miércoles, 5 de junio de 2013

OÍDO EN LA CHATA La pirenaica venezolana



VÍCTOR JOSÉ LÓPEZ

La imagen de Henrique Capriles que vemos en la pantalla de la computadora es la de un ferviente luchador en campaña.
Es la del líder de la rebelión cívica, entregado en cuerpo y alma en su lucha ante la ignominia. Henrique Capriles da más el más aspecto de Ecce Homo, que de aquella imagen juvenil que veíamos frente a las avalanchas de pueblo, que trotaba por las calles de la nación,  de aquel joven contrincante fervoroso que denunciaba la ignominia, la corrupción y las mentiras del régimen fascista que cada día hunde más a la nación venezolana.
 Su voz, la voz de Capriles que escuchamos desde su bastión rebelde ya que le impiden el uso de los canales abiertos para que como ciudadano diga su mensaje, es la voz de la esperanza de un pueblo. 
La voz de Capriles es la misma voz que escuchó el pueblo republicano desde los micrófonos de Radio Pirenaica, aquella emisora clandestina que iluminó la ilusión del pueblo español, durante aciagos días de la Guerra Civil.
 Mientras Henrique tiene aspecto de luchador permanente, firme ante la causa de la Libertad, el aspecto que nuestra imaginación nos da de la misma figura que tenemos tatuada desde niños de nuestro Libertador Simón Bolívar, ascendiendo las cumbres andinas para llevarle un ramo de olivo al pueblo azotado en el inicio de su Campaña Admirable.
Es admirable la lucha que conduce Henrique Capriles...
 Todo ese ejercicio imaginativo, ocurre cuando vemos en la pequeñísima pantalla del ordenador la imagen del héroe republicano. Mientras, en las pantallas de las decenas de emisoras al servicio del régimen en la Red Nacional de Televisoras, aparece la elefantiásica imagen del invasor de Miraflores, con su de incoherente y amenazante discurso, repleto de mentiras, mintiéndonos sobre el futuro de su gestión pública. 
Nunca habla de hechos realizados, se refiere a una filiación con Chávez, inventada para enchufarse en la presidencia, obedeciendo el mandato hegemónico del arquitecto del desastre.
Mientras a Capriles le cierran cámaras y micrófonos para expresar su mensaje, al pueblo se le abren en el horizonte de la esperanza los caminos de la imaginación, iluminados por la luz de la Libertad. 

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