DESDE EL PUENTE
Oswaldo Álvarez Paz
LA DEMOCRACIA RENACERÁ
La democracia venezolana llegó a su final. Seguimos sin Presidente en
ejercicio y con un gobierno de facto. Actúa al margen y en contra de la
Constitución y del ordenamiento jurídico. El desastre está a la vista. El país
ha venido caminando hacia una especie de resignación pesimista. El ciudadano
común se siente desamparado, sólo, expuesto a males terribles que lo impulsan a
cerrarse sobre si mismo en defensa de su vida y la de su familia, de su
empresa, de su trabajo y de una relativa normalidad que podría alterarse si
manifiesta abiertamente el rechazo a lo existente. Está sometido a los
arbitrarios caprichos ideologizados de una élite gobernante que exhibe
retadoramente como ejemplo y guía, el comunismo a la cubana
del castro-chavismo. Sin embargo, esa tendencia hacia la resignación
está siendo afectada por la rabia, por la indignación y por la impotencia
frente a los males que arrasan con la esperanza de las mayorías de un mañana
mejor. Cuando estos factores llegan a superar el miedo a la represión y a la
violencia, se producen cambios profundos en las actitudes básicas.
La Habana es la capital real del país, sede de un alto gobierno sometido
de manera humillante a la dominación comunista. La Soberanía está en peligro
mortal. La gente lo siente. Este factor sumado a todo lo demás, a las
consecuencias de la reciente devaluación fiscalista, de este atraco a mano
armada contra el bolsillo de los venezolanos, para resolver problemas generados
por la ineficacia y la corrupción del régimen, impulsan a la acción, a la
resistencia activa para provocar el cambio que necesitamos todos.
La necesidad del cambio es compartida por la inmensa mayoría de
compatriotas, incluidos importantes sectores y personalidades del chavismo que
se niegan a ser comparsa de los payasos en ausencia del dueño del circo rojo.
Se trata del principio del final. Podría ser producto de una confrontación
terrible por una Venezuela verdaderamente soberana, libre y democrática. No la
estamos provocando, pero tampoco la evitaremos. Están en juego tanto la
dignidad de la nación como los principios y valores que nos trajeron a la lucha
política. Se trata de la mejor herencia que queremos dejarle a nuestros hijos y
nietos. Merecen crecer y vivir en un país mejor. Es posible lograrlo, pero hay
que luchar.
oalvarezpaz@gmail.com Lunes, 18 de febrero de 2013
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