miércoles, 8 de junio de 2016

CARLOS M. MONTENEGRO Se Buscan Padres de la Patria




Se necesitan otra clase de líderes: un buen ejemplo pueden ser los de Europa occidental

Cuando oigo a los políticos expresar vehementemente sus deseos de “paz, diálogo, libertad, e intenciones de acabar con el hambre de sus pueblos”, pero veo todo lo contrario, es cuando me comienzan las arcadas, así que apago  inmediatamente la radio, la televisión o cierro bruscamente el periódico, y se me van. Me suele venir, sin querer la pregunta “¿y cómo lo harán, si en el fondo no quieren o no saben?”. Suelen estar mintiendo, como cosa rara.
El ámbito en que lo percibo es el de la América Latina toda, aunque vivir en Venezuela confiere cierta autoridad para opinar del asunto. Pero cualquiera que haya leído algo sobre nuestra historia americana entenderá que no estoy elucubrando, pues desde que el continente se independizó todos han dicho casi lo mismo, y los resultados los tenemos ante nuestras narices.
San Martín, O’Higgins, Martí y unos cuantos más, son considerados padres de sus correspondientes patrias, pero al final, por H o por B,  ninguno logró consolidarlas y mucho menos unirlas, como se logró en los EEUU de América. Ni siquiera Bolívar, el más visionario de todos pudo realizar su gran sueño anfictiónico con los países que independizó.
Se necesitan otra clase de líderes: un buen ejemplo pueden ser los de Europa occidental, que tras dos terribles guerras mundiales en  que quedaron social, industrial y militarmente hundidos, con decenas de millones de muertos y la fuerza de producción devastada, decidieron, porque lo decidieron en 1945, al término de la II Guerra, levantar sus países desde la más absoluta carraplana lográndolo en tres lustros apenas. Los líderes de los países, tanto ganadores como perdedores, entendieron que como habían sido antes las cosas, no llegarían a ninguna parte y debían intentar acabar con el sufrimiento de sus gentes, pero en serio.
Y fueron apareciendo los líderes que lograrían el milagro. Casi todos eran políticos, parece increíble, que habían pasado las de Caín en sus respectivos cargos. Una de la primeras cosas que abordaron fue la de juntarse todos para discutir sus diferencias seculares, procurando hacerlo sin entrarse a coñazos, e inventaron la ONU que aunque a trompicones aún dura. Lo siguiente fue que EEUU, el país vencedor que sufrió menos decidió, no sin enteres, invertir en la reconstrucción de Europa, por medio del Plan Marshall, socorriendo a vencedores y vencidos. Los reales alcanzaron y no consta que se los robaran o malvesaran, porque todos los beneficiarios crecieron y se convirtieron en países ricos y solventes.
En 1946, el inefable Winston Churchill viendo cómo el mundo se dividía en dos bandos irreconciliables, este y oeste, en la llamada Guerra Fría, percibió que las naciones de Europa podían caer en las fauces de comunistas o capitalistas, y en septiembre de 1946 dio un discurso en la Universidad alemana de Zúrich y soltó esta perla: “Debemos recomponer la familia europea dentro de una estructura regional, que podría llamarse Estados Unidos de Europa. Y el primer paso práctico en esa dirección será constituir un Consejo de Europa. Si, en un primer momento, no pueden o no están dispuestos a incorporarse a la Unión todos los Estados, deberemos empezar por reunir y poner de acuerdo a aquellos que quieran y puedan” (sic).
Seis primeros ministros lo entendieron e iniciaron la mayor construcción de una gran Unión desde el Imperio Romano. Los países originales fueron: Francia, Alemania, Holanda, Italia, Bélgica y Luxemburgo. Curiosamente este último, un país diminuto, planteó que Alemania y Francia debían terminar sus históricas rencillas, y en 1951 lo lograron fundando la Comunidad Europea del Acero y el Carbón (CECA). Empezaron por desarrollar la industria contando con las minas del Sarre, en la frontera franco alemana, por la que ambas naciones pelearon muchas guerras. Siguió la agricultura para autoabastecerse, y no tardó en llegar la Comunidad Económica Europea, (CEE) en 1957, tras la firma del Tratado de Roma. Fue la fase previa a la fundación el 1 de noviembre de 1993 en el acuerdo de Maastricht, (Países Bajos), de la actual Unión Europea (UE).
El 1 de enero de 1973 Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido entraron a formar parte de la CEE, con lo que el número de Estados miembros aumentó a nueve. Así poco a poco se fue abriendo la puerta de aquel sueño que en 1946 propuso Winston Churchill.
Al día de hoy  la Unión Europea es una comunidad política constituida en un régimen sui géneris de organización internacional, creada para apoyar y acoger la integración y gobernanza en común de las naciones y pueblos del, viejo continente como una sola nación. Está compuesta por veintiocho Estados europeos, hay Repúblicas, Estados Federales, y Monarquías, todas democráticas; tienen un Parlamento supranacional, hablan docenas de idiomas y dialectos diferentes, y profesan múltiples religiones; tienen moneda propia, el euro, y disfrutan de libre tránsito de personas y mercancías sin visados ni tasas aduaneras. Lo han logrado, y, a pesar de muchas vicisitudes han sabido evitar las guerras entre ellos. Todo eso se les debe a 11 personas que sabían lo que querían y lo hicieron. ¿Cómo? Imagino que dialogando, en paz, en libertad y queriendo lo mejor para sus pueblos, pero en serio.
Fueron funcionarios públicos, pero Padres de la Patria europea, sus nombres son: Konrad Adenauer, Paul-Henri Spaak, Alcide de Gasperi, Jean Monnet, Robert Schuman, Altiero Spinelli, Joseph Bech, Johan Beyen, Walter Hallstein, Sicco Mansholt y cómo no Winston Churchill,  
En este continente, sin guerras mundiales, con el mismo idioma, casi todos cristianos, con agua, electricidad*, enormes selvas, petróleo, coltán, hierro, cobre, manganeso, carbón, oro, diamantes, con pieles de todos los colores que nos llevamos bastante bien… Pues a pesar de tantas facilidades, aún no hemos logrado nada parecido.
¿Dónde podríamos encontrar algún Padre de la Patria de esa estirpe para que le eche bolas?

* (Ya sé lo que estarán pensando, pero lo digo a nivel continental, disculpen).

        



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