GRANDE ENTRE LOS
GRANDES
Oswaldo
Álvarez Paz
Ayer se votó en Venezuela para elegir alcaldes e
integrantes de los concejos municipales de trescientos treinta y cinco
municipalidades del país. Para el momento de escribir desconozco los
resultados. Ya habrá oportunidad para analizarlos. Por ahora sumaremos nuestra
voz a la de quienes han dedicado muchas cuartillas a la obra de ese gran hombre
que fue Nelson Mandela. Un ser humano integral. No un extraterrestre, ni
alguien ubicado tan encima de la realidad que la ignoraba o no la percibía.
Todo lo contrario. Fue un luchador insigne, con altas y bajas, derrotas y
victorias existenciales, pero de una integridad a toda prueba.
Mandela recibió el Premio Nobel de la Paz en 1993.
Casi un año antes de asumir la Presidencia de Sudáfrica. A pesar de lo
devaluado que en ocasiones pareciera esta distinción, adquiere especial
significación al compartirla junto al titular de entonces, F. W. de Klerk,
líder del conocido Afrikáner, quien hizo posible la transferencia del mando
luego de elecciones democráticas celebradas por primera vez. Para los grandes
entendimientos que concretaron la paz, participaron todos los sectores,
especialmente los históricamente más antagónicos. Pero de singular importancia,
la generosidad, desprendimiento y visión de quien era la cabeza visible del
sector marginado, social y políticamente injuriado y sometido.
27 años de prisión, es mucho tiempo. Salir de la
cárcel “a lo Mandela” es propio de seres superiores. Paro no todo ha sido amor
y flores. Él se empeñó en nombrar la Comisión de la Verdad y la Reconciliación,
para que la historia quedara escrita como sucedieron los hechos y no como un
recuento de las partes. Lo hizo en nombre de la justicia, que nunca debe estar
ausente para que las cosas adquieran la debida trascendencia.
Sin embargo, llama la atención que la inmensa mayoría
de los análisis sobre la vida y obra de Madiba, se limitan a los años
posteriores a su prisión. Muy poco sobre el período carcelario y prácticamente
nada, con relación a la primera parte de su vida. Se trataba de un luchador
insigne e incansable, hasta el punto de integrarse como abogado a la
resistencia armada contra el apartheid. Esa estructura no fue cualquier cosa,
ni los 27 años de cárcel, justa o injustamente padecidos, fueron por simple
capricho de los gobernantes. Se trataba de una batalla existencial exigente al
extremo, en la cual Mandela se jugó completo presente y futuro. De allí el
enorme éxito alcanzado a costa de sacrificios con lo convierten en el héroe contemporáneo
más importante de la humanidad.
Después, en la cárcel, en libertad, como presidente de
su país y como ciudadano del mundo, se convirtió en punto de referencia
obligado para todas las causas que se libran por la libertad y la justicia.
oalvarezpas@gmail.com Sábado, 7 de diciembre de 2013
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