(Foto El Carabobeño)dhameliz díaz | ddiaz@el-carabobeno.com
¿Se darán las condiciones para hacer un juicio participativo y crítico de la “revolución en marcha”? El economista Jesús Alexis González estima que sí. Que durante 2013 el poder popular, el pueblo pues, exigirá cambiar la pauta ideológica, política y económica. “Se agotó el modelo de Chávez”, afirma sin atisbo de duda, al analizar cifras, escenarios políticos en desarrollo, insertando a la “terca economía”.
Confiesa que lleva el socialismo en lo profundo de su ser, “porque es justo”, así que es cuidadoso al alertar sobre la “vulnerabilidad” económica que experimenta el país, urgido ya, de que sus ciudadanos establezcan una nueva interacción -palabra clave- entre el Estado poderoso, omnipresente y la economía. “Ha de armonizarse la economía política en función de organizar la producción colectiva, estudiar y analizar cada uno de los factores que la afectan en aras de alcanzar el crecimiento con desarrollo sustentable”.
Dibuja el panorama social, “la diabólica” estrategia de emisiones de dinero inorgánico, para financiar el populismo electoral, el “explosivo” ambiente inflacionario y el lento crecimiento económico, que según el discurso del economista, son los responsables del desabastecimiento, la escasez de bienes y servicios que zarandea a los venezolanos, sean rojos supremos o no. “La realidad de los hechos enseñará que la reactivación económica exige transparencia en el entorno político”.
- ¿Cuál es la radiografía económica del país?
- La esencia de los problemas está en el mismo espacio y tiempo de hace 30 años. Todas esas teorías que formulamos están descontextualizadas, se aplican sin evaluar sus resultados. Por ejemplo ¿Cuál ha sido el impacto de la política cambiaria o de la tributaria?
La inflación, triplicada en los bolsillos de los venezolanos desde enero para acá -dígame si no es así- es cosa rara en el mundo, le recuerda a los desmemoriados y es una revelación para las generaciones que sólo han vivido esta experiencia de trabajar, ganar más y apenas alcanzarles. “Venezuela estuvo 30 años con cero inflación -hasta los 80- y luego fue muy baja hasta aquel famoso Viernes Negro cuando se devaluó la moneda”.
- Hemos visto fracasar al Estado-Providencia, sufrido la pérdida de eficiencia del modelo Rentista-Consensual y propiciado una ilusión de cambio a partir de 1998. Los partidos que alcanzaban el poder se lo repartían por consenso, los recursos y la renta se distribuía -aún es así- para satisfacer el clientelismo. Ahí el meollo del problema.
- Digamos que desde 1980, Venezuela perdió la orientación socioeconómica y política
…
- Y todavía no hemos encontrado la brújula, ataja la pregunta sin concluir. Íbamos por tanteo definiendo el rumbo ¿En qué se tradujo todo esto? Se perdió la credibilidad en las instituciones responsables de proveer bienestar, se acostumbró a la dádiva para asegurarse el clientelismo y se desacreditaron los partidos políticos. Se mantuvo la esencia misma del problema aún con la descentralización, que permitió el surgimiento de los liderazgos regionales y una acción política en contacto con los ciudadanos. Pero hoy, todo es exactamente igual.
¡Que somos un país rentista! Obvio, no hay ni que decirlo. El colectivo espera, inconscientemente o no, que le toque, aunque sea, una “gota” de petróleo, no importa el color de su simpatía política. “El problema de Venezuela es que siempre ha sido un país socialista sin serlo porque es dueña de la mayor fuente de riqueza. Pero esa certeza de que el subsuelo nos da todo, ha soslayado la necesidad de buscar un modelo económico. Y cuando los ingresos por el petróleo no son suficientes para las intenciones del gasto, apelamos a la emisión de dinero inorgánico. Ha sido nuestra triste historia económica y lo seguirá siendo”.
La diabólica privatización
¿Es posible revertir lo que ha sido la historia del proceso económico del país?
- La economía tarda en madurar, así que la historia económica de Venezuela no cambiará con el golpe de timón de un nuevo gobierno. Es como la agricultura, que requiere todo un proceso o el tráfico, los carros no se mueven aunque cambie el semáforo a verde y uno esté desesperado. Según las políticas que se instrumenten, toda iniciativa demorará por lo menos 10 años para que resulte “algo” que marque alguna tendencia económica. Hay quienes sostienen que estamos como en los años 60, si fuera verdad, tendríamos 40 años de retroceso. A mí no me gusta manejar los números así porque me parece grosero, pero no significa que no sea verdad esta evaluación sí está determinada según los niveles del consumo y el salario real. Nosotros, a quienes nos toca enfrentar los problemas de Venezuela agradeciéndole al pasado lo que somos hoy, hemos tenido más movilidad social que nuestros hijos. Vivimos épocas con inflación ínfima, solicitábamos préstamos que podíamos honrar sin que a los 10 años estuvieran modificados con los intereses.
- La movilidad social implicaba tener calidad de vida…
- Hay un concepto del año 1999 de la Organización Internacional del Trabajo que siempre me ha resultado interesante: “el trabajo decente”, porque implica condiciones de empleo que te permite buscar ubicación en sociedad, lo que significa movilidad social. En los barrios, estudiar era garantía para salir de la pobreza y compensar el sacrificio de la madre. ¿Cuándo te das cuenta que ese proceso se ha detenido? Si ya no puedes cambiar la vivienda a una zona donde hay mejores servicios y te ubica en otro estrato social o, ni tan siquiera, independizarte de tus padres. Si lo vemos como economista, en la medida que los individuos progresan, el Estado tiene más tributos, la empresa donde trabajas paga impuestos mientras mayor es su producción y tú también en la medida que subes en la escala social. Teníamos todas las condiciones para dejar de ser solo un país rentista petrolero para transformarlo en medianamente tributario. ¡El Estado no puede vivir de la sociedad, lo ayuda en sus propósitos! Pero aquí lo hacemos todo al revés: el Estado se apropia de nuestras cosas y limita la capacidad de pensamiento y acción. Los 80 y los 90 fueron las décadas perdidas, la del endeudamiento y la diabólica política de privatizaciones por la caída de los precios del petróleo. Era necesaria, pero no por ello santa.
- ¿Pero los niveles de endeudamiento de aquellos años 80 se pueden comparar con los de estos años?
- El endeudamiento durante los 14 años de este gobierno revolucionario, es verdad, ha superado a todos los de la democracia. Nos hemos endeudado más con un precio promedio del petróleo a 100 dólares por barril.
Dignificar al pobre
- ¿Cree que esa lectura económica del país es la del 56% de la población que apuesta a la revolución ahora liderada por Nicolás Maduro?
- No hay ninguna tesis ni modelo económico que no le dé relevancia a los programas sociales. Todo cambio estructural lleva tiempo y los gobiernos alternativamente aplicaban programas de compensación. En una comparación que realicé entre los programas sociales de Carlos Andrés Pérez y los del presidente Hugo Chávez, te voy a decir, los de CAP fueron superiores y el nombrado “paquetico de Miguel Rodríguez”, un buen programa de medidas económicas, muy mal vendidas. Se rompió el modelo de la relación poder- consenso entre los partidos. Estoy convencido que este proceso revolucionario, sin duda, dignificó al pobre, me explico, antes a un pobre le daba pena decir que era pobre; era tímido socialmente y sin haberles resuelto nada, los dignificó, la pobreza se convirtió en rostros, “yo también soy clase social”, no una bazofia como ustedes me veían, soy gente también. Pero -viene el pero- de aquellos que cuantifican las cosas y pueden señalar, que tampoco es que los han sacado de abajo, pero les prestó atención aunque no les haya dado todo.
- ¿Cómo impacta el hecho electoral?
- No es mi tema, pero si volteamos hacia atrás, los pobres ni siquiera dignidad tenían. ¿Cómo pueden abandonar ese sendero de ilusión? El agradecimiento es eterno. Pero pareciera que ciertos sectores les da temor decir que este país no puede avanzar sin programas sociales, mientras encontramos un modelo de desarrollo, la pobreza aumenta la exclusión. Hay que decirlo con franqueza. Tenemos que aceptar como parte del diálogo nacional, que los programas sociales que existen cumplen con un rol sociológico, “alguien estuvo pendiente de los que menos tienen, y al menos les daba un confort espiritual”. No hablamos nunca en función de ese nuevo modelo sociopolítico necesario, porque los anteriores se agotaron y éramos un país sin brújula. Pero tampoco podemos hacer de los programas sociales lo permanente, porque caeríamos en lo de siempre, en el “bendito” petróleo sólo para mantener programas asistenciales ¿Hasta cuándo?
A mi manera de ver, los recursos para sostenerlos deberían obtenerse de los resultados de la actividad económica no petrolera junto a la renta, porque no se está invirtiendo en el país. Un término económico fastidioso, pero la formación bruta de capital fijo en Venezuela está detenida desde hace “añales”. Y si no se está invirtiendo, las estructuras de producción están obsoletas, hay pobreza. ¿Qué hace entonces un gobierno populista? Atiende a los pobres porque son más, asegurándose el triunfo electoral, descuidándose la economía porque no es la prioridad, etc.
La inflación, la falta de empleos decentes que permitan la movilidad social, productividad, inversión necesaria, parecen ser términos que preocupan a la clase media que ve deteriorado cada día su calidad de vida, pero no para la mitad del país que sigue fervorosamente el actual modelo económico “socialista”.
- La clase media se está desinflando y ya está aceptando su condición de pobres dignos. Y la mitad del país valora el modelo económico que mantuvo Chávez mientras vivió, porque les facilitó su vivienda. Todavía esperan con fe que recibirán su casa, aunque sólo se hayan anotado en una lista.
- ¿El agradecimiento es transferible al heredero?
- No lo creo…
- Si en los gobiernos anteriores había programas sociales ¿Qué marcó la diferencia con las misiones?
- Cambiaron esas políticas de Estado para atender los problemas de vivienda, salud y educación, en política para los pobres. Dejarlos eternamente en su misma condición social con aquello de la estrategia de la mano tendida, “haces lo que te digo o hasta aquí llegamos”...
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