lunes, 24 de julio de 2017

LA BARBARIE ANIMALISTA ‘Los monstruos… sí existen’

‘Los monstruos… sí existen’
 (Álex N. Lachhein)

Mel Capitán. Foto: http://deltoroalinfinito.blogspot.com.co/
(Fragmentos)
Hoy no es una noche cualquiera. Es una noche triste. Muy triste. Una noche de cuchillos largos, una noche de cristales rotos. Una noche en la que, los peores presagios, acaban haciéndose realidad…

Casi al filo de la madrugada me llegaba la increíble mala nueva; y de tan masiva manera, que mi teléfono móvil amenazaba colapso: Mel Capitán, la chica de la eterna sonrisa y cabellos de oro que gracias a su amor a los perros y afición venatoria, se había convertido en un referente en el mundo de nuestras tradiciones más rurales, se acababa de quitar la vida descerrajándose un tiro con su 270.

Desde el momento de recibir esa tristísima noticia, hace muy poco rato, hasta ahora mismo, en que me encuentro rebuscando dificultosamente las palabras adecuadas con las que vertebrar mínimamente el armazón de este relato, un incontrolable estado de “shock” anda instalado en mi cuerpo sin casi dejarme respirar. Y mientras la sensación de ahogo persiste dentro de mí, la noticia de la jovencísima cazadora muerta de 27 años vuela ahora mismo por las redes virtuales, a la velocidad de la luz. Es un monstruo que crece. Una bola de nieve… prácticamente imparable...

Repugnante es lo mínimo que se me ocurre ante esa forma de proceder. Y lo que es seguro es que, mañana, ninguno de esos diarios y medios de comunicación informarán, ni siquiera en páginas interiores, de la muerte hoy de la pobre Mel Capitán. Y no porque no fuera tan famosa como Blesa. Que va. La razón por la que la embajadora femenina de la caza española no recibirá ni una triste y mísera esquela en nuestros medios es precisamente esa: porque a diferencia de Blesa, condenado por presunto delincuente, Mel Capitán era un ejemplo de ciudadana, honesta, honrada, de gran corazón y además… cazadora. Cazadora de raza. De casta cazadora. Algo que la dictadura de lo políticamente correcto en la que vivimos hoy no puede permitirse el lujo de defender, porque simplemente no está bien visto.

Es lo que ahora se lleva. Lo que está de moda. Los cazadores, no pueden ser buenas personas. La caza, como los zoos, los delfinarios, la pesca, los toros, o los circos tradicionales, no venden hoy igual que vendían ayer. Eso lo saben todos los responsables de la prensa, que temen perder lectores si se posicionan en la defensa de lo justo. Una minoría de la población de menos del uno por ciento del censo poblacional, pero que anda armando siempre mucho ruido mediático, tiene acojonados a los periodistas y políticos de nuestro país haciéndoles casi vivir permanentemente con los pantalones bajados. Esa minoría, toda una secta de fanáticos violentos e intolerantes que en algunos países como EE.UU. por ejemplo, es considerada peligroso grupo terrorista, recibe el rimbombante nombre de movimiento vegano/animalista. Y esa turba de bien financiados fundamentalistas, presionará hasta el infinito a la prensa libre para que jamás se homenajee a ningún cazador que sea buena persona. Sólo se permite hablar del ejercicio de la caza cuando la ejercen delincuentes o asesinos. Si no, no. Esa es la máxima a seguir.

Mel Capitán, como cazadora, fue acosada, presionada y amenazada en vida por las hordas vegano/animalistas como pocas personas de este mundo. Sufrió lo indecible. Ella, y toda su familia también. Amenazas muy serias. Amenazas de muerte. En sus redes la violencia era constante. Y en la vida real, pues también. Pintadas en la fachada de su vivienda, arañazos o ruedas pinchadas en sus vehículos, cartas de extorsión, insultos de todo tipo en los que siempre aparecía la palabra asesina o maltratadora. ¡Incluso, un comando de impresentables chantajistas extorsionadores se presentó una día no hace mucho en su puesto laboral, para exigir a sus jefes que la echaran del trabajo! (lea aquí la noticia) Así. Tal cual. Por ser cazadora y no ocultarlo. Durante mucho tiempo la presión a la que se vio sometida por los vegano/animalistas ante su pasión cinegética, la hizo vivir en una profunda depresión. Depresión de la que no logró levantar la cabeza jamás.
La primera muerte inducida por el chantaje vegano/animalista

No sabemos en estos momentos cuáles fueron los motivos que empujaron a Mel Capitán a quitarse la vida pero, su muerte, inevitablemente trae a mi recuerdo el suicidio de otro gran olvidado de nuestro país, también asediado hasta el límite de lo soportable por los vegano/animalistas: me refiero a José Luis Barbero Hernández, jefe de entrenadores del delfinario Marineland de Mallorca. No puedo evitar con tristeza pensar que, Mel Capitán, se haya convertido en el segundo trofeo del vegano/animalismo español. Barbero, experto internacional en mamíferos marinos e impulsor en España de las terapias asistidas con delfines, fue objeto durante años de una campaña de desprestigio que se cebó con él, simplemente por el mero hecho de representar al delfinario más importante de las Baleares. No había nada en realidad contra él. Era pura política populista. De hecho, ya tenía firmado su retiro dorado muy lejos de España, en uno de los oceanarios más importantes de EE.UU. Los vegano/animalistas lo sabían. Y no podían permitir que un especialista español en cetáceos, se convirtiera en el brillante embajador de los delfinarios de España ante el Mundo. Y fueron a por él. A muerte. Igual que a por Mel Capitán.

Cierto día, las asociaciones FAADA Y SOS Delfines publicaron en las redes un vídeo manipulado de 99 segundos en el que, supuestamente, se veía a Barbero insultando y pegando patadas a un delfín en la playa de su piscina. El puesto de grabación de dicha pieza, lo habían instalado los intransigentes en el balcón de un edificio que daba al delfinario. Es decir: premeditación y alevosía. Barbero, que había dedicado toda su vida a los delfines, y que los quería más que a sus propios hijos, vio como en una cámara lenta el derrumbe de todo su mundo ante sus atónitos ojos. No se lo podía creer. A partir de hacerse público el vídeo, José Luis Barbero fue señalado y acusadopúblicamente como un esclavista y maltratador. Por supuesto el asunto llegó a los tribunales y los peritos de la defensa lograron descubrir el engaño: el vídeo, estaba acelerado para dar la sensación de patadas violentas, y además, el audio, no correspondía a la pieza. Pero el mal ya estaba hecho. Nadie en la prensa publicó la manipulación de las imágenes en primera plana, como sí que se había hecho con la acusación. La carrera de Barbero cayó en picado, y fue poco menos que sentenciado en vida y no por un tribunal de justicia precisamente sino por el populacho. Y Barbero no pudo con la presión. Estaba hundido. Un día, cogió su coche, lo aparcó en un parking, y allí mismo dentro del vehículo se pegó un tiro (lea aquí la noticia). Dejó mujer y dos hijos. Y ni FAADA, ni SOS Delfines ni ninguná otra asociación vegano/animalista de este país, entonó después el “mea culpa”. Barbero se convertía así, en la primera muerte inducida por el chantaje vegano/animalista español. El juicio por este asunto por cierto, aún está por celebrarse.

El monstruo de la corrección política

Un monstruo insaciable está creciendo en la sociedad urbanita occidental alimentado por nuestra propia tibieza y mediocridad. Es un monstruo muy real. Un monstruo que medra a base de la decadencia moral de Occidente. Más temprano que tarde ese monstruo dominará por completo la sociedad en que vivimos, y seremos fagocitados por él. Su nombre, como en el Apocalipsis, es el nombre de la bestia...

Vivimos en una dictadura sin ser apenas conocedores de esa realidad. Quien sí que lo sabía y luchaba con todas sus fuerzas contra ello era Mel Capitán. Un verso suelto, un espíritu libre, que hizo siempre lo que quiso sin arrugarse, y por encima de modas e imposiciones sociales. Amaba a sus perros, a sus amigos, a su familia, y le apasionaba la caza que con amor aprendió de sus mayores. Como José Luis Barbero a sus delfines. Por su memoria, y por la lucha denodada de ambos por heredarnos un mundo más justo y más libre, no podemos permitir que el monstruo siga creciendoni un minuto más. Se lo debemos. De nosotros depende que, más temprano que tarde, acaben a todos cortándonos la cabeza.
A Mel Capitán, desde mi noche más triste, en muy sentido y emocionado recuerdo…

PD: Desde aquí hago público mi deseo para que se constituya un movimiento social que reclame una reforma del código penal para que todo tipo de acoso o chantaje por parte del ecologismo o el vegano/animalismo, sea castigado con las más duras penas, independientemente y al margen de la sacrosanta libertad de expresión. Que se equipare al delito de enaltecimiento del terrorismo como mínimo, que es lo que es. Y si acabara en resultado de muerte dicho acoso, que se aplique de facto la cadena perpetúa no revisable. Que algunos, lo único que entienden, es la ley del palo…

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