domingo, 4 de junio de 2017

LUIS BELTRÁN GUERRA Cristóbal, el erudito


Cristóbal Ramírez afirma que una dictadura le ha hundido las uñas a la soberanía popular, con ocasión de una charla a un grupo de estudiantes, amigos por sus coincidencias en las protestas, demandando la deposición del gobierno.
Pedro Trejo propicia la charla a fin de armonizar una variada terminología con respecto a acciones y propósitos de la lucha. Es urgente contar con alguien que sepa de diccionarios, filología, etimología e idiomas. Julio Cesarini reitera que el hombre es Cristóbal, El Erudito, pues estudioso de los últimos 18 años editará el libro titulado El apromiamiento. Los jóvenes en sitio seguro ante la represión de las bandas armadas lo aprueban.  La charla se realizaría en el mismo lugar, lo cual Cristóbal acepta.
El conferencista manifiesta que los filólogos se dedican a analizar la lengua y la literatura de los pueblos a través de los textos escritos. Considera, no obstante, que una definición completa contemplaría además cualquiera otra manifestación de voluntad, de saber y de conocimiento. Pone de relieve que, si nos refiriéramos a los últimos 18 años, es imperativo agregar “la picardía”, cuyo sentido etimológico supone habilidad, embuste y gracia en la que hay malicia. No hay dudas de que una mixtura de filología, historia, sociología, ramalazos de la demonología y de los malos espíritus y demonios de Cesare Lombroso y una abultada cuota de ignorancia, han sido factores determinantes para calificar los casi 7 mil días transcurridos bajo el imperio de una presunta revolución que destruyó a Cuba, tuvo a punto de lograrlo en el Chile de Allende y que sus andanzas han hecho de una Venezuela rica una región de pordioseros. Es en este sentido que la disertación se titule El apromiamiento. Acertada calificación afirma Ismaela Calderón.
La dictadura se ha apropiado de todo es un aserto lapidario del erudito. Pero tal vez, la expoliación más nefasta, por tratarse de la esencia misma del Estado, haya sido la de la potestad inherente al pueblo de definir su destino y el régimen al cual ha de sujetarse el poder público, denominado por el artículo 5º de la Constitución como “soberanía”, estatuyendo, además, que reside intransferiblemente en ese pueblo. Pues bien, quienes nos desgobiernan han colocado, para hacerla suya, en su ya abultada petaca, a esa soberanía como un objeto más que les pertenece. Por supuesto, con la anuencia de magistrados de un TSJ cuyos fallos no tienen otra fuente que “la consuetudine contra legem” que han diseñado como amanuenses de la voluntad de aquel que nos trata como esclavos. Autoridad alguna que desconozca que una Asamblea Constituyente es el punto de partida de una sociedad, pues con ella nace o renace, se forma o reforma, se estructura o restructura, ha de convocarse exclusivamente por el pueblo (Artículo 347), no puede ser calificada con otra denominación que la de venal, interesada, mediatizada y mediocre. El juez que lo permita desempeña el papel del cortesano perfecto.
Los pueblos son cosa seria, es la expresión del sabio. A los venezolanos que por ahora llaman “adultos contemporáneos” se nos escucha que Gómez y Pérez Jiménez fueron dictadores, pero se rodearon de ministros preparados, dejando por lo menos obras. Hubo corrupción, pero cupular. Mataron y apresaron políticos, pero no con la saña, venganza y criminalidad de los últimos 18 años. En Francia, donde la lucha por la soberanía ha dejado profundas huellas, Luis XIV devino Rey a los 5 años y me atrevo a sostener que con esa edad y sin la asistencia de su madre, Ana de Austria y el Cardenal Julio Mazarino, hubiese cometido “el apropiamiento” que ustedes denuncian en las calles con muerte y heridos por el bastón represor de quienes nos mandan. Pudiera decirse que Luis no llegó a apropiarse tanto de la soberanía del pueblo francés, no obstante, su conocida expresión “El Estado soy yo”. Pretendió ser lugarteniente de Dios en la tierra, quien lo dotó de un encanto especial para rodearse de Jean-Baptiste Cobert, propulsor del mercantilismo y desarrollar la marina y construir puertos, caminos y canales para las comunicaciones y el comercio. El desarrollo interior del país estuvo además aparejado a la grandeza exterior. El presunto Rey criollo opuestamente no solo nos ha despojado de la potestad que nos es inherente para decidir quién ha de gobernarnos, si no que ha destruido la economía, acabado con la paz y la convivencia y para la comunidad internacional dejamos, cada día más, de ser República. Una “ranchería”, se le escucha a Gustavo Camargo, activo en San Cristóbal en protestas para el rescate de la nación.
“Apropiamiento con felonía” se ha consumado. Bolívar ya no consigue como pedirle a Dios ayuda, comentándole a Miranda y a Sucre no entender qué le pasa al Señor.
Cristóbal es aplaudido. Pero los asistentes lloran, pues se excusa para una charla adicional por ocupaciones preferentes.
@LuisBGuerra 

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