Blog de Víctor José López /Periodista

sábado, 9 de marzo de 2013

EL SENTIDO NECROFÍLICO DE LA POLÍTICA

VÍCTOR JOSÉ LÓPEZ
  



















Cuando Hugo Chávez se estrenó como Jefe de Estado ante las masas, sorprendió a los venezolanos con su arenga de "Socialismo, Patria o Muerte".Nada original esta consigna calcada del lenguaje revolucionario cubano, tan poco original como pocas cosas serían originales en su trayecto totalitario.
El teniente coronel se copiaba el "slogan" con el que los barbudos identificaban sus tropelías, atropellos, agresiones que  califican de revolucionarias.
Ni siquiera el afecto a la necrofilia era de estreno en la política nacional, antes que Chávez, también en la búsqueda de mártires y prohombres de su causa Domingo Alberto Rangel recurría en sus discursos a compañeros desaparecidos, por lo que le llamaron "Jurungamuertos".
Chávez y sus compinches cuando miraban hacia atrás, no lograban divisar héroes caídos en el cumplimiento del deber. Necesitaba urgentemente mártires  sobre quienes fundar las bases de un movimiento que exigiera "La Muerte" como pago por una vida heroica, en su misión de apoderarse de la nación.
Fue por ello que los chavistas inventaron héroes fantasmas, como el Guaicaipuro de las fantasías, El Negro Primero, hasta Boves llegó a su lista , con la idea de enfrentar la memoria del Catire Páez. Los chavistas han intentado posesionarse de don Francisco de  Miranda, aquel caraqueño blanco, afrancesado,  que despreciaba a los zambos y los mulatos. Han llegado al extremo de pretender poseer la causa de Ezequiel Zamora, a quien le robaron sus consignas federalistas, lemas descentralizados, posiciones incoherentes con el esbozo del proyecto chavista.
La necrofilia llevó al Comandante en Jefe  -autoascendido, al rango de Fidel Castro- a destapar el sarcófago del Libertador en un deleznable y penoso espectáculo, justificando la injustificable pesquisa  de una necrofilia detectivesca, como si él fuera Sherlock Holmes y sus secuaces forenses doctores Watson.
Mientras, seguía el show, persistía con la arenga cubana de  "Socialismo o Muerte". Hasta que un día, al descubrírsele su sentencia de muerte, sentencia escrita en el pergamino de un sarcoma, con letras y texto del siempre negado cáncer que le aniquilaría, intentó borrar de sus arengas la palabra "Muerte".
Nada se pudo hacer, pues  la "Muerte" le llegó cuando tenía que llegar.
Ahora sus necrofilicos discípulos intentan perpetuarlo, ordenando su embalsamamiento. Quieren "eternizarlo", como dijo Maduro, ignorante Nicolás que las momias también envejecen y se deterioran. Así los casos de Tutankamon, las momias de Guanajuato, aquellos embalsamados de las Catacumbas de Roma, como han envejecido las momias de   Stalin, Mao y de Ho Chi Min, tan deterioradas que las quitaron de la exposición  de la vista pública.
Aún queda Lenín, a la que pronto se le uniría la de Hugo Chávez y no duden que también, más pronto que tarde, la de Fidel Castro.
Es la gran afición por pertenecer a la historia, ser eternos como pretende Nicolás Maduro y como en su día aspiró Sadam Hussein, o como ha prometido el persa Mahmoud Ahmadinejad, Presidente de Irán, que el Comandante resucitará la lado de Jesucristo.
  

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