martes, 2 de febrero de 2016

CARLOS MONTENEGRO Amnesia ANIMAS DEL PURGATORIO



Aunque por otros motivos, sin duda, los ciudadanos de este país tenemos otra clase de amnesia, se suele afirmar que no tenemos memoria y no aprendemos, peligrosa generalización, pero algo de verdad debe haber cuando el diagnóstico está tan generalizado y con frecuencia admitido


El momento por el que Venezuela esta transitando, es por decirlo de alguna manera inefable, yo al menos, no encuentro palabras.
Según la brillante reflexión de la cuarteta de Ramón de Campoamor (erradamente adjudicada a W. Shakespeare)  En este mundo traidor, nada es verdad nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira”, todos los seres humanos estamos irreversiblemente maniatados por la citada subjetividad y esta circunstancia nos hace falibles en cualquier reflexión. Todo criterio, conclusión o veredicto siempre está teñido por esa endeble ecuanimidad en la que vivimos, observamos, y pensamos. Nuestras ideas y nuestros juicios están filtrados por nuestra particular perspectiva, o sea, por el color del cristal con el que miramos.
En la Administración pública es una expresión aprovechada frecuentemente para tratar de explicar aquellas ocasiones en las cuales un jefe o líder hace interpretación, apreciación, o aplicación, de reglamentos a su albedrío, que no es coincidente con la exégesis general, con la pretensión de que sea acatada aunque no sea compartida. En esos casos arbitrarios se dice que la persona en cuestión aplica la ley Campoamor.
Es lo más se cercano a como yo percibo lo que nos sucede. Cuando uno escucha a los políticos rivales, de diferentes bandos o tendencias, da la sensación de que todos llevan razón, especialmente tras analizar sus resultados electorales, donde parece que todos ganaron. De ahí que, sin menoscabo de que mi criterio personal sea partidario de alguna de las partes, como solía repetir un amigo: yo, me declaro en confusión, lo mire con el cristal que lo mire, circunstancia que en absoluto atenúa mi confusión.
En mi afán por tratar de simplificar el asunto, de modo recurrente me revolotea una palabra: amnesia. Entiendo que en este país, con honrosísimas excepciones, sufrimos de ese complejo mal que por cierto tiene “sopotocientas” maneras de manifestarse. Al parecer diversos colectivos humanos lo padecen, por lo que no debe ser aventurado pensar que en Venezuela tenemos varias amnesias: unas ejercidas y otras padecidas.
Por un lado está la gente que nos gobierna que -- mi diagnóstico reconozco que es empírico pero al menos me sirve -- a mi entender sufre de amnesia voluntaria casi crónica, además de nada despreciables dosis de ceguera; en argot coloquial diríamos que se “hacen los locos” con la realidad, pues no se acuerdan de nada, especialmente de lo que no quieren acordarse, como aquel lugar de la Mancha cervantina…
En el otro lado se encuentra un país sufriente de todo lo que nunca imaginó que iba a sufrir, pero aguanta estoicamente y aunque se queja, también olvida; van tres lustros largos pero de alguna manera sucede, si me permiten la pirueta, como cantaba Serrat que: “cuando se abre una flor al olor de la flor se “nos” olvida la flor” (el entrecomillado es mío) en su inolvidable canción “Señora”*, claro que para lo que hay que recordar… Aunque por otros motivos, los ciudadanos de este país tenemos otra clase de amnesia, se suele afirmar que no tenemos memoria y no aprendemos, peligrosa generalización, pero algo de verdad debe haber cuando el diagnóstico está tan generalizado y con frecuencia admitido.
Pero sin profundizar en cuestiones médicas, no podría, este trastorno del funcionamiento de nuestra memoria no deja de ser por definición, simplificada eso sí, una forma de amnesia. No creo que sea orgánica, es decir creada por daños traumáticos al cerebro, más bien pienso que pudiera ser algún tipo de amnesia funcional, pero como veo que me estoy metiendo en un jardín que no conozco, prefiero dejar las cosas aquí, aunque en mi ingénita terquedad, me adscribo con Galileo a lo que dicen que dijo, con la boca chiquita eso sí, al abjurar de sus ideas ante la Inquisición para evadir una cadena perpetua: ¡Eppur si muove!, (¡Y sin embargo se mueve!, refiriéndose a la Tierra).
O sea, que sí tenemos amnesia. La lista de lo que deberíamos hacer recordar a los amnésicos voluntarios que nos gobiernan puede perfectamente ser del tamaño de una guía telefónica, nombres no faltarían. Ahora que hay un nuevo parlamento que promete jugar limpio, tengo la ferviente esperanza de que puedan liberarnos, ya que nos representan, de esta amnesia que padecemos y nos conviertan en ciudadanos con memoria, es decir: normales. 
* En estos links disfrutarán de la canción de Serrat en dos inolvidables videos.
Por J.M. Serrat          https://www.youtube.com/watch?v=tyS7Y34kE1c  



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