
Venezuela
es, hoy en día, una nación repartida no sólo en el territorio que se
extiende desde la Piedra del Cocuy hasta Castilletes, o desde la
desembocadura del Orinoco hasta la ribera del Arauca; es una nación
cuyos hijos - por diversas razones - se han diseminado por el mundo,
haciéndose incluso acreedores de la denominación 'balseros del aire'. La
diáspora venezolana - por así llamarla - se encuentra compuesta
principalmente por la otrora clase media de nuestro país, que ante las
amenazas o acciones gubernamentales decidió emprender el doloroso
proceso de emigración hacia nuevas tierras, algunas veces con mayor
desarraigo que otras.
En
lo personal, son muchos los ex-compañeros de trabajo, de la escuela o
de la universidad, amigos, conocidos y familiares quienes hoy en día
hacen vida en otras latitudes. Son muchos los afectos que guardo a
varias zonas horarias y miles de kilómetros de distancia.
A raíz de la publicación de una de las entradas en mi blog (
¡He allí el fraude!),
un muy querido amigo - de esos que conoces hace tantos años que en
realidad forman un vínculo de hermandad y hoy residenciado en el sur de
la Florida - decidió distribuirlo vía email a sus contactos, amablemente
copiándome en la exhortación a su lectura. Tras una extraordinaria
introducción sobre el apelativo del texto para él, incluyó un par de
líneas sobre mí, a modo de resumen biográfico. Su cita fue:
El
autor es Ezequiel Korin, ex-profesor de la UCAB, experto en estudios
antropológicos de mercado y opositor de Chávez hasta el tuétano. Esto
fue publicado en su blog...
Al
ver tal gentileza - más aún hacia un blog que apenas estoy empezando y
que deseo difundir - rápidamente procedí a responderle en
agradecimiento. No pude pasar de la primera línea, pues mis ojos
continuaban prendados a las dos o tres líneas que resumían mi
experiencia. Me detuve y releí esas líneas una y otra vez. Había algo
que no cuadraba, que me incomodaba, pero que no lograba asir
completamente. Tras contemplarlas largo rato, comprendí que la frase "opositor de Chávez hasta el tuétano"
si bien describía adecuadamente mi posición política, no encajaba: la
condición como ex-profesor de mi Alma Mater había sido por méritos, tras
varios años de estudio; mi devenir en el área de la investigación de
mercados databa desde que tenía 14 años, habiéndome iniciado en estas
lides de las manos de mis padres, ambos también dedicados a la misma
labor profesional. No comprendía cómo mi posición política añadía o
restaba al análisis plasmado en mi texto. La inclusión de dicha frase me
resultó - cuando menos - extraña, incómoda, inusual.
Antes
de proseguir con este texto, me permito ampliar un tanto el perfil
biográfico (tal como está publicado en este sitio): no nací en
Venezuela, sino en Argentina, y vine a parar a estas tierras de Dios con
apenas 1 año, hace ya casi cuatro décadas. Sin embargo, mi querido
amigo no hizo mención alguna a esta condición, sino a mi adhesión
política. Tampoco mencionó que aún vivo en Venezuela y que tengo que
sortear - al igual que todos los venezolanos que aquí estamos - los
graves problemas que hoy aquejan al país.
Pensé
entonces en las distintas clasificaciones que pudiéramos hacer con
respecto a las múltiples posiciones políticas hacia el régimen de
Chávez: chavistas duros, chavistas moderados, chavistas light,
opositores duros, opositores moderados y opositores light. Si
quisiéramos, hasta podemos incluir a una incómoda clasificación que se
ubica en el medio, considerados como ni-ni.
Adicionalmente,
habría que incluir en nuestra segmentación el grado de relación que se
tiene con el gobierno nacional: los beneficiarios de las misiones, los
trabajadores públicos, los miembros de colectivos, los segregados de
PDVSA, los contratistas con empresas del Estado, etc.
Igualmente,
sería válido incluir nuestra ubicación geográfica dentro o fuera de
Venezuela: los que se han ido, los que se han quedado, los que se están
yendo, los que han vuelto, los que nunca se irían, los que nunca
volverían.
En
esta división, también pudiéramos incorporar el grado de participación
electoral, arrojando con ello: los que votaron, los que se abstuvieron,
los que emigraron y no se empadronaron en sus respectivos consulados
pero retornaron a votar, los que estando en esta situación no volvieron a
emitir sus votos, los que emigraron y tuvieron que trasladarse para
votar, los que teniendo el consulado a su alcance no se movilizaron,
etc. La lista sería prácticamente interminable.
Pero
la segmentación de la diáspora venezolana debería también incluir el
momento en el cual emprendieron la emigración, pues los motivos han ido
cambiando a lo largo del tiempo: los que salieron tan pronto ganó
Chávez, los que se fueron tras los sucesos de 2002, los que partieron
tras la segunda reelección, los que que se irán al principio de este
tercer término, etc.
El
resultado de esta híper-segmentación de la sociedad venezolana me
resultaba familiar, pues ya lo había vivido con familiares y amigos de
mis padres, quienes se sacaban en cara haber permanecido o haber salido
de Argentina en tal-o-cual momento, bajo tal-o-cual gobierno militar de
los años 70 u 80. Cada uno le reclamaba al otro - con igual validez -
haberse ido o haber permanecido; cada uno tenía sus razones, pero le
achacaban al otro no haber hecho, o haber hecho demasiado. Siempre
terminaban iguales esas discusiones, en nada.
Las
innumerables combinaciones que el entrecruce de la ubicación
geográfica, el grado de adhesión a la política del gobierno, el momento
de haberse ido o quedado, entre otras, terminan por generar una colcha
cosida a retazos, en la cual cada uno tiene un espacio, una minúscula
parte conectada por algunos hilos, pero definitivamente separada.
El
chavismo - como cualquier gobierno - pasará, más temprano o más tarde;
de eso no hay duda. La nación que nos quede después de ello dependerá de
cuán capaces seamos para la reconstrucción del tejido social que este
proceso dejará. Por los momentos, lo que nos queda es - en la medida de
lo posible - evitar continuar picando en pedacitos una sociedad que
habrá que reconstruir.
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