Internet, primero, y últimamente Twitter han puesto a bailar a toda velocidad a los protagonistas de nuestra pelota
IGNACIO SERRANO
El Nacional/ viernes 22 de febrero 2013
Apenas 20 años atrás, el fax era todavía un asombro. ¿Qué es un fax?, preguntará hoy más de un adolescente.
Trabajar en la cobertura del beisbol era otra cosa. No existían los teléfonos celulares ni internet, mucho menos Twitter. Un solo reportero cargaba con el acontecer noticioso en cada redacción.
Inolvidables
las llamadas a la oficina de Pedro Padrón Panza en el litoral,
intentando averiguar cuántos peloteros de los Tiburones tenían contrato
en el exterior, y sus nombres.
“El
señor Padrón no está”, atendía la secretaria, una y otra vez. “No, la
lista aún no está completa. Sí, llame mañana, mañana tal vez lo esté”.
Los
equipos eran manejados por familias, con la excepción de los Caribes,
que mantenían una estructura de socios con mayor o menor peso
accionario, y las dos fundaciones que todavía persisten, Magallanes y
Aragua.
Para
tener material “fresco” sobre los venezolanos, algo que no publicara
ningún periódico, buscábamos la interminable tira de numeritos que el
cable de la agencia The Associated Press enviaba cada viernes,
con todos los bateadores con suficientes apariciones legales y los
pitchers con el mínimo requerido de innings en clase A media, A
avanzada, doble A y triple A.
Allí
rebuscábamos qué criollos aparecían, elaborábamos tablas que
publicábamos en entregas, precisábamos quiénes aparecían cerca de los
lideratos. Magglio Ordóñez, Richard Hidalgo, Kelvim Escobar crecían en
las granjas de los Medias Blancas, los Astros y los Azulejos.
La
liga facilitaba la asistencia de los periodistas a cada convención
anual y los reporteros nos sentábamos en la misma mesa en la que se
discutían las condiciones de campeonato.
En El Nacional y El Universal muchas veces aparecía sólo una página diaria con notas de beisbol.
Para
hablar telefónicamente con nuestros grandeligas, era necesario esperar
que estuvieran de gira, saber en qué hotel se alojaban, tener alguien
que revelara el seudónimo bajo el cual estaban registrados y contar con
la suerte de que estuvieran en su habitación al hacer la llamada.
Y
que no se molestaran por haberles contactado a través del campo minado
que usualmente dejaban para defender su tiempo libre, su privacidad o,
simplemente, su deseo de no hablar.
Así era, apenas 20 años atrás.
Ahora, un repaso a los acontecimientos de la última semana en la LVBP , 20 años después.
Yves Hernández, gerente deportivo de los Leones, renuncia a su cargo y la noticia se conoce a través de un tweet que llega desde Chicago.
Otro tweet
asegura que declinó porque será el próximo gerente general de los
Bravos y el principal vocero de ese equipo pasa cuatro días negándolo,
hasta que finalmente lo confirma mediante un comunicado.
Los
equipos levantan a Luis Ávila, presidente del Caracas, una suspensión
cuyos términos y motivos sólo han sido publicados en los medios, a
despecho de la liga, que prefirió silenciar el tema.
Yusmeiro
Petit fue puesto en el mercado, Margarita de nuevo lo negó, y varias
fuentes dieron de inmediato detalles de las conversaciones con La Guaira
, con la velocidad de la web.
Surge el nombre de Oscar Prieto Párraga como posible sucesor de José Grasso al frente de la LVBP y, una docena de tweets luego, el ex propietario de los melenudos ya declaraba en 140 caracteres acerca de lo que le gustaría para la liga.
Los
Tiburones envían un comunicado para anunciar la renuncia por mutuo
acuerdo de Marco Davalillo y 20 minutos después ya Davalillo es ubicado
como próximo piloto de los Bravos, a pesar del nuevo desmentido insular.
Hace
mucho que el ritmo informativo de nuestra pelota dejó de ser un
pasodoble. A sus voceros y protagonistas les conviene aprender a bailar a
toda velocidad.
Publicado en El Nacional, el viernes 22 de febrero de 2013.

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