lunes, 27 de octubre de 2014

LUIS MEDINA, Pacífico Medina, el último guasinero


Guasina, es una remota isla situada en el inicio del Delta del Orinoco, que fue usada como campo de concentración y exterminio de hombres, en su mayoría jóvenes, que no pudieron huir del país durante tiranía militar perezjimenista. Todos esos hombres eran adecos o comunistas que luchaban afanosamente contra la dictadura, se les conocía como los hombres de la resistencia. 
Pacífico Medina fue unos de esos muchachos idealistas que por su convicción y ética en la lucha política fue enviado a la isla, junto con 130 compañeros, en las sucias y destartaladas bodegas de un viejo vapor que partía de Maiquetía. El grado de hacinación, calor y tortura en ese barco, fue de tal magnitud que los que llegaron vivos, estaban sufriendo de disentería. 
La orden del alto gobierno era la tortura física y mental hasta lograr la muerte de los reos políticos.
Como estaban construyendo las barracas y calabozos, los mismos presos debían descargar el vapor, donde venía el cemento, la arena y otros materiales. Las carretillas se atascaban en la arena y los presos bajo el maltrato de la Guardia Nacional, quienes a palos los obligaban a continuar.
Los que no murieron por el trabajo forzado y las torturas, continuaban representando un peligro por su coraje y altivez, por lo que fueron sometidos a un sistema de exterminio nunca jamás conocido: los montaban en una canoa con las manos amarradas a la espalda y les pasaban una navaja por la barriga y los tiraban al río. Los peces caribes se ocupaban y en media hora salía la osamenta a flote, impulsada por la fuerza demoledora de los peces tratando de engullir los restos de carne pegada a los huesos.
El joven Pacífico Medina, de 24 años de edad, casado, con dos hijos resistió 8 meses el infierno y salió vivo de Guasina por una casualidad de la vida. 
Pedro Estrada jefe policial del régimen, se había curado en su juventud de una tuberculosis, temperando en el fresco clima montañoso de una Hacienda cafetalera, situada en las serranías de Tácata, perteneciente a Luis Enrique Pérez, padre de la que fuera su futura esposa, Hilda. 
Pagó el favor recibido, liberando al joven adeco.
Había caído preso en la casa del aguerrido héroe de la resistencia Castor Nieves Rios, en la ciudad de la  Victoria, hombre del pueblo, con un par de cojones, que hicieron temblar a más de un poderoso enchufado del régimen.
Los acontecimientos sucedidos en la isla de Guasina y más tarde en Sacupana, asi como las torturas y asesinatos realizados por la policía política, la tristemente célebre Seguridad Nacional, se encuentran detallados en los libros escritos por un verdadero hombre de izquierda: José Agustín Catalá, quien sufrió junto a Pacífico, los rigores de las cárceles nacionales como la del Obispo y la Seguridad Nacional en Caracas, luego remitidos a las de Barcelona y Ciudad Bolívar.
 Invito, sobre todo a los jóvenes, a leer la verdadera historia política moderna de Venezuela en sus páginas.
Cuando Pacífico salió en libertad y llego a su hogar en Maracay, todavía bajo la dictadura, sufrió en carne propia la actitud cobarde de amigos y familiares; si venia por una acera caminando se pasaban para la otra, para no saludarlo, por temor al régimen. Recuerdo que se hablaba en susurro para que las paredes no oyeran.
Todavía de pantalones cortos, sintió la influencia del sentimiento democrático que despertaron en él, amigos como Godofredo González y José Antonio Pérez Díaz, lideres democráticos, fundadores del partido Copei, pero su admiración política fue la figura de Rómulo Betancourt. Me acuerdo de niño que papá no pisaba el club del Circulo Militar, porque la ética partidista le impedía a un verdadero adeco codearse con militares y curas asimilados.
Trabajó como contabilista en la Tabacalera Nacional y llegó por méritos y estudios a ser gerente de relaciones públicas e industriales por varios años de esa empresa. Fue llamado a ocupar el cargo de Contralor y luego de Secretario de gobierno del estado Aragua durante el primer mandato de Carlos Andrés Pérez, donde lucho contra la mafia de las empresas de seguros que estaban desangrando al estado, estorbó por honesto y renunció antes de convalidar tales tropelías.                
Pacífico Medina nos dejó hoy, 26 de Octubre del presente año, a los 91 años de edad y se fue feliz por haber consolidado una simiente familiar muy sólida, de profundos principios éticos y democráticos, pero con el sabor amargo de ver a Venezuela sometida y humillada por el oprobioso tufo de la bota militar, subyugada por Cuba y gobernada por malandros y pranes.
Que la testosterona de estos hombres de convicción democrática, impregnen a nuestros lideres, para que cada hombre que crea en una salida de derecho, despierte, porque ya las mujeres de esta Patria han hecho lo suyo.  

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