domingo, 7 de febrero de 2016

LOS MALDITOS MILITARES Por Eduardo Casanova



Hay en el ambiente un fuerte rechazo hacia los militares, los malditos militares, como mucha gente los califica. Se les considera cómplices de los canallas chavistas, incursos en delitos contra la cosa pública, narcotraficantes, enchufados y otras lindezas que los hacen responsables de los horrores que estamos sufriendo los venezolanos en el siglo XXI. La gente habla abiertamente de gobierno narcomilitar, y sabe que los sátrapas uniformados tienen privilegios detestables. Cuando aparecen en cualquier calle dos o tres de ellos, los civiles los ven con desprecio, con rabia, con ojos que quisieran ser fusiles para ejecutarlos sin fórmula de juicio. ¿Es eso justo? Sin duda, los altos jefes, la cúpula podrida de las fuerzas armadas, es cómplice de lo que ha ocurrido en lo que va del siglo XXI. Y un porcentaje importante de los que no están tan arriba, también. Pero, ¿y los demás? No solamente los demás, sino hasta los cómplices, tienen cónyuges, hijos, padres, hermanos, primos, tíos, amigos, conocidos, que saben muy bien lo que está pasando y los informan, quiéranlo o no. De modo que los militares, todos, culpables o inocentes, son conscientes de la realidad actual de Venezuela, saben que no hay medicinas, que no hay comida, que hay inseguridad, que vivir en Venezuela es un martirio, y saben que la inmensa mayoría de la gente los detesta. 



Por eso el 6 de diciembre no se alzaron para impedir que la oposición democrática se hiciera con el control de la Asamblea Nacional. Padrino López, que es de los peores, de los más corruptos, recibió informes claros que le decían dos cosas: que la mayoría de los militares no solamente no es chavista, sino que no ve con simpatía a Maduro y a sus cómplices, y que casi ninguno de los oficiales activos estaba dispuesto a alzarse para defender al PSUV. No fue la institucionalidad lo que impidió el golpe que Maduro y sus cómplices querían que se diera, sino la cobardía. Si lo daban, tendrían que enfrentarse no solamente al mundo civil, sino a un buen porcentaje de los mismos militares. Correría sangre. Y más de uno de ellos debe haber recordado aquellos que Llovera Pérez le dijo a Pérez Jiménez en la noche del 22 de enero de 1958: “Pescuezo no retoña”. Al régimen narcomilitar de Maduro y sus cómplices le queda muy poca vida. De una manera o de otra van a salir del poder, y pronto. Y una de las tareas más difíciles que van a tener los militares, cualquiera haya sido su actuación en la caída del chavismo, será recuperar su imagen. Ojalá que les resulte posible, porque han hecho demasiado daño y, si algo se han ganado en los últimos dieciséis años, es el desprecio con que los mira la inmensa mayoría de los venezolanos.




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