JOSE MANUEL PALLI:
El paraíso de las falsas opciones
Es curioso ver como algunos que, en otro
contexto, estarían a favor de la libertad de cada quien de hacer lo que le
venga en gana (como lo estaría cualquier idólatra de Ayn Rand), cuando se trata
de la relación entre Cuba y los Estados Unidos se deshacen en alegatos en favor
de restringir esa libertad.
¿Cuál es el temor? Los índices, como el
recientemente publicado por el Heritage Foundation según el cual Cuba está a la
zaga del resto del mundo como país capaz de atraer la inversión extranjera,
están al alcance de cualquiera que tenga acceso a Internet. ¿Por qué no
permitirle a cada inversionista que tome su decisión individual conforme a su
leal saber y entender, en lugar de prohibirle a los inversionistas de los
Estados Unidos invertir en Cuba?
El temor de quienes se aferran a la política
de los Estados Unidos hacia Cuba que durante más de cincuenta años ha sido
claramente inefectiva parece estar vinculado al anuncio de una inminente
reforma de la Ley Cubana de la Inversión Extranjera, prevista por el gobierno
cubano para este mes de marzo. Sus razonamientos, mayormente basados en teorías
económicas o de negocios, curiosamente omiten toda referencia al pésimo negocio
que ha sido para los Estados Unidos mantener una postura frente a Cuba que
jamás ha sido rentable (al punto que algunos de ellos hasta niegan que exista
un embargo contra Cuba).
Señalan, entre otras cosas, la importancia de los derechos de
propiedad, ausentes en Cuba, porque la propiedad que regula el ordenamiento
jurídico cubano no se asemeja a lo que nosotros llamamos propiedad. Hace años
leí un comentario de un periodista peruano (heredero de un brillante novelista
premiado con el Nobel) que sostenía que en México, y en virtud del artículo 27
de la Constitución Mexicana, los derechos de propiedad eran prácticamente
inexistentes. Para mí fue una sorpresa, puesto que llevaba años emitiendo
pólizas de seguro de titulación o title insurance a miles de
americanos que compraban derechos sobre bienes inmuebles situados en México,
sin que las compañías aseguradoras que me respaldaban –todas ellas también
americanas– hayan tenido que pagar, hasta el sol de hoy, un solo centavo de
indemnización bajo ninguna de esas pólizas que yo mismo emití.
También señalan, y es cierto, que las
restricciones que la Ley Cubana de Inversión Extranjera impone a los
inversionistas extranjeros a la hora de contratar a su personal en la isla son
absurdas y resultan un anacronismo en el marco de los ajustes que Cuba está
haciendo a su modelo socioeconómico, y es de esperar que las modificaciones
anunciadas por Cuba a esa misma ley eliminen dichas restricciones. Pero esa
posibilidad no aparece, aparentemente, en la bola de cristal a la que recurren
invariablemente nuestros “expertos” o “cubanólogos”; todo lo que parecen ver en
ella es la marcha atrás que, según ellos, dará Cuba una vez que su economía
“rebote”.
Pero me da la impresión de que ven algo más, también vinculado
al mercado laboral, en esa misma bola de cristal sin la cual la “ciencia” de la
cubanología es inconcebible: y lo que ven no es otra cosa que el aumento en
nuestra ya elevada tasa de desempleo cuando quienes viven de la industria del
anticastrismo y del lobby a favor del embargo se queden en la
calle una vez que se normalicen las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
Los cubanos vivimos acorralados por una serie de opciones falsas
que nos llevan a establecer una barrera que nos impide reflexionar y dialogar
sobre el futuro de nuestra nación, barrera que han construido, cual guarimba,
quienes quieren convencernos de que la única opción frente al modelo que ellos
defienden a capa y espada es el diluvio, o como ellos prefieren llamarlo, “el
comunismo”.
Es hora de desmontar esa guarimba, porque por mucho
que nos pese, pensar la Cuba del futuro implica ver su realidad tal y como es,
y esa realidad desmiente toda posibilidad de construir ese futuro excluyendo
otras opciones o modelos que no sean o el actualmente vigente, que ya está en
un proceso de ajustes, o el que estos soñadores trasnochados pretenden
imponerle, que permanece sumido en la intransigencia y la fantasía de un
paraíso que no existe.
Abogado cubanoamericano.
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