viernes, 28 de octubre de 2016

LEOPOLDO LÓPEZ GIL Valentía y sensatez

 Como nunca antes, el suelo de la patria se cubrió de pueblo este miércoles. Una cobija humana, de cientos de miles de venezolanos en protesta justa arropó a Venezuela con determinada vocación democrática.
En la Toma de Venezuela, mientras en Caracas creció la protesta civilizada y constitucional, en la provincia las fuerzas del orden público se convirtieron en inútiles compuertas de contención pretendiendo acallar el grito de libertad de la oprimida nación.
Inútil represión violadora de los derechos democráticos a la protesta, a la solicitud del cambio político, con bombas lacrimógenas, perdigones disparados a las caras de los manifestantes y fuerzas policiales que en cambote sometían a mujeres indefensas que protestaban exigiendo la libertad de sus hijos secuestrados por haber cometido el terrible pecado de gritar ¡Libertad!
El 26 de octubre será marcado en el calendario histórico como un hito, en el Camino a la Libertad, sendero que sellará el trazo de la ruta constitucional que ha emprendido la oposición. No se puede hacer una revolución para tener democracia, se debe vivir en democracia para poder hacer una revolución. Ya lo señaló Abraham Lincoln, que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, y otra vez, ahora cara al mundo, la letra del Himno Nacional, pues Caracas ha rescatado su orgullo histórico y ha vuelto a ser ejemplo a seguir en la lucha por nuestros derechos.
Mientras en Caracas sus calles se llenaron de heroicos ciudadanos, en los recónditos rincones de la patria los colectivos armados agredían, herían y hasta ajusticiaban a quienes desarmados simplemente, cumplían con protestar en contra de la injusticia, represión, corrupción y la entrega de la patria al régimen comunista y extranjero de los cubanos que maneja y ordena al sometido generalato del Estado Mayor de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Junto a este pueblo amplio, unido y patriótico, mujeres, madres y profesionales habían enarbolado las banderas de la libertad y la justicia días previos a la Toma de Venezuela. Ellas, las mujeres de Venezuela, con arrojo y mucha valentía y sensatez fueron la yesca para el entusiasmo de lo que posteriormente vino: la toma y la lucha por un destino, por no entregarse a la tiranía. El espíritu de la mujer venezolana no solo había triunfado, sino que se convirtió en estimulante guía para que sus hijos recuperaran el altar que este régimen traidor ha mancillado.
La ruta por la Libertad fue trazada por los hechos cívicos y ejemplares en Caracas, y heroicos en la provincia venezolana, hechos ensangrentados por colectivos armados, policías y guardias nacionales en penosa función de esbirros, métodos de un gobierno declarado públicamente, al margen de la Constitución y las Leyes de la República.
Ahora, la huelga general.
Luego, el juicio político por abandono del cargo al presidente de la República.
El pueblo en acción ha vuelto a tomar el liderazgo. El régimen responderá con más violencia, más vorágine y acciones peligrosas para la ciudadanía, pero sólo con la constancia y la presión de la movilización ciudadana se logrará el objetivo de la Libertad.



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