ÁNGELES MASTRETTAEstoy escribiéndoles en la "silabita". ¿Se acuerdan? Esta pequeñísima computadora que es un juguete y al mismo tiempo un martirio. Cuesta que los dedos quepan en las teclas y cuanta palabra escribo he de corregirla tres veces porque se pegan las letras. Así que de la inspiración, ni hablemos. Con decir "aquí estoy" tengo. Y aunque sea iré enumerándoles en qué ando porque no quiero reproches como los de Don José María que me ha escrito antes de irse a ponerle unas películas a su mujer que no sabe cómo manejar los canales. Me ha conmovido su carta, su reproche sonriente. Y me he puesto a lidiar con internet hasta llegar aquí. Estoy en Puebla. En la casa que fue de mi madre y a la que vuelvo con una mezcla de regocijo y nostalgia. Tardo en instalarme y poner todos los cables en su lugar, las ollas con sus tapaderas, las hornillas con gas, la leche en el refrigerador, las naranjas en una cesta, el jamón y los quesos en sus cajitas de plástico.
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