viernes, 19 de septiembre de 2014

PEDRO PABLO FERNÁNDEZ El que mucho abarca…

FOTOGRAFÍA: IFEDEC
El modelo que se ha venido imponiendo en Venezuela, al que llaman socialista, busca que el Estado produzca, controle y regule todo y al construir un Estado todopoderoso han destruido el sector privado
La riqueza de un país es como una gran torta. Todos contribuimos en su preparación. Una parte importante la aporta el Gobierno al explotar y comercializar el petróleo pero el sector privado tiene un papel fundamental. Cuando me refiero al sector privado hablo desde las grandes empresas como Polar hasta el campesino que siembra café en Biscucuy, el que siembra naranjas en Caripe, la señora que vende empanadas en Playa Colorada y la cocinera que hace arepas en una arepera de Caracas. Todos contribuimos en la elaboración de esa gran torta. 
Cuando el sector privado crece la riqueza nacional se hace más grande y nos beneficiamos todos. Nos beneficiamos cuando vamos al mercado y encontramos harina, carne, pollo, aceite, leche, pañales, medicamentos, zapatos, champú, jabón, carros, motos, etc.; se benefician los jóvenes porque tienen oportunidades de empleo y el Gobierno porque a través de los impuestos obtiene más dinero para cumplir con su misión. 
El modelo que se ha venido imponiendo en Venezuela, al que llaman socialista, busca que el Estado produzca, controle y regule todo y en ese esfuerzo por construir un Estado todopoderoso han destruido el sector privado y han hecho que la torta de la riqueza nacional se pasme. 
El que mucho abarca poco aprieta. Cuando el Gobierno se pone a realizar actividades que son propias del sector privado lo que hace, en el lenguaje repostero que caracteriza a este artículo, es poner la torta. Esto se puede ver perfectamente con nuestra industria siderúrgica. Sidor llegó a producir 4,5 millones de toneladas de acero y llegamos a exportar 2,3 millones. Sidor producía todas las cabillas que necesitábamos en el país y generaba divisas. Fue expropiada y este año su producción no va a llegar al millón. En Venezuela tuvimos todo el cemento que necesitábamos e incluso llegamos a exportar. El Gobierno expropió las empresas de cemento y ahora lo tenemos que importar. No conseguimos cemento y cuando finalmente lo hacemos lo tenemos que pagar más caro hoy que está en manos del Estado que cuando estaba en manos privadas. Es inconcebible que las casas de la Misión Vivienda se estén construyendo con cabilla y cemento importado. 
En 1998 Sidor aportaba al Gobierno vía impuesto miles de millones de bolívares y representaba una fuente de divisas para el país. Hoy produce pérdidas mil millonarias que el Gobierno tiene que cubrir con dinero de todos los venezolanos. El Estado ahora debe resolver problemas que tenía resuelto el sector privado. Tiene que importar todo lo que se ha dejado de producir aquí y atender el costo social de la destrucción de los empleos y los recursos que tiene no da para tanto.
Soy contrario a la tesis neoliberal según la cual el Estado debe abstenerse de interferir en la economía y dejar que la mano invisible del mercado haga su trabajo. Para mí el Estado tiene un papel fundamental que cumplir como regulador y como promotor de la economía. El Gobierno tiene que desarrollar políticas que contribuyan a que tengamos una economía moderna que permita a todas las familias venezolanas superar la pobreza y alcanzar un ingreso que para vivir con dignidad. 
Durante la semana pasada tuve una reunión con gente de Río Chico donde me manifestaron la angustia que están viviendo por la disminución de la afluencia de turistas en la zona. Con el abandono de las haciendas cacaoteras, la economía de Río Chico y los ingresos de las familias han pasado a depender del turismo y sin turistas están fritos. Me explicaban que el turismo ha ido cayendo por tres factores: inseguridad, agua y luz. Una señora me decía: “¿Quién va a venir a Río Chico si sabe que no va a conseguir agua dulce al regresar de la playa y además corre el riesgo de que lo asalten?”. Ahí están las tareas que el Gobierno debe cumplir y no cumple. El Gobierno no tiene por qué acabar con Agroisleña, ni quebrar las empresas de cemento, ni ponerse a producir ineficientemente aceite, cabillas, ni gastar fortunas en mantener una empresa como Sidor.
Si el Gobierno garantiza la seguridad, hace las inversiones para que haya energía eléctrica suficiente y garantiza los servicios públicos se crearán las condiciones para que se desarrolle la industria turística en todo Barlovento. Es así, desarrollando una economía que brinde oportunidades, como el Gobierno puede contribuir con el objetivo más importante: la superación de la pobreza.

 @pedropabloFR

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