Blog de Víctor José López /Periodista

jueves, 14 de abril de 2022

PESADILLA EN EL SUR Por Rosa Elena Larrazábal de Maldonado

 



 

Hace 6 años, el 4 de Abril de 2.016, falleció nuestra querida Guillermina. En ese momento, respondiendo a la petición que me hiciera mi prima Elizabeth Larrazábal, escribí esta crónica, relatando la experiencia que me tocó vivir. Decidí complacerla pues sería no solo un ejercicio de catarsis, sino una manera de ayudar a que a nadie le tuviera que tocar algo parecido.

Guillermina Sifontes, tenía 91 años cuando murió.  Llegó a la casa de mis abuelos paternos: Salvador Larrazábal e Inés Berrizbeitia de Larrazábal cuando tenía 9 años. (Eduardo, mi papá, era el menor de los 5 hijos, y tenía 8 para el momento).  Venía de algún pueblo de Oriente y Monseñor Ferreira, amigo muy cercano de mi abuelo, le solicita que la acoja mientras se trata de resolver su situación.  Nunca se supo que tuviera ni un solo pariente, así que la Quinta Zorión de La Campiña se convirtió en su hogar.

Jamás quiso aprender a leer ni escribir, era poco comunicativa, pero con su mirada transmitía el cariño que le tenía a todos.   Su inteligencia era increíble. Cuando mi abuela tiró la toalla intentando que aprendiera las letras, decidió enseñarle lo que más le gustaba que era la cocina.   Aprendió desde lo básico como un arroz blanco, hasta el plato que hacía mis delicias en los almuerzos dominicales en familia: Codornices rellenas de ciruelas pasas y hongos con salsa de Jerez…… Aprendí con ella a hacer mi primera masa de hallacas, que amasaba con sus manos mínimas, porque medía como 1.50…. Sabía cuál era el plato preferido de cada uno de los nietos, y estaba pendiente de complacernos.

Al morir mis tías Inés y Mildred, quedó viviendo en la casa de La Campiña, junto a Rita Béjar, enfermera que atendió a mi tía Inés desde los años 80 al enfermarse de artritis reumatoide. Los cuidó a todos, y hasta el día de hoy sigue siendo parte de la familia.  Por petición de mi papá que fue el último de los hermanos, la casa no debería de venderse mientras Guillermina estuviera viva, y al fallecer sería enterrada en la Pabellón de la familia en el Cementerio General del Sur como un miembro más. Con gran responsabilidad por ser la hija mayor, le prometí que cumpliría su deseo, lo cual motivó la realización del relato que ahora comparto.

Apenas falleció, mi hermano Carlos comienza a realizar las diligencias pertinentes con distintas funerarias, solicitando que fuera un entierro sencillo, sin velorio, en vista del caso particular.   En todas le informaron que no había urnas en existencia debido a la situación económica de escasez de todo tipo que vivía el país en ese momento.   Carlos decide llamar a un gestor , cuyo teléfono encuentra en la carpeta de los papeles del Cementerio, y cuyos servicios parecía que habían sido utilizados con anterioridad.  Este respondió, y se comprometió a ocuparse de TODO…… solo había que llevarle los papeles de propiedad al día siguiente para proceder al entierro.   Carlos tenía una Junta y no podía acompañarme, pero me facilita un chofer para que me lleve. Me engalano con la ropa más bolivariana que encontré, me encomiendo al Espíritu Santo, y me dispongo a cumplir la petición de mi papá.  Rita me acompaña.

 

7am 5 de Abril

Conozco al Sr. Osorio…. gestor de alguna experiencia en la 4ª República… y después de verlo por más de media hora sobando los papeles para adelante y para atrás, empiezo a pensar que estoy frente a un activo participante de las mafias que actúan en aquel macabro escenario aprovechándose del dolor ajeno……  Cuando me imaginaba que mi trabajo había concluido y se iba a proceder al entierro, me dice: tiene que venir conmigo a buscar el terreno, porque me imagino que usted lo conoce… Respondo: en la carpeta están los linderos, yo pensaba que ese era su trabajo…?   NO, usted tiene que acompañarme y luego debemos ir a las oficinas.

Comenzamos un recorrido hasta llegar a la ¨zona¨, difícil de olvidar… Inmundicia generalizada, tumbas profanadas por doquier, urnas sacadas de sus terrenos y abandonadas en las calles, olor nauseabundo , y un miedo que hasta el día de hoy Rita y yo recordamos… Los linderos eran, por el norte: Familia Iribarren , por el sur, familia Pérez López , etc.  … y ningún terreno existía… pura destrucción. 

  A estas alturas, después de casi una hora de recorrido, el amigo Osorio se esfumó como por arte de magia y nos dejó en manos de 3 enterradores con sus palas al hombro, supuestamente conocedores de la zona.   Continuamos el recorrido por casi una hora más, sin ningún éxito; todo el que nos pasaba al lado nos recomendaba que nos fuéramos….  En plena búsqueda, uno de los hombres nos grita ( como quien está en un juego de búsqueda del tesoro) : ¨Mami, aquí te lo encontr騅   estaba frente al panteón de nuestros primos Larrazábal Eduardo… Al decirle que no era el que buscábamos  me responde: ¨pero Mami, entiérrala ahí … total, es el mismo apellido¨… continúo respirando hondo.   

 A las 11.45 se aparece de repente nuestro amable gestor, diciendo que había encontrado el terreno……  ¨ El problema amiga es que las oficinas cierran de 12 a 1¨….  En estos momentos  empiezo a lamentar haber dejado el Lexotanil en alguna parte de mi closet…

Nos encerramos en la camioneta por 1 hora, y a las 12.45 nos dirigimos a las oficinas.

 El Sr. Osorio aparece a la 1.30 porque se tardó almorzando … Me pasa a un cuarto donde nos atiende una compatriota  con un top rojo 3 tallas menos que la suya, y me dice: ¨Mami, tú no sabes que nuestro Presidente decretó que solo se trabaja por las mañanas?

  Osorio interviene en lo único que hizo para ganarse el billete que cobró, y le responde:  “Reina, esta es mía, échale una manito”.

   De mala gana hizo el esfuerzo sobrehumano de poner un sello y pudimos respirar.

Salimos dándole gracias a Dios por el sello, y el amigo gestor me dice con toda su tranquilidad que el entierro hay que dejarlo para el día siguiente  porque: “Falta un papel que usted tiene que buscar a las 7.30 am en San Agustín del Sur y sin ese papel NO hay entierro”… 

 ( 3.45 pm)     Prendo en celular al salir : diez llamadas de Carlos, y veinte de Rafael……

7am 6 de Abril

Rita, el chofer y yo , nos dirigimos a realizar la diligencia. 

Esta vez, con todos los Santos conocidos en la cartera, y 1/4 de Lex … encima.  

   Las indicaciones eran que al llegar a la gestoría me esperaría en la puerta el pana Silverio… Contacto que me ayudaría a agilizar el trámite.   El lugar era algo parecido al horror de las oficinas del día anterior. Entramos y lo primero que me deja en shock fue un grupo de funcionarios debidamente ataviados de rojo jugando dominó, a esa hora de la mañana. 

Comienza mi respiración profunda y subimos al segundo piso donde habían no menos de sesenta  personas esperando ser atendidas y  obtener el mismo papel para enterrar a un ser querido.  El contacto me pasa por delante de todos y me atiende otra compatriota talla 50 en licra… El pana Silverio me dice: ¨No te olvides de colaborarle Mami”… 

La funcionaria me dice: ¨Amiga, estás adentro porque vienes recomendada, pero aquí no estamos atendiendo a “Naiden” porque”no hay tinta” … 

Los apellidos Vascos se me cruzaron y, con gran paciencia, le respondo: ¨Amiga, tengo tres días tratando de enterrar a un familiar y usted me dice que ¿NO se puede porque NO hay tinta?  Le agradezco que me llene el papel a mano, y me ponga lo que sea que sustituya a un sello , porque ese entierro es HOY… 

 Le dí la colaboración, y en un minuto me dió el papel. 

 ( 9.30 am)

Llegamos de regreso al Cementerio y nos esperaba el diligente gestor.  Le entrego todo y, extenuada ,le digo que por favor no se olvide de llamar al Sacerdote como habíamos quedado. Me responde : ¿Y usted no lo ha contratado? 

Me dirijo a la Capilla , realizo el pago y el Sacerdote llega a las once de la mañana….   Por fin nos encaminamos a enterrar a Guillermina.  El dolor,  y la impotencia se agudizaron al extremo al sacar el ataúd del carro fúnebre, nos dimos cuenta que era usado. No el que habíamos pagado. Se le zafaron las manillas al cargarlo y pudimos ver con horror que no le pusieron la ropa que entregamos. El cuerpo estaba envuelto en una sábana.  Me aferré a mi Rosario orando por el eterno descanso de Guillermina, y pidiendo sosiego para que la rabia contenida no me hiciera perder el control.

Se acaba el responso y el sacerdote me sugiere que nos vayamos pues el día anterior hubo un enfrentamiento de bandas en la tarde. Le agradecí su información, pero no nos movimos hasta ver la última pala de tierra que me confirmara que había cumplido la petición de mi papá, y le pusiéramos sus flores encima.

Creo que Papá Dios nos da la fortaleza para hacer las cosas que uno piensa que jamás haría. Sentí paz de pensar que en algo le cumplimos a esta persona querida y leal, haberle dedicado toda una vida a la familia, la cual sintió como suya y fue la única que tuvo.

Me pasé varios días sin conciliar el sueño por aquello de que ¨se mata a la culebra y después se le tiene miedo al cuero¨… Pero lo que más me quitó el sueño fue la tristeza de haber vivido en carne propia hasta donde había llegado mi país.   

Han pasado 6 años y la situación no ha cambiado. Pienso en las personas que pasan día a día situaciones como las que me tocó vivir en  LA "Pesadilla en el Sur”. En medio del dolor de perder a alguien querido. Le pido a Dios que pronto  vuelvan  los valores que se han perdido , y logremos poder ser de nuevo un pueblo de gente decente como siempre hemos sido. Le doy gracias por haber podido cumplir mi cometido y ayudar a cerrar un ciclo.

 

                               13 de Abril de 2.022  

 

 

 

 

 

 

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