miércoles, 5 de junio de 2013

EDITORIAL DE EL COLOMBIANO DE MEDELLÍN


ILUSTRACIÓN MORPHART

Pasos de animal grande

Otra vez Venezuela y sus aliados le muestran los dientes a Colombia por cuenta de su legítimo derecho a la cooperación internacional. Ahora es la OTAN la excusa para desaprobar nuestra agenda. ¿A qué le temen?

EL COLOMBIANO | Publicado el 5 de junio de 2013
Dejamos abierta la posibilidad de que el Presidente Juan Manuel Santos haya sido ambiguo en su declaración sobre la aspiración de Colombia de ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Primero, porque él mismo sabe que no es posible pertenecer como miembro activo en ese organismo. No es sino coger un mapa para advertir que estamos demasiado lejos, en términos geográficos, con esa agrupación multilateral.

Segundo, como ya lo dijo la propia OTAN, eso está descartado, mas no la cooperación bilateral que sus miembros puedan suscribir con otros países que, pese a no ser miembros principales, sí pueden obtener la categoría "Extra-OTAN", como ocurrió con Argentina, que después de casi una década de tener esa credencial, la perdió hace casi dos años por decisión de EE. UU.

No conocemos una reacción en cadena contra esa soberana decisión, primero durante la administración de Carlos Menem, ni mucho menos después en la era de los Kirchner.

Tal como sucedió con la visita del candidato Henrique Capriles a Bogotá y su posterior reunión con el Presidente Santos, ahora sí el vecindario socialista pone el grito en el cielo y a Colombia en la lista de los "conspiradores" contra la revolución bolivariana.

De nuevo, parece que hay que pedirles permiso a Venezuela y a sus aliados del Alba para buscar la cooperación internacional que se necesita en la lucha contra el terrorismo y el delito transnacional, no pocas veces originado en sus propias entrañas.

A razón de qué la política internacional de Colombia debe pasar primero por Caracas y recibir desde allí el visto bueno, so pena de "descarrilar" o de propinarle "puñaladas" a la integración binacional y hemisférica.

Si alguien le ha puesto palos en la rueda a la integración latinoamericana han sido organismos como el Alba, Unasur y la Celac, que no sólo han cerrado las puertas de Estados Unidos y Canadá, sino que las han abierto de par en par para recibir allí dictaduras como la cubana y la iraní.

Es Venezuela la que debería estar dando explicaciones sobre su programa armamentístico y sus multimillonarias compras de equipos bélicos a Rusia, China y el propio Irán.

De pronto, encontraríamos más justificable esta andanada de críticas y descalificaciones contra Colombia por el simple hecho de buscar la cooperación de la OTAN. ¿Qué esconden? ¿Por qué temen? ¿Será que sienten pasos de animal grande?

Ahora, ¿por qué el Presidente Santos hace este anuncio en medio de una crisis diplomática aún no resuelta con Venezuela?

El que lo haya hecho frente a toda su cúpula militar arroja muchas respuestas. Y, sin duda, hay detrás de él un mensaje de apoyo y reconocimiento a las Fuerzas Militares, que la semana pasada, en medio de la crisis con Venezuela, le renovaron su obediencia y respaldo a su gestión.

Ahora, ya entrado en gastos, el Presidente Santos no puede echar para atrás su política internacional de cooperación y, menos, por presiones indebidas de algunos de sus vecinos. Lo que sí debería revisar es la forma en que hace los anuncios, porque a la diplomacia le hace tanto daño el apaciguamiento como la ambigüedad.

Ojalá nuestra Canciller María Ángela Holguín no ceda ante las presiones desde Caracas y mantenga a raya a quienes quieren negociar nuestra soberanía e independencia democrática.

La Asamblea Extraordinaria de la OEA, que comenzó ayer en Guatemala, resulta un buen escenario para ponerles límites a las cada vez más frecuentes y abusivas intromisiones de nuestros vecinos en los asuntos internos de Colombia.

Va siendo hora de dejar en evidencia quiénes son, en realidad, los que le apuestan a la desintegración hemisférica.

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