Blog de Víctor José López /Periodista

viernes, 12 de octubre de 2012

El Blog de Ezequiel


Opositor de Chávez hasta el tuétano

by ezequielkorin
Venezuela es, hoy en día, una nación repartida no sólo en el territorio que se extiende desde la Piedra del Cocuy hasta Castilletes, o desde la desembocadura del Orinoco hasta la ribera del Arauca; es una nación cuyos hijos - por diversas razones - se han diseminado por el mundo, haciéndose incluso acreedores de la denominación 'balseros del aire'. La diáspora venezolana - por así llamarla - se encuentra compuesta principalmente por la otrora clase media de nuestro país, que ante las amenazas o acciones gubernamentales decidió emprender el doloroso proceso de emigración hacia nuevas tierras, algunas veces con mayor desarraigo que otras.
En lo personal, son muchos los ex-compañeros de trabajo, de la escuela o de la universidad, amigos, conocidos y familiares quienes hoy en día hacen vida en otras latitudes. Son muchos los afectos que guardo a varias zonas horarias y miles de kilómetros de distancia.
A raíz de la publicación de una de las entradas en mi blog (¡He allí el fraude!), un muy querido amigo - de esos que conoces hace tantos años que en realidad forman un vínculo de hermandad y hoy residenciado en el sur de la Florida - decidió distribuirlo vía email a sus contactos, amablemente copiándome en la exhortación a su lectura. Tras una extraordinaria introducción sobre el apelativo del texto para él, incluyó un par de líneas sobre mí, a modo de resumen biográfico. Su cita fue:
El autor es Ezequiel Korin, ex-profesor de la UCAB, experto en estudios antropológicos de mercado y opositor de Chávez hasta el tuétano. Esto fue publicado en su blog...
Al ver tal gentileza - más aún hacia un blog que apenas estoy empezando y que deseo difundir - rápidamente procedí a responderle en agradecimiento. No pude pasar de la primera línea, pues mis ojos continuaban prendados a las dos o tres líneas que resumían mi experiencia. Me detuve y releí esas líneas una y otra vez. Había algo que no cuadraba, que me incomodaba, pero que no lograba asir completamente. Tras contemplarlas largo rato, comprendí que la frase "opositor de Chávez hasta el tuétano" si bien describía adecuadamente mi posición política, no encajaba: la condición como ex-profesor de mi Alma Mater había sido por méritos, tras varios años de estudio; mi devenir en el área de la investigación de mercados databa desde que tenía 14 años, habiéndome iniciado en estas lides de las manos de mis padres, ambos también dedicados a la misma labor profesional. No comprendía cómo mi posición política añadía o restaba al análisis plasmado en mi texto. La inclusión de dicha frase me resultó - cuando menos - extraña, incómoda, inusual.
Antes de proseguir con este texto, me permito ampliar un tanto el perfil biográfico (tal como está publicado en este sitio): no nací en Venezuela, sino en Argentina, y vine a parar a estas tierras de Dios con apenas 1 año, hace ya casi cuatro décadas. Sin embargo, mi querido amigo no hizo mención alguna a esta condición, sino a mi adhesión política. Tampoco mencionó que aún vivo en Venezuela y que tengo que sortear - al igual que todos los venezolanos que aquí estamos - los graves problemas que hoy aquejan al país.
Pensé entonces en las distintas clasificaciones que pudiéramos hacer con respecto a las múltiples posiciones políticas hacia el régimen de Chávez: chavistas duros, chavistas moderados, chavistas light, opositores duros, opositores moderados y opositores light. Si quisiéramos, hasta podemos incluir a una incómoda clasificación que se ubica en el medio, considerados como ni-ni.
Adicionalmente, habría que incluir en nuestra segmentación el grado de relación que se tiene con el gobierno nacional: los beneficiarios de las misiones, los trabajadores públicos, los miembros de colectivos, los segregados de PDVSA, los contratistas con empresas del Estado, etc.
Igualmente, sería válido incluir nuestra ubicación geográfica dentro o fuera de Venezuela: los que se han ido, los que se han quedado, los que se están yendo, los que han vuelto, los que nunca se irían, los que nunca volverían.
En esta división, también pudiéramos incorporar el grado de participación electoral, arrojando con ello: los que votaron, los que se abstuvieron, los que emigraron y no se empadronaron en sus respectivos consulados pero retornaron a votar, los que estando en esta situación no volvieron a emitir sus votos, los que emigraron y tuvieron que trasladarse para votar, los que teniendo el consulado a su alcance no se movilizaron, etc. La lista sería prácticamente interminable.
Pero la segmentación de la diáspora venezolana debería también incluir el momento en el cual emprendieron la emigración, pues los motivos han ido cambiando a lo largo del tiempo: los que salieron tan pronto ganó Chávez, los que se fueron tras los sucesos de 2002, los que partieron tras la segunda reelección, los que que se irán al principio de este tercer término, etc.
El resultado de esta híper-segmentación de la sociedad venezolana me resultaba familiar, pues ya lo había vivido con familiares y amigos de mis padres, quienes se sacaban en cara haber permanecido o haber salido de Argentina en tal-o-cual momento, bajo tal-o-cual gobierno militar de los años 70 u 80. Cada uno le reclamaba al otro - con igual validez - haberse ido o haber permanecido; cada uno tenía sus razones, pero le achacaban al otro no haber hecho, o haber hecho demasiado. Siempre terminaban iguales esas discusiones, en nada.
Las innumerables combinaciones que el entrecruce de la ubicación geográfica, el grado de adhesión a la política del gobierno, el momento de haberse ido o quedado, entre otras, terminan por generar una colcha cosida a retazos, en la cual cada uno tiene un espacio, una minúscula parte conectada por algunos hilos, pero definitivamente separada.
El chavismo - como cualquier gobierno - pasará, más temprano o más tarde; de eso no hay duda. La nación que nos quede después de ello dependerá de cuán capaces seamos para la reconstrucción del tejido social que este proceso dejará. Por los momentos, lo que nos queda es - en la medida de lo posible - evitar continuar picando en pedacitos una sociedad que habrá que reconstruir.

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