
ILUSTRACIÓN MORPHART
Las elecciones este fin de semana en Italia marcarán el rumbo político y económico, no sólo del país, sino de toda Europa. Sin un claro favorito, el fantasma de Berlusconi aumenta la incertidumbre.Son los italianos los que saldrán a votar este domingo y parte del lunes, pero es Europa entera la que se juega su futuro.
Como no sucedía hasta ahora, los pronósticos electorales no ofrecen muchas pistas para saber qué puede pasar en estas elecciones legislativas y, menos, si Italia podrá sacudirse del fantasma Berlusconi.
Parece que no será así. Y eso complica mucho más el futuro del país, atrapado entre los escándalos y excesos dejados por Il Cavaliere y la existencia de una profunda inestabilidad económica y política que amenaza con socavar la ya frágil situación de gobernabilidad del resto de la Unión Europea, de la que Italia es pieza fundamental. Para bien o para mal.
El panorama político de los italianos parece una telaraña. Con tantos hilos como vulnerable. Hace unas semanas, al ritmo de las encuestas que aún se podían divulgar, Berlusconi era sólo un asunto del pasado.
El candidato de la centroizquierda, Pier Luigi Bersani, le llevaba al exprimer ministro poco más de 12 puntos en las preferencias, suficientes para mantenerlo alejado de su afán de regresar.
Esa diferencia se ha recortado a escasos cuatro puntos, pero con un agravante: el repunte deGiuseppe "Beppe" Grillo, un comediante medio conocido que entró en la escena política para "levantar los ánimos" de los angustiados italianos y ahora se muestra como una tercera fuerza capaz de desbaratar los pronósticos de Berlusconi y de Bersani, en parte culpables de la aparición de Beppe, al tenor de sus fracasos como gobernantes.
Ante la imposibilidad legal de divulgar sondeos y preferencias electorales, los italianos, incluidos los cinco candidatos al cargo de primer ministro, se apegan a los informes que entregan las calificadoras de riesgo. Y todas, al unísono, activaron las sirenas: "las elecciones este domingo son de alto riesgo para Europa".
Y ese riesgo tiene nombre y figura: Berlusconi. Él mismo lo trata de apaciguar, cuando dice que no aspira a ser primer ministro, sino el titular de la cartera de economía. No se sabe, en las actuales circunstancias sociopolíticas de Europa, si eso resulte un mensaje de tranquilidad o una sentencia.
Lo cierto es que sotto voce, pocos quisieran ver el regreso de Berlusconi a la escena política y, menos, al manejo poco ortodoxo de la economía, cuyas consecuencias aún están pagando los italianos y el resto de Europa, en especial España.
Lo más cierto es que ninguno de los candidatos podrá obtener las mayorías en el Parlamento y tendrán que hacerse coaliciones para obtener la credencial de primer ministro.
No la tiene fácil el presidente Giorgio Napolitano a la hora de tener que tomar decisiones, dado que la fragmentación política hará más ingobernable a Italia, de por sí muy maltratada en su institucionalidad y sometida al régimen de austeridad que le impuso la propia Unión Europea.
En esos extremos, los italianos deberán escoger entre el pasado, llámese Berlusconi, y el futuro, llámese incertidumbre, representada en Bersani y en Mario Monti, el hombre que salió de las comodidades de un banco para atajar la crisis económica que llevaba a Italia hacia lo más profundo del abismo.
Y por si faltara algo para hacer más compleja la situación, entonces ahí está Beppe Grillo, el cómico que quería llevar un mensaje de optimismo a los alicaídos italianos, pero ahora tiene contra las cuerdas a los todopoderosos. Incluido Berlusconi. Así es la política.
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