sábado, 30 de abril de 2016

Chanel n° 7124


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 CARLOS M. MONTENEGRO                 carlosmmontenegro22@gmail.com
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       Algunos biógrafos sostienen que Coco Chanel era bastante oportunista y por ello no desestimó colaborar con los nazis, como facilitadora, gracias a sus importantes relaciones sociales en esa época.


Todo el mundo sabe quien fue Coco Chanel, seudónimo de Gabrielle Chanel (Saumur, Francia, 19 de agosto de 1883), una diseñadora de alta costura francesa fundadora de la marca homónima. Es la única creadora de moda que figura entre las cien personas más influyentes del siglo XX, según la revista Time. En febrero de 1895, cuando Gabrielle contaba once años, su madre murió a causa de una bronquitis a la edad de 31 años; después su padre confió a sus dos hijos varones a las autoridades, y a sus tres hijas al monasterio, de Aubazine Corrèze, una abadía cisterciense regentada por la Congregación del Santo Corazón de María, fundada para «asistir a los pobres y rechazados, incluyendo la gestión de hogares para niñas huérfanas y abandonadas». Gabrielle y sus hermanas permanecieron en el orfanato, donde las monjas les educaron bajo una estricta disciplina y aprendieron a coser, bordar y planchar.
Al salir de allí se empleó como ayudante de un sastre en Moulins, una pequeña ciudad en la región de Auvernia en el centro de Francia. Los hombres que iban a la sastrería flirteaban con las jóvenes y las invitaban al cabaret local, donde Gabrielle se sintió atraída por el mundo del espectáculo y empezó a cantar sobre los escenarios de un café-concert de Moulins llamado “La Rotonde”. Fue una de las tantas chicas denominadas poseuses, aquellas que entretienen al público entre los cambios de vestuario de los artistas principales. Fue por aquella época cuando Gabrielle recibió el apodo de “Coco”, posiblemente por dos canciones de su repertorio que llegaron a identificarla: “Ko ko ri ko” y “¿Qui qu'a vu Coco?”, una tonadilla popular que narraba la historia de una muchacha que había perdido a su perro Coco. “Mi vida no me gustaba, así que creé mi  propia  vida” declararía alguna vez Coco Chanel, y efectivamente se dedicó a ocultar la pobreza de su infancia, transcurrida en aquel hospicio de monjas, y logró construirse a sí misma, logrando ser en una de las diseñadoras de moda más prolíficas de la historia. Pero cuatro décadas después de su muerte, aquellas palabras de Gabrielle Bonheur Chanel, alias 'Coco', parecen esconder un significado mucho más allá de su superación y de su envidiable posición social: su otra faceta como espía alemana.
Estamos en tiempos en que el periodismo escudriña meticulosamente en el pasado de los políticos, escritores y artistas connotados; no es de extrañar que una personalidad como Chanel, icono del “glamour” y el estilo francés, no pasara desapercibida. Así, la tesis del colaboracionismo de la diseñadora con los servicios nazis de inteligencia fuese evidenciada, hace unos años, en la biografía “Durmiendo con el enemigo: la guerra secreta de Coco Chanel”, obra del periodista estadounidense Hal Vaughan. El libro asegura que la modista trabajó para los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, oculta bajo el alias 'Westminster', tomado de su breve relación sentimental con el duque de Westminster en los años veinte. También tenía su propio número de agente: 7124, código en la Abwher, la inteligencia  militar alemana hasta 1944, y manifiesta que Coco Chanel ostentaba una arraigada tendencia antisemita.
El libro asevera que la ilustre diseñadora, era una agente nazi en toda la extensión de la palabra, trabajando para la agencia militar alemana en forma encubierta. “Durmiendo con el enemigo”, es un libro basado en documentos oficiales obtenidos en el Reino Unido, Alemania, Francia y Estados Unidos, donde constan las extensas actividades de Chanel durante la guerra. A lo largo de la II Guerra Mundial, la emblemática diseñadora francesa llevó a cabo varias misiones de inteligencia, entre ellas la “Operación Modellhout”, junto a su amante, el oficial, Hans Günther von Dincklage, algunas de ellas en nombre del general de las SS Walter Schellenberg, mano derecha del comandante en jefe de ese cuerpo, Heinrich Himmler. La biografía, basada en esos análisis situaba a Coco Chanel en varias misiones para la inteligencia nazi en Madrid y Berlín durante la Segunda Guerra. A cambio, recibía favores, como liberar a su sobrino de un campo de internamiento militar, o “arrebatarle” el control de la marca de su archi-famoso perfume Chanel n°5, por sus socios judíos durante los años 20, la familia  Wertheimer, que tuvieron que huir y exiliarse en Estados Unidos durante la guerra.
Todas esas teorías han vuelto a cobrar  fuerza de nuevo tras la reciente emisión, en la televisión pública francesa France 3, del documental “L'Ombre d'un doute” (La sombra de la duda'), trabajo del reputado historiador Franck Ferrand, en el que confirma la existencia de documentos clasificados en el Ministerio de Defensa francés que prueban que Coco Chanel era un activo de la inteligencia nazi. Asimismo, el documental cuestiona a otros personajes famosos como Edith Piaf, Maurice Chevalier y el actor, dramaturgo y director de cine Sacha Guitry, cuyas carreras fueron impulsadas como consecuencia de la política nazi de “promoción de la cultura francesa popular” durante la ocupación, explorando sus vínculos como colaboracionistas o resistentes durante la ocupación alemana en Francia, y cuenta cómo la modista fue reclutada por los alemanes, basándose en varios archivos hallados en el ministerio galo.
Ferrand cuenta como en Roma se encontró con su amiga, Vera Lombardi, quien realizaba una labor encubierta a favor del MI6 y fue arrestada y encarcelada en Roma por la Gestapo. Vera Lombardi expuso las conexiones de Coco a su primo Winston Churchill. También se sugirió que Coco tuvo relaciones con el capitán de la SS, Walter Kutschmann, responsable de la exterminación de judíos a comienzo de la guerra en Polonia y trasladado a París en 1943, donde fue su contacto con la Abwher, y fue quien diseñó  la operación “Modellhout” en Madrid.
Algunos biógrafos sostienen que Coco Chanel era bastante oportunista y por ello no desestimó colaborar con los nazis, como facilitadora, gracias a sus importantes relaciones sociales en esa época. En 1923, Vera Bate Lombardi, hija ilegítima del marqués de Cambridge, facilitó a Chanel la entrada a los más altos niveles de la sociedad británica. Le presentó ese mismo año en Monte Carlo al duque de Westminster, Hugh Richard Arthur Grosvenor. A través de Grosvenor la diseñadora conoció a uno de sus colaboradores más cercanos, Winston Churchill, que la definió como “una mujer de personalidad fuerte, muy capaz y agradable” y con quien forjó una amistad de por vida. También conoció al Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, (posterior rey de Gran Bretaña, Eduardo VIII) con quien sostuvo un breve amorío; cuando se le preguntó por qué no se había casado con el duque, la diseñadora respondió: “Ha habido muchas duquesas de Westminster. Chanel hay una sola”. Asimismo se relacionó con Demetrio Románov, primo del zar de Rusia Nicolás II y sostuvo amistad con la flor y nata de la pintura, la literatura, el canto, el teatro y el cine, como Romy Schneider, Jeanne Moreau, Elizabeth Taylor, Grace Kelly, Rita Hayworth, María Callas, Audrey Hepburn y Jackie Kennedy (que vestía uno de sus modelos el día del asesinato de su marido John F. Kennedy en 1963), imponiendo su “chic” indiscutible
Al final de la guerra Coco Chanel fue encarcelada e interrogada por la FFI (Forces Française del’intérieur), estuvo a punto de ser declarada colaboracionista; pero fue finalmente liberada sin cargos y pudo abandonar París en 1945, huyendo a Suiza junto a su amante, el ex-diplomático nazi Hans Günther von Dincklage. (Se dice que su exilio fue propiciado por el MI6 británico, ya que en su exoneración intervinieron influencias británicas, tal vez la de Churchill). Pudo regresar a Francia 9 años después, en 1954.

En 1971, a los 87 años, murió en su suite del Hotel Ritz de Paris. Se cuenta que horas antes, ya postrada antes de desfallecer, le dijo a su mejor amiga y confidente Lilou Marquand: ”Bueno, así es como se debe morir, con estilo”. 

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