lunes, 13 de junio de 2016

Pedro Pablo Fernández La mejor apuesta

Mientras los venezolanos viven la angustia de conseguir alimentos y medicinas, el debate de la crisis gira en torno a lo político y no permite ver con propiedad, el riesgo económico y social actual.




El conflicto político no permite abordar la descomunal crisis económica y social que estamos sufriendo. El debate se reduce a los temas de confrontación sin que haya respuestas a la tragedia que vivimos.

La radicalización no nos permite utilizar la razón. Mientras los venezolanos estamos angustiados porque no conseguimos comida y medicinas, y cuando las conseguimos no nos alcanza la plata, el debate gira en torno a temas estrictamente políticos. 

El tema económico está ausente del discurso, en buena medida, porque todos saben que las soluciones a la crisis tienen un alto costo social. 

El gobierno actúa con una irresponsabilidad monumental justificándose con la excusa absurda de la guerra económica, en lugar de resolver el problema. 

Del lado de la oposición no hay un planteamiento serio: “Si ganamos las elecciones las colas se acaban; Cuando lleguemos al gobierno se ampliarán los programas sociales, se multiplicarán las misiones y se les dará rango constitucional. Vamos a dolarizar el salario”.

Con ese discurso se genera una expectativa imposible de satisfacer porque no hay como financiar nada de eso. 

Lo cierto es que nos vienen unos tiempos difíciles. El gobierno no tiene la fuerza para enfrentar la monumental crisis que se nos ha venido encima y emprender un programa de rectificación económica, pero tampoco la tiene ningún partido, ni ninguna coalición de partidos en un ambiente de conflictividad radical. 

Resolver las distorsiones de los precios de la comida, las medicinas y la gasolina y controlar la inflación (reducir drásticamente el gasto público) tienen un costo político inmenso. ¿Quién tiene la fuerza para llevar esas medidas adelante? 

El Referendo Revocatorio es un derecho constitucional que estamos dispuestos a ejercer una mayoría clara de venezolanos que queremos cambiar a este gobierno. Eso tiene una dinámica que tenemos que seguir impulsando, pero conscientes de que no resuelve el problema que tenemos, ni siquiera si logra vencer todos los obstáculos. 

Algunos plantean que la solución de todos los problemas es la salida de Maduro. Son los mismos que decían que todo se resolvería cuando la providencia se llevara a su antecesor. El problema es muy complejo y hay demasiadas variables que nadie controla. 
El país necesita de inmediato la convocatoria a un Gobierno de Emergencia, de Unidad Nacional que produzca un cambio en la conducción de las políticas económicas. Un nuevo gabinete económico que genere confianza con un programa claro y coherente que conduzca a la superación de la crisis. 

Este no es el primer país del mundo que vive un problema económico severo en medio de un ambiente de confrontación radical. Otras experiencias nos deberían servir para no transitar el mismo camino. 

La primera experiencia democrática en Alemania, llamada la República de Weimar, fracasó por la lucha política intestina entre los distintos partidos. El resultado fue el ascenso de Adolfo Hitler y del Partido Nazi al poder.

En medio de una grave crisis económica un Chile partido en tres, con un conflicto político agónico entre la Izquierda, la Democracia Cristiana y la Derecha permitió el ascenso de Pinochet al poder y tuvieron que sufrir 17 años de una dictadura criminal. 

Hay gente que plantea salidas muy sencillas: “Convocamos el RR, o mejor, convocamos la gente a la calle para que Maduro renuncie de inmediato, constituimos un gobierno nuevo, resolvemos el problema de las divisas con una lluvia de inversiones internacionales que van a venir y con eso resolvemos también el problema de desabastecimiento, removemos a todos los poderes públicos (Lo vamos a hacer bien, no como Carmona), destituimos al Alto Mando Militar y sometemos la Fuerza Armada al poder civil (Ya eso está hablado) y enfrentamos a los colectivos y a los “Pranes” con el SEBIN y la Dirección de Inteligencia Militar”. Actúan como que fueran los directores de una película que dominan el desenlace de la trama y escogen el final feliz.

Me recuerdan a aquellos que en los años 80 y 90 iniciaron la campaña antipolítica para destruir a los partidos, con Marcel Granier a la cabeza, pensando que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema. No se imaginaron que el llamado sería el Teniente Coronel nacido en Sabaneta, ni tampoco que su régimen político duraría, por lo menos, 17 años.

Lamentablemente nadie aprende por experiencia ajena y estamos empeñados en repetir errores históricos. El resultado del caos, el conflicto y la ingobernabilidad son una caja negra con resultados impredecibles. 

Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos. 

PFernandez@ifedec.com
@PedroPabloFR


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