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| MARCO RUBIO TIENE EN SU MANO UN ENVIDIABLE PÓKER |
José Manuel Pallì
Hay quienes ya están viendo la aparición de nuestro Senador Marco
Rubio en la portada de la revista Time
como un “jinx” o maldición, al estilo
de la que le atribuyen los deportistas supersticiosos a la portada del Sports Illustrated.
Yo sigo pensando
que, aun después del botellazo en que se convirtió su respuesta al
discurso de
rendición de cuentas del Presidente –de corte triunfalista, mas que
contable-
Marco Rubio sigue teniendo una mano de póker que es la envidia de todos
lospolíticos en los Estados Unidos. ¿Cual de ellos no cambiaria sus
cartas por las
que tiene en sus manos nuestro joven Senador?
Y es que entre las muchas y valiosas herramientas con las que cuenta
Rubio, ninguna es hoy mas importante que su bi-culturalismo. Los votantes
hispanos son, hoy por hoy, la vedette del mundillo político en nuestra Nación.
A la par que el mercado de consumidores hispanos ha ido convirtiéndose
paulatinamente en la meca hacia la que orientan sus oraciones muchos de
nuestros negocios y empresas, los votantes latinos parecen tener la llave del
éxito en las elecciones del futuro. El bi-culturalismo en Rubio resalta aun mas
que en otros políticos latinos, porque se suma a otras condiciones y atributos
que le han permitido trascender las fronteras de nuestro estado y capturar la atención (y la imaginación) de
quienes no gustan de esa visión bicultural de la nación que comparten otrospolíticos latinos.
Y comento esto porque, al menos en función de lo que ocurre en nuestra
ciudad de Miami –nuestro portal hacia Latinoamérica- hay un elemento esencial
para este interesantísimo proceso de crecimiento de la presencia y el peso cada
vez mayor de los hispanos en los Estados Unidos que, en mi opinión, no termina
de encontrar su rol: los medios de comunicación orientados hacia el mercadohispano.
Entre los cubanos nos referimos a Miami, desde hace mas de cincuenta
años, como la capital del exilio, sentimiento este que comparten hoy nuestros vecinos de origen venezolano. Yo me
siento orgulloso de pertenecer a esas dos comunidades, indomables en su defensa
de la libertad y la democracia en su terruño, y mi mayor deseo es que
desaparezcan las razones y los problemas que nos han puesto en Miami (aunque
estoy consciente de la necesidad imperiosa de resolver esos problemas in situ entre cubanos y/o venezolanos,
ya que jamás los vamos a resolver desde el Versalles o el Arepazo).
Nuestros medios de difusión locales, al corriente de esta situación y
ante la necesidad de generar mayores ventas y utilidades, dedican un altísimo
porcentaje de sus espacios a la situación en Cuba y en Venezuela. (en alguna
oportunidad almacené portadas de periódicos locales esperando que apareciera
una en la que no habían noticias sobre Castro o Chávez, abandonando mi búsqueda
infructuosa luego de seis semanas…). Quienes en el resto del país se interesan
en lo que ocurre en la América Latina, con frecuencia consultan los periódicos
de Miami, y lo que reciben es una visión distorsionada de la realidad
latinoamericana, visión que irradiamos a todo el país y que impregna hasta a
los políticos en Washington D.C.
Darle tanto relieve a las noticias de esos dos países -casi siempre
desde una visión critica y desde una perspectiva férreamente antagónica (“Anti
– Castro” o “Anti – Chávez), implica restarle espacio a la tarea mas importante
que, a mi juicio, tenemos por delante todos los hispanos que convivimos en los
Estados Unidos, la enorme mayoría de los cuales no se ven a si mismos como
“exiliados”.
Y esa tarea no es otra que la de integrarnos o asimilarnos, no solo a
los Estados Unidos en su totalidad, sino también al colectivo hispano de
diversos orígenes que ya late con fuerza dentro de esta Nación, y cuya fusión
de intereses debiera hacerlo cada vez mas determinante para los destinos de la
misma.
Un medio de difusión hispano abocado a cumplir ese rol de integración
y asimilación debe saber balancear adecuadamente sus posiciones “Anti esto o lo
otro” y adoptar una línea editorial que priorice todo aquello que une a los
latinos en los Estados Unidos, y hacerlo, preferiblemente, en ambos idiomas, el
español y el inglés.
Con el apoyo de medios de difusión como los que describo, todo puede
estar al alcance de jóvenes políticos hispanos como Rubio, cualquiera que fuera
su filiación política o ideológica. Y la
consolidación y el fortalecimiento de su mercado natural con el respaldo
defiguras como Rubio no puede ser sino una aspiración de esos medios de
difusión.

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