viernes, 9 de diciembre de 2016

LEOPOLDO LÓPEZ GIL La otra cara del Vaticano EL NACIONAL


No sé por qué razón, los eternos representantes de la otra cara política de Venezuela, a quienes muchos califican de opositores y otros de facilitadores o entregados o colaborantes, sienten fascinación por personajes que nos llegan de afuera, allende nuestras fronteras, vestidos con sayos de no gran prestigio en sus patrias de origen. Ha sido el caso reciente de la tragedia heredada de las visitas de los ex presidentes Jimmy Carter y Cesar Gaviria. Visitas, de las que todavía estamos recogiendo los vidrios rotos, de su nunca realmente ponderada misión reconciliadora de aquellos días, no tan lejanos, y todavía determinantes en nuestra tragedia.
¿Quienes aplaudieron? No lo olvidemos, pues aquella claque también tiene su cuota de responsabilidad en nuestra caída por el barranco. No todo se le debe a Chávez; eso, no debemos pasarlo por alto.
Ahora la comandita extranjera es más numerosa, y sin aparente prestigio pero haíto la participación divina. Es lo menos que podíamos esperar pues nos acostumbramos a eventos prodigiosos. Fenómenos como el de la eternidad del jefe, pajarito parlante, enemigos invisibles, etc. etc.
Esta pantomima bien jugada contó con jugadores de segunda línea, porque conscientes los cuarto bates sabían que la bola vendría a 100 millas y a los codos, y por ello dejaron que otros se poncharan. Aún no se acaba este partido, recuerden aquello de que “el juego termina cuando se acaba”. Ahora pretenden jugar un extra inning y, para lograrlo, sugieren dos posibles y convenientes fechas, según su eminencia el cardenal Celli. En primer término se podría celebrar el día de Los Santos Inocentes; pero, como algunos tienen la mala costumbre de jugar bromas ese día como lo hace El Nacional, otros propusieron que fuera el 30 de febrero que es el día cuando el presidente Maduro prometió cumplir con todo lo acordado incluyendo respeto a la Constitución.
A pesar de todo, nuestras oraciones estuvieron muy elevadas esta semana: Mitzi de Ledezma, Lilian Tintori de López y Antonieta Mendoza de López, se acercaron al Todopoderoso lo más posible atadas con cadenas a las columnas milenarias de San Pedro. Oraron por la libertad de todos los presos políticos. A pesar de la aparente indiferencia del Vaticano, lograron que todas las noches durante su vigilia más de una docena de padres y seminaristas venezolanos les acompañaran en plegarias y solidaridad.
Además del gesto valiente y contundente de esas señoras, impresionó el expresivo y manifiesto apoyo que recibieron durante su protesta. Un nutrido y constante desfile de compatriotas, simpatizantes hispano americanos, italianos y europeos se encargaron de darle agua, comida, cobijas y, en especial, mucho calor humano, un calor sincero, cargado de tristeza y lagrimas.
Quiera Dios que esta deprecación sea suficiente para que envíe su influjo e ilumine y dé valor a quienes designe como campeones de la libertad y justicia, si no, que nos agarren confesados.

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