jueves, 15 de septiembre de 2016

© CARLOS M. MONTENEGRO Piratas de Radio en el Mar



La utilización indiscriminada de las ondas por parte de la gente aficionada estorbaba las comunicaciones, de tal forma que en 1912 el gobierno norteamericano promulgó una ley, que otorgaba las frecuencias oficialmente para evitar que los amateurs pudieran inmiscuirse en las transmisiones de la Marina y amenazar su seguridad


Fue a finales del siglo XIX cuando los padres de la radio, Nikola Tessla, Lee de Forest o Thomas Edison comenzaron sus transmisiones de prueba en EEUU, pero solo transmitían de punto a punto. Las oficinas de correos y teléfonos fueron las encargadas de administrar el nuevo invento; hasta entonces usaban el telégrafo inalámbrico de Marconi, que emitía un alfabeto sonoro creado por Samuel Morse.
Al principio la radio servía para comunicarse con los barcos de pasajeros y la Armada, ejércitos y organismos oficiales, pero Marconi introdujo después el receptor de radio sonoro, que captaba las transmisiones habladas, hasta que se popularizó el receptor casero y el éxito fue fulminante. En muy poco tiempo millones de personas se hicieron usuarios, y al mismo tiempo, de forma más o menos amateur proliferaron las estaciones de radio que brindaban programaciones variadas con música, noticias y seriales dramáticos, emitiendo por cualquier frecuencia sin ningún tipo de restricción, ya que el espectro radiológico aún no estaba sujeto a norma alguna.
La utilización indiscriminada de las ondas por parte de la gente aficionada estorbaba las comunicaciones, de tal forma que en 1912 el gobierno norteamericano promulgó una ley, que otorgaba las frecuencias oficialmente para evitar que los amateurs pudieran inmiscuirse en las transmisiones de la Marina y amenazar su seguridad. Fue la primera vez en la historia que se organizaba de alguna manera aquél desbarajuste. A partir de entonces las emisoras de radio pasaron a dividirse entre legales e ilegales. Eso no acabó con las transmisiones de gente sin licencia pero sentó las bases para organizar con el tiempo las emisiones en Onda Corta, AM y FM.
En ciertos países de Europa, la radio era un monopolio en manos de los Estados, como Inglaterra, Holanda, Alemania, Francia, España y los países escandinavos. Era un servicio público a diferencia de EEUU, donde la legislación permitía el uso comercial por parte de empresas privadas, creándose grandes cadenas que transmitían de costa a costa como ABC, CBS, o NBC, además de cientos de emisoras locales. En los países de Europa no era posible ya que las normas eran muy estrictas, y ni siquiera transmitían publicidad.
Sin embargo por la experiencia americana el negocio lucía fabuloso, de tal manera que en los ‘50 apareció un subterfugio, creándose las emisoras “off shore” (aguas afuera) instaladas sobre barcos o plataformas en aguas internacionales frente a las costas de los países que mantenían la prohibición de transmitir publicidad. En realidad no infringían ninguna ley, pues en aguas internacionales no existe reglamentación radioeléctrica. Ahí nacieron las primeras “emisoras alegales” o “piratas”, situadas en el Mar del Norte y el Canal de la Mancha. Su programación era básicamente musical y apolítica.
Dinamarca fue el primer país del mundo que contó con emisiones radiofónicas comerciales sin licencia. Fue cuando “Radio Mercur”, en Mayo de 1958, comenzó a transmitir sólo música y publicidad desde un barco anclado en aguas internacionales siendo un fulminante éxito comercial. La prensa de la región comenzó a llamarla “Radio Pirata”, por lo que aportaba de fantasía, más que por el aspecto legal.
A partir de ahí nacieron radios como hongos, transmitiendo desde cualquier lugar, siempre que estuviera en aguas internacionales. Operaban desde barcos anclados y plataformas usadas y abandonadas por la artillería antiaérea británica durante la II Guerra Mundial, en pleno Canal de la Mancha, equipados con los más modernos transmisores y enormes mástiles como antenas. Sus contenidos eran absolutamente apolíticos, básicamente rock&roll o baladas interpretadas por los grandes artistas del momento, guiándose por las listas de las revistas musicales norteamericanas Billboard, Cash Box o Record World y las británicas New Musical Express o Melody Maker, que publicaban las ventas de discos y los éxitos más radiados. Además, no pagaban impuestos.
Rohan O’Rahilly fue uno de los pioneros que comenzó a transmitir con Radio Carolina* desde un viejo ferry de pasajeros, el “MV Fredericia” que rebautizó “Mi Amigo” y lo hizo legendario como a sus DJ’s. En 1964 El grupo británico “The Fortunes” grabó el tema “Carolina”** que la radio usó como su himno.
A principios de los sesenta, con la irrupción del rock y pop británico tras el fenómeno Liverpool, artistas, como Los Beatles, Rolling Stones y todos los ídolos de la época, eran transportados a estas emisoras para ser entrevistados, acrecentando la leyenda. La BBC apenas transmitía dos horas diarias de música para la juventud, lo cual aumentó las ganancias de las radios piratas de forma exponencial. Las principales eran R. Carolina, R. England, Capital Radio, R.
London y R. Scotland frente a las costas de Suffolk, Inglaterra; R. Verónica y R. Luxemburgo emitían hacia el continente. A mediados de los ’80, la BBC y otras cadenas europeas estatales decidieron poner publicidad, con lo que el negocio “pirata” mermó, abandonando las transmisiones en altamar.

En estos links verán:
* The Swinging Radio England Story.   
A Day In The Life Of Radio Caroline.
**Escuchen la canción original.







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