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¿Se acuerdan de la película Fresa y chocolate, una exitosa obra cubana que denunciaba la persecución contra los gays bajo régimen castrista? Maduro aprendió de allí. Eso se conecta en este análisis con una visita al Complejo Teresa Carreño. Hay carteles pegados por todas partes: todos le hablan al comandante Chávez
Sebastián de la NuezAyer estuve en las inmediaciones del Complejo Teresa Carreño, mirando las escaleras mecánicas detenidas y la fila doble de gente que deseaba entrar a la sala «José Félix Ribas». En especial me detuve un buen rato en Librerías del Sur, un sitio lleno de posibilidades para encontrar libros que por lo común no se hallan en otras tiendas del mismo ramo. Y viceversa.
Como se sabe, esta red pertenece al ministerio de la cultura bolivariano. Hay varios volúmenes de la Biblioteca Ayacucho, a excelentes precios. De Monte Ávila Editores se ofrecen títulos en diferentes colecciones, aunque uno no podría apostar a una amplia y perseverante ecuanimidad en la selección de autores. Pero en general en el lugar conviven propuestas sin pelearse: Haydée Santamaría en la misma mesa con Eugenio Montejo, por ejemplo. Hay libritos a dos bolívares y librotes muy bien editados como el segundo tomo de las obras completas del filósofo Federico Riu por doce. Sin ir más lejos, La vida inútil de Pito Pérez, del mexicano José Rubén Romero, se lo lleva usted por menos de lo que cuesta llenar un tanque de gasolina.
En muchas portadas verá el jeroglífico que distingue a la editorial estatal El Perro y la Rana, a veces acompañado del sello CULTURA – CORAZÓN ADENTRO – MISIÓN SOCIALISTA. Lo único realmente discordante es que desde las paredes te observa Chávez. Así es. Te mira desde afiches muy bien enmarcados como si fuera el Big Brother de George Orwell.
En un rincón yace un grupo de DVD con demasiadas banderas de Cuba en las portadas. Uno no puede evitar recordar la colección del cine clásico en formato VHS que editó en cierta época la Cinemateca Nacional. Los cortometrajes de Chaplin entre 1916 y 1917, o Araya de Margot Benacerraf o películas del cine mudo alemán de los años veinte. Todo eso desapareció de estos anaqueles. Chaplin está ausente de las Librerías del Sur en cualquiera de sus formas o formatos.
***Traté de conseguir una teoría del insulto, una filosofía comparada que atendiese a la valoración que dentro de las filas de la cúpula chavista ha alcanzado el vilipendio. El amable dependiente no encontró nada al respecto pero me mostró los anaqueles dedicados al ensayo político. En efecto, cero materiales sobre el insulto como arma política. Un gobierno que ha marcado pauta en administración de agravios y afrentas no ha puesto a circular ideas al respecto; no hay fuentes de las cuales beber. El discurso de la injuria no ha merecido ni un conversatorio en el Centro Internacional Miranda, creado, según reza su página web, para promover y difundir la democracia participativa y protagónica.
El candidato Nicolás Maduro ha insinuado en varias ocasiones la posibilidad de que Henrique Capriles sea homosexual. Lo ha hecho, digamos, de forma artera y a través de algún sarcasmo. Se supone que la condición de homosexual –sea cierta o mera superchería− lo descalifica como candidato para ser presidente de la República. En una ocasión, no muy lejana, a Maduro se le escapó el mote de «mariconsón» para referirse a Capriles. Quisiera recordar aquí la película Frase y chocolate, un clásico del cine cubano, del director Tomás Gutiérrez Alea. La palabra mariconsón, por cierto, es de uso muy homofóbico y muy cubano.
Fresa y chocolate es una película sobre la amistad, la seducción y el rechazo. Diego (Jorge Perugorría), un joven culto, homosexual y escéptico, se enamora de David (Vladimir Cruz), comunista heterosexual lleno de prejuicios e ideas doctrinarias. Esto sucede en La Habana de los años ochenta. A partir de estos dos personajes tan contradictorios hay un encuentro, cierta fascinación. David está hambriento de espiritualidad a pesar de su machismo, y su contrafigura es la rebeldía y la sensibilidad en pasta que va a tratar de seducirlo.
Dice R.H. Moreno-Durán que la seducción, más allá de la simple y superficial galantería, es la más sofisticada escala de comportamiento alcanzada por el hombre en la evolución del trato social. De allí que el homosexual Diego lidere una serie de diálogos, especialmente en los primeros minutos del film, dignos de una antología de la gracia y el melindre. Llevado con mesura, ajeno al aspaviento, es la antítesis de la exageración. En sus manos, David habrá de perder no su virginidad (no al menos en algún sentido corporal) sino el yugo mental al partido rojo que antes lo neutralizaba.
Mucho más allá de lo hormonal, David y Diego establecen una relación para la rebelión, el cambio y el enriquecimiento mutuo en medio de un entorno político hostil. «Un hombre que no le es fiel a su sexo, menos podrá serle fiel a la revolución», dice Miguel, el representante gubernamental en la película. David se empeña, además, en montar una exposición de tallas marianas en cierta embajada no identificada. ¿Religión, cultura fuera del ámbito estatal, una embajada de por medio y un homosexual tras todo ello? La discordia se prende.
Cierto: la verdadera crudeza del machismo revolucionario está en las memorias de Reynaldo Arenas. Algunos cubanos en el exilio dicen que Fresa y chocolate fue una película calculada pues no mostraba el verdadero rostro de la represión contra las minorías sexuales. Al parecer era norma cortarle a los «mariconsones» el pelo al rape y propinarles patadas en el trasero. En todo caso, el film tuvo éxito dentro de Cuba —donde lo vio más de un millón de personas— y fuera de la isla, ganando varios premios internacionales.
Hay un tercer personaje para completar el triángulo: la ex prostituta interpretada por Mirtha Ibarra, quien se lleva finalmente la castidad de David. Personaje no contemplado originalmente en el cuento de Senel Paz que dio origen a la película (El lobo, el bosque y el hombre nuevo). Su inclusión, iniciativa del propio Senel Paz, autor también del guión, redondea el cuadro patético de soledad y aislacionismo característico de la película, para destacar los valores de comprensión y tolerancia que nacen entre los miembros del triángulo.
Al final Diego habrá de abandonar Cuba, qué remedio le queda, y su decisión implica despedirse de David, pues muy bien sabe que le pertenece a la ex prostituta.
***En ese triángulo de Fresa y chocolate, ¿quién representa a Capriles? No importa; lo importante es que Maduro no está en el triángulo pues es el poder. Con su rodilla en tierra, en pleno ejercicio de su esterilidad intelectual, en esta otra película Nicolás Maduro reproduce un comportamiento de la Cuba cuando no había entrado en periodo de (relativa) apertura. Quizás piense que este tipo de estrategia electoral (pues a fin de cuentas de eso se trata, mera estrategia electoral) le va a reportar ganancias en la contienda del 14 de abril.A lo peor, pues entonces habrá encanallado a esta sociedad.
Quienes estudian a las sociedades exitosas y fracasadas mencionan que las segundas se caracterizan, muchas veces, por no reconocer los efectos perversos de lo que han hecho. Dejarse llevar por los prejuicios es síntoma de una sociedad que se solaza en el fracaso. A lo largo de la historia el hombre y sus instituciones evolucionan. Ir a contracorriente es marchar riendo estúpidamente hacia la época de las cavernas.
Aun cuando no encontré materiales que relacionaran discurso político e insulto, hallé un par de libros que ayudan a pensar en el asunto: El arte de la fuga, de Sergio Pitol, y De Babel a papel, de Adolfo Castañón. Ambos autores son mexicanos.
Del primero tomo una simple alusión a la frase bíblica «en el principio era el Verbo». Es, para Pitol, el más grande elogio que el lenguaje ha recibido jamás. De allí pasa a citar a un formalista ruso que acuñó una derivación de aquella frase: «En el inicio de toda literatura encontramos la forma».
Perfectamente aplicable a la táctica del presidente fallecido. En el principio, desde su por ahora, fue el verbo. Instaló, ya en el poder, categorías y simplificaciones de acuerdo a sus fines. Vació de significado algunas palabras, convirtiéndolas en un arma arrojadiza; puso membretes y sobrenombres allí donde interesaba minimizar, demonizar o encasillar. En el principio del neofascismo también está, pues, el verbo.
Por su parte, Castañón sobrevuela géneros literarios y documentales para entregar en De Babel a papel la rica escena de su pasión particular por la lectura, por el pensamiento universal. Alude a la comparación; ella hace posible la crítica, relectura de lecturas, como método que permite circular entre lenguas y culturas. Hay gente que no imagina el estímulo que la aproximación a la variopinta universalidad cultural encierra. Ver las cosas en pequeño es propio de los espíritus cerrados; es cómodo. Un área de confort rodeada de iconos y creencias resuelve muchas dudas o impide verlas.
Hay verbo por todas partes, es cierto. Hay verbo continuo en las cadenas, en los pasquines, en las vallas.
Hay verbo hasta en los muros de concreto armado. Al salir de la librería te encuentras con una serie de cartulinas en las paredes internas del complejo teatral. Todas comienzan con «Comandante Chávez». Están escritas a mano, con marcador grueso. Por ejemplo: «Comandante Chávez: puedes tener la seguridad que la lucha sigue. Se fortalecerá el Poder Popular que soñaste».
¿No será el poder popular, a la postre, la víctima del insulto, del maniqueísmo, de la falta de miras? ¿No será realmente este poder popular tan manoseado el Diego de Fresa y chocolate?
lunes, 1 de abril de 2013
SEBASTIÁN DE LA NUEZ ... El discurso del insulto o el regreso a la Cuba de los 80
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