miércoles, 5 de febrero de 2014

JOSE MANUEL PALLI: Cuba, la CELAC, Miami y los números

JOSE MANUEL PALLI: Cuba, la CELAC, Miami y los números

 
 

 <span class="cutline_leadin">El secretario </span>general de la ONU, Ban Ki-Moon, visita la Escuela Latinoamericaa de Medicina en La Habana, el 28 de enero.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, visita la Escuela Latinoamericaa de Medicina en La Habana, el 28 de enero. 
ADALBERTO ROQUE / AFP/GETTY IMAGES


Confieso que no soy hombre de números. Por ejemplo, nunca pude encontrar la simpleza en la “regla del tres simple”, que sigue siendo un misterio insondable para mí.
En general, las estadísticas, las encuestas, losrankings –como aquellos que ordenan a los países según su transparencia, ‘gobernanza’, vigencia en ellos del ‘estado de derecho’, etc.– y los índices (de institucionalidad, de democracia, de derechos de propiedad, de facilidades para hacer negocios), me parecen un “tumbe”, porque son proclives a caer en una visión sesgada de la realidad, coincidente casi siempre con la de quienes confeccionan las estadísticas, las preguntas para las encuestas y los rankings e índices.
Pero no puedo sino reconocer que, como de costumbre, mi postura va de contramano y me coloca en una muy pequeña minoría, ya que los mejores y más afamados columnistas, economistas, politólogos y “expertos” de toda índole, esperan la publicación de ese tipo de información para desglosarla, analizarla, proyectarla, todo esto con el beneplácito aparente del público en general, que sigue con interés ese tipo de rutinas. Mi conclusión: el “raro”, o el “total y completamente equivocado”, como se dice en buen cubano, debo ser yo…
Pero a veces me rebelo, ya no solo contra el dictado de los números sino incluso contra esa conclusión de que mi rareza me convierte en equivocado. Y si hay algo que alienta mi rebelión es el privilegio de vivir en esta ciudad de Miami, último bastión (que Dios lo conserve inexpugnable) de los porfiados, de quienes vamos a contramano, de quienes aun cuando sabemos que nuestra opinión y nuestra visión del mundo es, no ya minoritaria, sino que coincide apenas con la del 1 % de nuestros congéneres, la defendemos a muerte sin jamás contemplar la posibilidad de enmendarla.
Y a las pruebas me remito.
Mas allá de las reiteradas votaciones en la Asamblea General de la ONU en las que nuestra receta para liberar a Cuba es rechazada cada año en proporciones numéricas apabullantes (menos del 1 % de sus miembros nos apoya), en nuestro propio Hemisferio, es decir, entre quienes más se parecen a nosotros los cubanos (o se parecían, hasta tanto pasamos a ser “cubano-americanos”), superamos ya esa estadística. En la reunión de la CELAC celebrada en La Habana participaron la casi totalidad –en Hialeah ahora llaman “Ricardo Martinelli” al edificio que antes se llamaba “Raúl Martínez”– de las naciones de Latinoamérica y del Caribe, y el Secretario General de la OEA (que visitó Cuba por primera vez en más de medio siglo) y el de la ONU.
En Miami vemos esa unanimidad en contra de nuestra opinión y visión del mundo (unanimidad que, suponemos, legitima a un régimen que hace añares que ya cuenta con esa legitimidad) como viciada por una serie de factores, a saber: Insulza, Ban Ki-moon, y los líderes de todas las naciones del hemisferio que se dieron cita en La Habana son, indistinta o acumuladamente, (a) tarados y/o ingenuos; (b) venales, y han sido “comprados” por el oro de los Castro; o (c) cobardes, y temen llevarle la contraria a quienes ejercen el poder en esa “superpotencia del mal” que es Cuba y regentean, desde allí, media docena de otros países.
Muchos en este nuestro patio mayamero dirán: “¿Y a mí qué?”, sin contemplar ni remotamente la posibilidad aquella, la de mi conclusión original, de que los equivocados pudieran ser ellos, y no el 99 % de la humanidad.
Y es esa actitud y esa fe inquebrantable lo que me da fuerzas para consolidarme en mi rebelión ante los números de los “expertos” hacedores de índices y rankings: señores del Banco Mundial, guárdense todas esas encuestas y estadísticas para tarados, ingenuos e incautos; yo a mis clientes mayamerosles voy a recomendar que hagan negocios en Zimbabue, pero desde Malabo, donde se habla el español, y donde, a raíz de la crisis de vacas flacas que nos acompaña desde hace más de siete años (las gordas deben estar al doblar), se vive hasta mejor que en España.
¿Que estoy loco? ¡Qué va! Los locos son los de afuera… Los mayameros somos los únicos con la lucidez y la inteligencia para ver el mundo tal y como es.
Abogado cubanoamericano.

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