía electoral. Y nuevamente lo hizo alrededor de sus partidos. Los firmazos para la revalidación impuesta por el CNE adquirieron, al igual que las jornadas por el revocatorio, un carácter masivo. En cierto modo fueron su continuación. Así comenzaría –en contra del CNE y de esa empleada particular de Maduro llamada Tibisay Lucena- la segunda fase del proceso que llevaría a la insurrección surgida en los meses de abril y mayo.
Cierto es que uno u otro extremista de la oposición, incapaz de entender que para contar hasta tres hay que pasar por el dos, asumió –haciendo el juego a Maduro – una actitud contraria a las elecciones. No obstante, de modo inteligente, la mayoría comprendió que en las elecciones residía el talón de Aquiles del régimen. Si llamaba a elecciones –regionales o generales- Maduro estaba condenado a perder. Si no lo hacía, estaba condenado a declararse ante el mundo como lo que es: representante civil de una dictadura militar. Maduro, como cabía esperar, optó por la segunda alternativa. Fue su peor opción. Para decirlo con la letra de la canción de Violeta Parra: “se puso la soga al cuello”
Durante las jornadas por las elecciones tomaron forma las principales demandas del pueblo opositor: libertad para todos los presos políticos, reconocimiento de la soberanía de la AN y apertura de un canal humanitario. El régimen, en cambio, intentando mostrar fuerza, procedió a inhabilitar a Henrique Capriles y a destituir a gobernadores elegidos por el pueblo, sumando aún más reacciones en su contra. Gracias a la vía electoral, nunca abandonada por la oposición democrática, comenzaría a tomar forma la vía insurreccional.
El clamor por elecciones, al ser tan legal y tan legítimo, impulsó una solidaridad internacional que, partiendo desde la OEA y de los principales gobiernos de América Latina, ha alcanzado dimensiones mundiales. Por primera vez los noticieros europeos han dejado de presentar los acontecimientos de Venezuela como una lucha entre la izquierda y la derecha. Desde abril y mayo todos se refieren a la lucha democrática de un pueblo unido en contra de una dictadura militar.
Maduro cuenta solo con el pálido apoyo de organizaciones post-estalinistas como Izquierda Unida, del socialismo pubertario de Iglesias, del socialismo menopaúsico de Ménchelon y en América Latina, del minoritario Evo de Bolivia, del matrimonio Ortega de Nicaragua y de la dictadura militar cubana. Hasta el saliente Correa le dio las espaldas a Maduro, pidiendo elecciones.
Sabiéndose políticamente derrotada, la dictadura decidió patear la mesa. Al hacerlo no solo cerró el camino a las elecciones sino, además, desconociendo a la Constitución de 1999, inventó un mamarracho mussoliniano llamado Asamblea Constituyente Comunal (y militar), destinado a imponerse desde el poder, sin participación ciudadana y sin más legitimación que la que viene de los militares adictos al régimen
El proyecto de la constitución fascista tiene, es cierto, sus orígenes en las fantasías de Chávez y sus proyectos de poder comunal. Pero al parecer, el mismo Chávez, convencido de su inoperancia no se atrevió, pese a la popularidad que gozaba, a dar curso a la Constituyente. ¿Para qué si tenía a las leyes habilitantes que la AN le concedía para gobernar mediante decretos?
Si alguna vez Chávez creyó en el poder comunal, lo concibió como un momento de refundación de la república sobre las bases de una mayoría absoluta obtenida en lídes electorales. Es decir, como la coronación de su éxito y no como un corolario de sus derrotas, como ocurrió con Maduro. De este modo, la oposición, que antes del obsceno anuncio de la Constituyente tenía un carácter electoral, fue transformada por el mismo Maduro en una fuerza insurreccional que hoy exige, definitivamente, su salida.
Desde el 19 de abril ha estallado en Venezuela una insurrección constitucional. Una que, habiendo nacido en la oposición y sus partidos, va mucho más allá, penetrando en barrios, pueblos y ciudades, hasta ayer campos del chavismo. Una insurrección de jóvenes y viejos, de mujeres y de hombres, de días y de noches, de gente de las más diversas ideologías y creencias, de una mayoría enfrentando sin miedo a guardias pretorianas organizadas por el general de esa junta que ha decidido unir su biografía con el destino del régimen: Vladimir Padrino López, co-dictador de Venezuela.
Maduro y su reducido grupo ha perdido definitivamente la lucha política. Su momentáneo poder reside solo en balas disparadas sobre un pueblo inerme. Maduro, Cabello, Padrino-López, los Rodríguez, Escarrá, Isturiz, Jaua, El Aisami, seguirán siendo entes biológicos. Pero desde el punto de vista político ya son cadáveres.
Quizás hubo un tiempo en el cual algunos miembros de gobierno mantuvieron dignos ideales sociales. Pero pronto fueron envueltos en los negocios más turbios (maletines, tráfico de drogas, terroristas colombianos, siniestro ayatolaje, genocidas sirios, pistoleros cubanos, entre otros). Desde el poder hoy matan y siguen matando. Están manchados de sangre. El rojo de las franelas de Chávez ha llegado a ser el símbolo de la sangre derramada por la dictadura de Maduro. Es el color de la clase estatal que hoy domina a Venezuela. En esa clase no hay un solo interlocutor confiable. Ahí reside justamente el problema que deberá enfrentar la insurrección democrática venezolana en un muy próximo futuro.
Toda insurrección necesita, alguna vez, de una salida. Toda salida, a su vez, debe ser negociada por las fuerzas en contienda. Y bien, esa es la alternativa que no se divisa en Venezuela. Cambiando una que otra palabra del conocido dictum de Gramsci, podemos decir que los gobernantes ya no pueden (ni saben) gobernar. Pero los llamados a gobernar, todavía no pueden hacerlo.
La insurrección venezolana atraviesa un peligroso interregno extendido entre un orden que termina y otro que no llega. Dicha discordancia tiene su origen en una muy particular asimetría. La oposición ha derrotado políticamente al régimen, pero ese régimen se sustenta en la violencia militar. En todos los demás terrenos, Maduro y sus  secuaces ya no cuentan. Las calles, la cultura, las ideas, las religiones, los liderazgos, las universidades, las instituciones, los sectores populares, todo eso es parte de la oposición. ¿Cómo derrotar a un enemigo cuyo único recurso reside en el crimen organizado desde un estado militar? Esa es la pregunta clave.
Negociar es la única salida, dicen con razón algunos observadores. No obstante, el verbo negociar supone de un predicado y de un sujeto. El predicado responde a la pregunta: ¿qué es lo que se va a negociar? El sujeto, a otra pregunta: ¿con quién se va a negociar?
¿Qué es lo que se va a negociar? O dicho lo mismo en negativo: ¿qué es lo que no se puede negociar? La respuesta es una sola. Lo que no se puede negociar es la Constitución. Pues la Constitución no es solo un montón de leyes. Es la puesta en forma de la nación. La Constitución es la nación jurídicamente constituida. Es por eso que el origen, sentido y objetivo de la insurrección es la defensa de la Constitución.
Visto el problema a la inversa: ¿Qué es lo que la dictadura no está dispuesta a negociar? La respuesta es obvia: el retorno de la validez de la Constitución. Constitución que llevaría directamente a una descomunal derrota electoral del régimen. Diosdado Cabello, con su brutalidad acostumbrada, lo dijo muy claro: “La Constituyente (fascista) no se puede negociar”. Efectivamente: entre dos constituciones, la democrática liberal aprobada por mayoría nacional en 1999 y la constituyente dictatorial-fascista hecha a espaldas de la ciudadanía, no hay ningún término medio. Por lo mismo, no puede haber ninguna negociación. El problema se agrava si tomamos en cuenta el tema del sujeto de la negociación. Pues ese sujeto no es un simple mal gobierno. Estamos hablando, en este caso, de todo un sistema de dominación social, político y económico.
La dictadura en Venezuela, a diferencia de otras habidas en el continente, no es personalista. Maduro no es más que el representante civil de una mafia formada al interior del aparato del estado. En las palabras del profesor Humberto García Larralde, la dictadura está formada por una secta. Efectivamente, parece ser así. 
El grupo que controla el poder en Venezuela cultiva formas y ritos propios a las sectas más fanáticas. Por de pronto, la adoración a un padre totémico, en este caso, Chávez. Como en todas las sectas, sus seguidores no siguen el dictado de una ideología o de un programa racional. Cuando hablan de revolución, se refieren a ellos mismos. Ellos son la revolución. Y en nombre de esa revolución, vale decir de ellos, han llegado a creer que todo les está permitido. Cuando saquean las arcas del estado, por ejemplo, lo hacen con buena conciencia pues imaginan ser las representaciones personales de una revolución situada “más allá” de la ley. Es por eso que cuando tuvieron que elegir entre la Constitución de todos y la revolución de ellos, se decidieron en contra de la Constitución. La fidelidad a la Constitución es para ellos igual a traicionar a la revolución. De más está decir que negociar políticamente con esa secta, parece ser, por el momento, una empresa imposible. Esa es la razón por la cual la insurrección en marcha deberá buscar otros interlocutores. ¿A quiénes? Por el momento hay dos:
Uno es la propia sociedad civil, vale decir, el conjunto de instituciones sociales, culturales, religiosas y políticas a las cuales pertenecen muchos ciudadanos chavistas leales a la constitución de Chávez. Eso significa que la insurrección debe continuar el camino que ella misma se ha trazado: pacífico, democrático, electoral (nunca hay que dejarlo de lado) y, por sobre todo, constitucional. Ese camino debe conducir al máximo aislamiento posible de la dictadura. Sobre ese punto hay, dentro de la oposición, absoluta unanimidad.
La segunda interlocución es más complicada: supone apelar, no al poder del estado sino al poder fáctico que lo sostiene: las FANB.
Naturalmente, las FANB pueden dividirse. De acuerdo a declaraciones de algunos dirigentes de la oposición, existe la esperanza de que, mediante una insurgencia mantenida, la unidad de las fuerzas militares llegará a resquebrajarse. Pero por el momento esa es solo una hipótesis. Y actuar sobre la base de hipótesis no es, al menos en política, recomendable. Tampoco es aceptable actuar de acuerdo a “posibles escenarios”, como sugieren algunos analistas muy imaginativos. De lo que se trata mas bien es de proceder de acuerdo a objetivos precisos y concretos. En otras palabras, la oposición venezolana se encuentra en la necesidad de levantar una política frente y hacia las fuerzas armadas. Una política que vaya más allá de simples llamados patrióticos. Una política, en fin, que parta de la situación real y no imaginaria que viven las FANB bajo el régimen de Maduro.
Aparte de oficiales y soldados fanáticos miembros de “la secta”, es difícil pensar que todos los militares están felices con el rol que les ha asignado la dictadura. A muy pocos les gusta, seguramente, reprimir a gente desarmada, y mucho menos ser insultados en las calles. En parte reprimen porque reciben ordenes. Pero también lo hacen debido a la creencia de que están defendiendo la continuidad de su profesión.
Los militares, como los miembros de todas las profesiones, anhelan ejercer su trabajo en condiciones de seguridad, ascender en las jerarquías y gozar de prestigio social. Esa es la razón por la cual, cuando enfrentan a un enemigo, pocos de ellos defienden nociones abstractas o ideologías que no conocen. Les interesa, sobre todo, asegurar la estabilidad de su profesión. Temen, y a veces con razón, que con un cambio de régimen perderán sus privilegios. En cierto modo, cuando disparan, muchos imaginan luchar por ellos y su futuro. Tarea de la oposición, deberá ser, en consecuencia, presentar un proyecto que asegure a los militares la inamovilidad de sus cargos y el respeto a los beneficios sociales que actualmente gozan. Esa es, claro está, “otra” negociación. Pero puede ser más fructífera que dialogar con una secta sin lógica, sin argumentos y sin razones.
No se trata por cierto de pedir a los militares un pronunciamiento en contra de la dictadura, ni mucho menos aguardar el aparecimiento de algún general mágico. Se trata simplemente de garantizar la inclusión de las FANB en un nuevo orden democrático. Quien se lo dijo a los militares de modo muy preciso fue el propio presidente de la AN, Julio Borges: “Nadie les pide a ustedes que se pasen al campo de la oposición. Solo se les pide que se pasen al campo de la Constitución”.
Sí: de esa Constitución a la cual los militares juraron respetar y en cuya defensa ya han sido asesinados muchos ciudadanos venezolanos.

lunes, 22 de mayo de 2017

Responsabilidad política Por Luis Manuel Aguana




En algún momento de la historia futura de nuestro país, los venezolanos del futuro se tendrán que detener a examinar este período de turbulencia política y asignarles a todos los actores y protagonistas políticos su cuota parte de responsabilidad en lo que está sucediendo y sucederá en Venezuela en tiempos muy cercanos.

“La responsabilidad política es la imputabilidad de una valoración por el uso que un órgano o individuo hace del poder. Así, por ejemplo, afirmar que el Presidente X fue políticamente responsable en el caso Y, significa que se atribuye al Presidente X un grado de culpa y/o se le atribuye una sanción por la manera de usar su autoridad en el caso Y.”. Y más adelante añade: “Sin embargo, la responsabilidad política es también evaluada por los ciudadanos cuando, asumiendo el papel de electores en un sistema democrático, valoran el uso que los gobernantes han hecho del poder, aplicando cualquier tipo de criterio para evaluar su desempeño y no una norma jurídica. Por lo tanto, la responsabilidad política no se subsume bajo la responsabilidad jurídica, como la legitimidad política no se subsume bajo la legalidad jurídica”. Así define Wikipedia (ver https://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_pol%C3%ADtica) el término “Responsabilidad política” a los fines de la revisión del comportamiento de los funcionarios y sus actuaciones frente a situaciones de poder.

No me queda ninguna duda que será nefasto el juicio que la historia hará de las actuaciones del régimen y su responsabilidad, no solo política sino moral y penal, frente a la muerte de venezolanos que luchaban en las calles por una situación abiertamente dañina en contra de la población. Pero también la historia juzgará las actuaciones de quienes del lado opositor pudieron hacer algo y no lo hicieron, o tomaron las decisiones incorrectas, por negligencia, interés, o pura y simple ignorancia. Y ese es el caso que aquí nos ocupa.

Algunos lectores fanatizados tal vez disientan de estas líneas creyendo que las escribo con la intención oculta de “enfriar” o dividir la lucha que se materializa en las calles de Venezuela por una oposición oficial considerada por algunos como “heroica”. Nada más lejano a la realidad. Creo que todo el mundo ha llegado a un nivel de obstinación tal que ha rebasado cualquier expectativa que esa oposición pudiera haber tenido. Incluso creo que están “surfeando” a su favor esa ola de descontento popular. Pero de allí a creer que con solo el descontento de la gente en las calles se pueda llegar a conseguir que esto evolucione a favor de resolver el problema, nada que ver.

La oposición oficial ha establecido como ruta, mantener la lucha en las calles hasta conseguir que el gobierno ceda en “elecciones generales, canal humanitario, libertad de los presos políticos y respeto a las decisiones de la Asamblea Nacional”, sin discusión ni desvío alguno. Mientras tanto el régimen ha seguido en su ruta de convocar una Constituyente que establezca el comunismo en Venezuela, ¿qué tal? Dos propuestas completamente enfrentadas.

La oposición venezolana no ha establecido, hasta donde nuestro conocimiento llega, ninguna estrategia más allá de la calle, para parar el establecimiento de una Constitución comunista en Venezuela. ¿Deberemos los venezolanos incendiar el país por los 4 costados para impedir esto? Eso es al parecer lo que nuestra oposición oficial nos está diciendo, en una dirección que cada vez más se acerca a un estado de violencia generalizado frente a un régimen sin intenciones de ceder a las pretensiones opositoras.

Ante tal enfrentamiento, todos los venezolanos nos encontramos como en las gradas del Coliseo romano apostando por que los cristianos venzan a los leones. ¡El gobierno se caerá mañana!, decimos al participar en una nueva marcha opositora. Pero el régimen lejos de caer, profundiza la violencia y la represión. Muertos, heridos y detenidos es el lamentable saldo diario de cada movilización. ¿Hasta dónde se puede llegar?

Nadie dice que salgamos de las calles, todo lo contrario. Mientras los soldados norteamericanos se echaban plomo con los comunistas en Vietnam, Kissinger se reunía con ellos en Paris para discutir las opciones. Y estamos hablando de los mismos comunistas de aquí. Por un lado se hace la guerra y por el otro se hace la política. Y esto mis queridos amigos, es una guerra civil de baja intensidad. ¿Qué se está haciendo ahora del lado de la política? Y aquí no estoy hablando de dialogo…todavía. El dialogo vendrá luego pero para discutir los términos de la rendición.

Del lado de la política nuestros estimados Diputados de la Asamblea Nacional tomaron una decisión el 9 de enero de desalojar de Miraflores por abandono del cargo al Presidente de la República. ¿En qué paró eso? ¿Oficiaron lo que debían oficiar –aunque no les pararan pelotas- para que se siguieran los pasos constitucionales para una nueva elección Presidencial basados en el Artículo 233 de la Constitución? ¿Oficiaron al Vicepresidente a que asumiera funciones basados en esa decisión, para que convocara a elecciones en 30 días? ¡En eso es que debían sustentar su petitorio de elecciones presidenciales anticipadas en la calle! La Asamblea Nacional inició esa ruta, ¿por qué no la continuó? Eso mis amigos, se llama Responsabilidad política…
                                                                                  
Más recientemente y de cara a ese “proceso Constituyente” que convocó inconstitucionalmente Maduro el 1ro. de Mayo, sin pasar por la obligatoria consulta a la población, ¿qué hicieron con eso los ciudadanos Diputados opositores en el Asamblea Nacional para parar esa pretensión ilegal? Nombraron un Frente “para la defensa de la Constitución” (ver Asamblea Nacional aprobó creación de frente para la defensa de la constitución, en http://www.2001.com.ve/en-la-agenda/159562/asamblea-nacional-aprobo-creacion-de-frente-para-la-defensa-de-la-constitucion.html). ¡Por Dios! ¡Mayor contradicción con las luchas de la población que está tumbando las estatuas de Chávez en las calles y plazas de Venezuela, imposible! Ante la pretensión del régimen de cambiar la constitución, la oposición se convierte en chavista defendiendo el mayor legado del Galáctico, ¿qué tal?

En lugar de defender algo que es indefendible (ver mi anterior nota La lucha por una Constituyente Originaria debe continuar, en http://ticsddhh.blogspot.com/2017/05/la-lucha-por-una-constituyente.html) la Asamblea Nacional debe proceder a exigir un Referendo Consultivo por “materia de especial trascendencia nacional”, utilizando la mayoría simple de sus integrantes, tal y como lo establece el Artículo 71 de nuestra Constitución, y salir a exigir en las calles el respeto de esa decisión soberana del pueblo representado la Asamblea Nacional. Eso es lo político. Y si no lo hacen incurren, de nuevo, en Responsabilidad política, en este caso por omisión o ignorancia.

La lucha en las calles es necesaria pero debe conllevar a una solución final y política de la crisis, minimizando los daños en el proceso. Y esto requiere seguir una ruta política por parte de aquellos a quienes les dimos con votos esa responsabilidad. ¿Estará nuestro liderazgo político actual a la altura de la Responsabilidad política que la historia les exigirá? Espero en bien de nuestros descendientes que así sea…

Caracas, 22 de Mayo de 2017

Twitter:@laguana

LUIS BELTRÁN GUERRA El país ilegal

El país ilegal

 LUIS BELTRÁN GUERRA G.
Fortunato Zabaleta comienza su clase manifestando que analizará “las constituciones mentirosas”, cuyo puesto N° 1 ocupa la de Venezuela. No hay duda que los cambios para mal alteran el equilibrio individual, vía para anarquizar el colectivo. Los pueblos terminan en la guerra. Es el país ilegal. Explica que la ilegalidad para el común consiste en no cumplir la Ley, pero sin preguntarse las razones vinculadas a las reacciones emocionales para la persona de la que derivan y el escenario que la rodea. Es determinante en la conducción de los pueblos. En especial, cuando la gente al analizar las providencias de quienes gobiernan, duda de su armonía psicológica. Esa sería una microconsecuencia, pero la macro es la de “la Constitución mentirosa”. Así lo expone Marcelino Cazorla para satisfacción del académico.
La historia refleja la concepción de que el grupo social había de regirse por las pautas de la propia naturaleza y del derecho natural, fuente del liberalismo absoluto y de desigualdades. Es ante este escenario que los grandes pensadores concibieron “el pacto social”, cuyas previsiones suelen escribirse, aunque en algunos países sin escriturarse proyectan mayor eficiencia, razón para calificarlas como “las constituciones verdaderas”, en contraste con “las embusteras”. He aquí, acota Fortunato, la necesidad de que tengamos en cuenta lo importante del equilibrio emocional en la compostura social, de la cual depende la observancia de la Ley y la materialización del progreso, motivo por el cual, acertado el pueblo que elija con sensatez a los gobernantes que han de ejecutar “el pacto social”. La equivocada escogencia es camino seguro al desconocimiento de la soberanía, fuente del acuerdo societario y de la libertad. Suleima Guevara interrumpe a Zabaleta, diciendo “al desbarajuste social”. De acuerdo, agrega Diego Rosales. La alegría del docente es inocultable.
“El contrato social” se atribuye a la ocurrencia de Jean-Jacques Rousseau, resultado, en principio, para los más atrevidos de la atribulada personalidad del filósofo, para quienes prueba de ello es la propia descripción que hace en “Las Confesiones” al expresar que “sus gustos y pensamientos fluctúan entre lo noble y lo vil”. Advierto que no quiero ser pedante, pero por cuanto entiendo lo que leo, no abrigo dudas de que George H. Sabine (Historia de la Teoría Política) sostiene que “todo lo que de filosofía y política escribió Jean-Jacques deriva indirectamente de esa personalidad compleja, desgraciada y dividida, en la que jugaron un papel importante morbosidades variadas”. En mi criterio, podríamos dejar sentado que constituye un capítulo histórico excepcional que de esa mente alterada de Rousseau haya surgido “El Contrato Social”, fórmula que ha servido a la humanidad para conformarse a través de sociedades políticas y a armonizar al mundo. La democracia nace de ella sustentada en la legitimación al pueblo para gobernarse y conforme a las leyes que apruebe por los órganos que la propia sociedad establezca. Los alumnos de pie aplauden a Fortunato con tanta efervescencia que Mariangélica Tabares, también académica y quien dicta clase en aula cercana entra a la de Zabaleta fungiendo ser alumna. En el fondo ha pretendido a Fortunato, pero sin éxito.
No obstante, afirma que el punto de quiebre de la actitud cognoscitiva es entender las razones por las cuales en el país el Contrato Social más que convivencia, ha generado que lo construido se haya desecho y lo edificado catastrófico. Claudia Ruiz, quien estudió con el profesor Sabine, expresa que todo está condicionado a: 1. El nivel de perturbación mental de los ejecutores del pacto social, 2. Que ninguno ha de ser como Rousseau, a quien las alteraciones de la psiquis lo indujeron a un acuerdo societario para que los súbditos, convertidos en ciudadanos, actuaran racionalmente, 3. Las sociedades que han aprovechado la fórmula son las más avanzadas, 4. Aprueban una “Constitución verdadera” y no una “embustera”, o sea, un Contrato Social que cumplen y 5. El pueblo es el sujeto de la soberanía y de ella deriva la Carta Magna, los gobernantes, legisladores y jueces. En esencia, la democracia.
Elías Rodríguez, inscrito en el curso para deshacerse por recomendaciones psiquiátricas del mentado Socialismo del Siglo XXI, se retira para pedir cita con el profesional del cerebro, pues el tratamiento no ha sido efectivo. No entiende como Rousseau de mente perturbada contribuyó a componer el mundo y nosotros a destruirlo. Tampoco al galeno que lo obliga a analizar el equilibrio emocional de los que ejecutan la Constitución y de los sujetos pasivos de sus preceptos. Deambula preguntándose habremos gobernado como bestias. El temor lo induce a indagar acerca de las protestas. Su temblor del párpado izquierdo es más visible ante un pueblo en la calle en lucha para el rescate de la civilidad y a la que pareciera faltarle únicamente el auxilio de sus soldados para dejar de ser “el país ilegal” de hoy.
El profesor da por finalizada la clase.
@LuisBGuerra  



LAS VOCES QUE SE ALZARON Egildo Luján Nava

LAS VOCES QUE SE ALZARON
" Es necesario convocar lo mejor del ser humano para superar nuestras tribulaciones "
  Monseñor Pietro Parolín.

Formato del Futuro…
Es una proeza recorrer a Venezuela. Si tratas de hacerlo usando vehículos,  tienes que programarlo para que sea de día. Y apoyándote en la experiencia, prudencia e intuición como avezado conductor para saber sortear los mil y un huecos con los que vas a tener que bregar mientras te movilizas; para no ser víctima de alguna falla de carretera, de alguna interrupción vial promovida por salteadores de camino o la ya habitual requisa de alcabala. Y, por supuesto, encomiéndate a Dios que no se te agote la disponibilidad de gasolina, te afecte una pinchada de caucho o algún accidente menor. Porque todo eso implica la posibilidad de que allí culmine tu viaje, en vista de que soluciones para ese tipo de contratiempo, sencillamente, no son posibles. 0 ¡no las hay¡.

Pero ¿y si lo intentas por vía aérea?. Como aventura -al igual que la anterior- no es nada mal. Aunque te puedes encontrar con varias sorpresas: que la ruta ya no existe; que puede existir, pero el cupo fue agotado hace varios días o fue mercadeada por algún revendedor. 0, posiblemente, que existe la ruta, hay cupo, pero no sabes cuándo puedes viajar porque la línea no dispone de tantas unidades aéreas como para garantizar día y hora confiables. Para la salida y el regreso, desde luego.

Pero, en la mayoría de los casos,  uno se encomienda a Dios, y va y viene sin novedad. Y con tanta tranquilidad que dicha condición se convierte en la aliada oportuna y útil, cuando se trata de describir lo que se vivió durante el periplo.
Porque si hay algo seguro y hasta común en esos viajes al interior de la República, es que permite apreciar el enorme deterioro que ha sufrido el país en todos los aspectos y áreas. Tanto que ha convertido a cada venezolano de hoy, en un experto surfeador sobre las olas de un mar de calamidades. De hecho, comer medianamente bien es un lujo que recuerdan residentes y visitantes con inevitable nostalgia. Y todo porque la escasez de alimentos es dramática. Tan dramática como indignante  que la consecuencia es ver a niños de todas las edades hurgando en la basura, para poder comer algo; nunca nutrirse.  Es que comer algo terminó convirtiéndose en lo cotidiano; de la misma manera que enfermarse y no poder adquirir las medicinas que prescriben los médicos que prestan sus servicios en  hospitales públicos o en clínicas privadas. De ahí que para muchos, enfermarse es pensar en que la muerte es ya la compañera para siempre.

Pero, a pesar de todo y de todo eso, también el venezolano de la provincia es increíble. Porque siempre tienen un chiste a flor de labios; se regodea fácilmente en su sentido del humor -en eso que no es habitual entre quienes viven entre y con la violencia- hasta por el hecho de haber perdido mucho peso en vez de lamentarlo y convertirlo luego en su deducción de ¡estar en la línea¡. Pero, además, en lo suficientemente apropiado como para ofrecer y recibir un fuerte abrazo.

Bajo esas condiciones, no es difícil ni imposible preguntarle a los viejitos que vinieron de tierras lejanas y se hicieron venezolanos por voluntad propia -y que aman esta tierra más que muchos nativos- porqué escogieron venir para Venezuela. Y su respuesta conmueve y emociona: lo hicieron huyendo de países en los que se vivía en guerras, dictaduras, torturas y abusos, pero que hoy son países del primer mundo. Y se decidieron  por Venezuela por ser uno de los pocos países del mundo donde fueron bienvenidos y recibidos con los brazos abiertos; en donde la camaradería era lo normal y al hombre de color se le decía " negro " por cariño, a cambio de un abrazo fraternal de bienvenida. 

Esa era la Venezuela de entonces: un país que ofrecía todas las posibilidades para el residente y el visitante; en el que las escuelas públicas eran mejores que las privadas; en  donde no había bandos ni rencores sociales, Un país donde porcentualmente se tenía la mayor clase media de Latinoamérica, y en el que el ingreso percápita era considerado un espacio productivo que garantizaba posibilidades de vivir en un ambiente de bienestar seguro, como de riquezas naturales de todo tipo para desarrollar. De hecho, los venezolanos llegaron a ser los ciudadanos del mundo que podían viajar a más países sin depender de la obligación de gestionar visas. Eran visitantes bienvenidos en el mundo entero.  Inclusive, un  país en donde la mayoría de sus Jefes de Estado provenían de hogares humildes, porque Venezuela era, en conclusión, un lugar del mundo en  donde cualquier ciudadano de trabajo tenía la posibilidad de  ascender, llegar y permanecer.

Pero ¿y qué les pasó a los venezolanos?. Pocos se atreven a afirmar que entienden lo que les sucedió. Sobre todo con ese país maravilloso al que ingresaron millones de millones de dólares durante las dos últimas décadas, por lo que podía exhibir un ingreso percápita superior al histórico. Pero que, sin embargo, su condición actual verdadera es la de ser uno de los países más pobres de la Tierra, incapaz de retener a más de dos millones de sus jóvenes y adultos de mayor talento, quienes han migrado por desesperación buscando seguridad y porvenir, ayudando a desarrollar otros países. Muchos dicen que están fuera pero con el corazón en su Patria y seguros de regresar. Sin embargo, la mayoría formada que ya ha ido consolidando posibilidades de trabajo, sencillamente, cree que esa posibilidad es una quimera.

De igual manera, ¿cómo se puede entender que hoy el 90% de la población venezolana rechace la actual situación que se vive, y que hasta la Iglesia Católica se haya atrevido a  alzar su voz de alerta en función del respeto a los derechos ciudadanos y del cumplimiento de la Constitución?. Desde luego, son múltiples las respuestas que se esperan ante el hecho de que la gran mayoría de los países democráticos del mundo estén reclamando respeto a los derechos humanos, y condenen acciones represivas contra la ciudadanía, mientras los califican de crímenes de lesa humanidad y alertan que  no caducan. Es una simbiosis de reclamos dentro y fuera del país, mientras se le reclama al Gobierno de Venezuela su poca dedicación a impedir que el clima social interno se siga tornando más violento. Y eso se da, adicionalmente, mientras se trata de silenciar y de anular a la Fiscalía General de la República de la misma manera que se ha hecho con la Asamblea Nacional, y de silenciar a la ciudadanía que intensifica su “ruido en las calles del país”.  

¿Qué se está esperando para que ese cuadro de injustificadas -aunque sí comprensibles- situaciones se sigan agudizando?. 

Todo llega a un final. El crimen no paga ni el mal triunfa. Los responsables de que esto no termine y que esta pesadilla tampoco sea abortada, están plenamente identificados. El camino actual no ha funcionado aquí ni en ninguna parte del mundo. El comunismo solo trae represión, atraso, hambre y miseria. Y en Venezuela, el ciudadano ya despertó y no come cuento. Llegó la hora de capitular. De entregar, tal y como terminan todas las guerras. Alguien gana y alguien pierde. Y el que pierde, tiene que pactar y tratar de que sea con el menor dolor posible. Hizo daño. Mucho daño. Y existe un costo implícito que debe ser honrado con la misma decisión que concibió, propició y acometió los daños que hoy vive la nación.  

Los venezolanos saben reconciliarse. Hasta sellar las diferencias con un abrazo. Y en atención a dicho propósito, hay que trabajar. Para que las consecuencias registren la menor cantidad posible de traumas sociales. Reconstruir lo destruido y reinstitucionalizar lo desvirtuado no será fácil. Pero sí es posible de transformar a partir de un aprovechamiento certero de los recursos naturales y humanos disponibles. También de la promoción, construcción de las condiciones adecuadas y apropiadas para que muchos de los venezolanos que se fueron, puedan regresar con una visión positiva de su país; de su Patria.

Entre los venezolanos que están dentro y los que están fuera y volverán más y mejor preparados, se puede hacer el milagro de convertir las voces que se han alzado reclamando cambio, en el llamado al entendimiento, el acercamiento y el renacimiento de la hermandad. Es cuestión de no hacerle el juego a la violencia, a los violentos y a la pasión desenfrenada por la discordia como fin político.    
                                                                                                                                                                                               Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)


sábado, 20 de mayo de 2017

La lucha por una Constituyente Originaria debe continuar Por Luis Manuel Aguana



Tantas cosas que decir y tan poco tiempo y espacio para decirlas. De nuevo, “Politics makes strange bedfellows” (La política hace extraños compañeros de cama) como me decía Eric Ekvall. Si tenemos que estar de acuerdo con la Fiscal para detener el cambio inconstitucional que pretende Maduro, ¡ni modo! (ver Fiscal General de Venezuela rechaza participar en la Constituyente propuesta por Maduro, en  http://ntn24america.com/noticia/fiscal-general-rechaza-participar-en-la-constituyente-propuesta-por-maduro-142062). De la misma manera, si tenemos que estar de acuerdo con medio chavismo originario antimadurista para ponerle un alto a esa pretensión inmediata de Maduro y sus jefes en La Habana de cubanizar por siempre a Venezuela, deberemos hacerlo, incluso retardando (¿por ahora?) nuestra propuesta de un verdadero cambio constitucional que nos lleve a nuestro planteamiento de fondo, que no es otra cosa que la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, de acuerdo al presente texto constitucional.

Sin embargo es cuesta arriba hacerlo cuando es la misma oposición oficial, quienes no encontrando mejor argumento para evitar que se cambie la Constitución, repiten cual loros amaestrados lo mismo que decía Chávez, que esta es “la mejor constitución del mundo”. Ahora, asombrosamente, la Conferencia Episcopal Venezolana, en rueda de prensa luego de su encuentro con los representantes del gobierno, en su primer punto indicaron: “La Conferencia Episcopal ratificó su rechazo a la convocatoria de constituyente, por considerarla innecesaria e inconveniente. La consideran innecesaria porque la Constitución es “una de las más completas del mundo y además no resuelve los problemas de escasez, inseguridad, paz y elecciones que padece la población…” (ver Lo que dijeron los obispos católicos tras el encuentro con Jaua, en http://contrapunto.com/mobile/noticia/en-claves-lo-que-dijeron-los-obispos-catolicos-tras-el-encuentro-con-jaua-137305/) (resaltado nuestro).

Señores de la oposición oficial y excelentísimos Obispos de la Iglesia Católica: La Constitución de 1999 no es ni de lejos “la mejor constitución del mundo”, ni mucho menos “una de las más completas del mundo”, como ustedes afirman distorsionando la verdad. De hecho es la responsable de gran parte de lo que sucede en Venezuela. Para muestra, no uno sino varios botones: si la Constitución hubiera mantenido el control legislativo sobre los ascensos militares, le hubiera sido imposible a Hugo Chávez disponer de las Fuerzas Armadas a su antojo, nombrando a Generales, Generales en Jefe y Almirantes a su completo arbitrio, sin nadie que le pusiera control, destruyendo desde arriba la institución armada. La Constitución le dio ese control a cualquier Presidente de la Republica desde 1999.

La Constitución de 1999 destruyo el proceso de descentralización que venía realizándose exitosamente desde 1989: “Desafortunadamente, el proceso constituyente de 1999 no fue concebido como un instrumento para la conciliación con vistas a la reconstrucción del sistema democrático, para asegurar su gobernabilidad efectiva. Ello hubiera requerido el compromiso político de todos los componentes de la sociedad y del liderazgo político, así como la participación de todos sus sectores en el diseño de una nueva forma de funcionamiento de la democracia, lo cual no ocurrió. El proceso constituyente, al contrario, sirvió para lo antes mencionado, es decir, para facilitar el total apoderamiento de todas las ramas del Poder Público por el nuevo grupo político que se formó en torno al nuevo Presidente, que aplastó no sólo a los otros grupos y partidos políticos, sino a la autonomía de los Estados de la federación. (ver Federación Centralizada en Venezuela: Una contradicción Constitucional – Allan R. Brewer-Carías http://tinyurl.com/h6wzxux).

Al regresar a formas primitivas del manejo del Estado, haciéndolo absolutamente centralizado, lo que se elije a partir de 1999 no es un Presidente, es un monarca que decide quien tiene y quien no tiene, relegándonos a todos a la categoría de pedigüeños de un Estado: “Debe hacerse mención, por último, al régimen constitucional relativo al financiamiento de la federación. En esta materia, y particularmente en materia impositiva, puede decirse que la Constitución nacional ha acentuado las tendencias centralizadoras, habiéndose eliminado materialmente toda competencia estadal en la misma. (Brewer-Carías, op. cit) 

De manera pues que mal podemos decir que los venezolanos debemos estar contentos con este adefesio constitucional de 1999. En la Constitución de 1999: “se crea un Estado Centralizado, se elimina la autonomía municipal, base histórica no solo de la República sino de nuestra experiencia democrática, se condicionan las competencias Municipales y Estadales a las leyes nacionales, se le entregan al Presidente de la República mediante lo que originalmente se llamó en los debates constituyentes, las leyes de base, copia del modelo constitucional cubano, pero para evitar el escándalo, dijeron que la figura se trataba de Leyes Habilitantes, pero habilitantes que en defecto de la tradición constitucional nuestra permite habilitar al Presidente para que pueda hacer todo lo que le de la gana en materia legislativa sin ningún tipo de limitación, y por si fuese poco, se incorpora un Capítulo de Seguridad Nacional en donde el concepto estratégico de la Nación lo define el propio Presidente de la República bajo una perspectiva en donde la Seguridad Nacional incluye todo, hasta la forma de caminar de los ciudadanos en Venezuela. Conclusión: ¿Para qué sirve la Constitución del 99? En perspectiva democrática para nada. Dentro de la perspectiva de lo que ha vivido el país en el curso de los últimos 15 años, ha servido para todo…” (Intervención del constitucionalista Dr. Asdrúbal Aguiar en un Foro Constitucional el 21 de Julio de 2014 en El Nacional https://soundcloud.com/laguana-1/intervencion-del-dr-asdrubal-aguiar-foro-el-nacional-21-07-2014)

Nos preguntamos entonces, ¿cuál es la razón para que los venezolanos se les este vendiendo este paquete chileno que es la Constitución de 1999 como “la mejor” y “más completa” del mundo? ¿Cómo se puede decir que esa Constitución no es la responsable de lo que pasa en Venezuela, sobre todo del ahorcamiento de la descentralización y el desastre económico socialista, habida cuenta que Chávez se monto en ella para todas las leyes Habilitantes económicas que le dio la gana para producir el Estado Comunal de facto que estamos viviendo? ¡Y quien nos lo esté vendiendo sea nuestra misma oposición oficial por criminalmente ignorantes y ahora, lamentablemente, los Obispos de la Iglesia Católica! No lo puedo entender. 

A esta Constitución hay que cambiarla si deseamos levantar cabeza en el futuro, y cuanto antes mejor. Tampoco es un problema de “acatamiento” de la que tenemos como siguen insistiendo algunos. El problema que tiene la Constitución de 1999 es estructural, como bien nos lo señalan quienes se consideran internacionalmente los mejores especialistas de la materia, y nos está haciendo daño. Si la estructura de su casa está dañada, o usted la arregla o se muda, no se queda a esperar que le caiga encima. Pero lo primero que hay que cambiar es la ignorancia de la dirigencia política en esta materia tan vital para nosotros, y en consecuencia el discurso y los mensajes erróneos que les están enviando a los venezolanos.

Gracias a Dios que quienes la escribieron se vieron en la obligación de justificar en ella lo mismo que usaron para destruir la anterior estructura Constitucional: El Pueblo de Venezuela es el titular del Poder Constituyente Originario (Artículo 347) por encima de cualquier Poder Constituido, pudiendo convocarlo en cualquier momento (Artículo 348), sin que nadie se le pueda interponer (Artículo 349), pudiendo desconocer a “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe Derechos Humanos” (Artículo 350). Y eso es lo mismo que ahora intentamos usar desde la Alianza Nacional Constituyente para salvar a Venezuela y asegurarnos que esta tragedia no se repita más.

Puedo entender que la Fiscal General de la República desee conservar el bodrio constitucional que permitió la estafa socialista de Chávez, en una lucha por su supervivencia política e incluso personal, y que nos convenga su discurso. Pero de allí a conservar esa Constitución para el futuro de nuestro país, es completamente inaceptable, aunque se logre parar el fraude constitucional de Maduro.

¿Y cuál debe ser la orientación de una nueva Constitución? Por lo pronto, luego de detener el fraude del régimen con su castrocomunismo “enmochilado”, proponer una nueva Constitución de la mano del pueblo, completamente Federal que nos lleve a nuestros orígenes como nación y permita el desarrollo estructural de los Estados con autonomía. Todo lo contrario a lo que ahora tenemos. Es por eso que nuestra lucha por una Constituyente Originaria debe continuar…

Caracas, 20 de Mayo de 2017

Twitter:@laguana