No es por nada, pero es la primera frase que viene a la mente cuando se habla del tema del Sambil La Candelaria, devuelto hace unos días a sus dueños después de que lo expropiara Hugo Chávez hace 13 años. Es una frase que le dijo María Corina Machado al entonces presidente de la república en su cara y que engloba una gran verdad. Este caso es un ejemplo, sin lugar a dudas.
El edificio es inmenso, por lo que se llevó casi dos años terminarlo. Eso quiere decir que la constructora debió tramitar todos los permisos necesarios con la Alcaldía de Libertador, que en aquel entonces estaba en manos de Jorge Rodríguez. Si les parecía un horrendo error el hecho de que se le permitiera levantar tamaña infraestructura solo para dedicarla “al consumismo”, como dijo Chávez una vez que estuvo listo, ¿por qué le dieron el visto bueno? ¿Por qué no paralizaron las obras antes? Sencillamente el mandatario se antojó del edificio, y con ellos dejó sin empleo a miles de venezolanos.
Lo cierto es que allí no se instaló nada que beneficiase al pueblo, ni una clínica, ni una escuela ni una universidad. Durante estos trece años fue refugio de gente sin techo, mendigos y niños de la calle, pero no porque les hayan facilitado alguna ayuda desde la alcaldía o desde el gobierno central, sino porque se metieron. Esa mala maña de pensar que para hacer una universidad solo se necesita un edificio como que se pega; en el caso del Sambil no resultó, pero debe estar diciendo el demandante que en el caso de la sede de El Nacional sí, y pondrá como ejemplo la visita del embajador ruso y el afiche de Chávez con Putin que pusieron de adorno. No tienen vergüenza.
El caso es que ahora el Sambil está en manos de sus propietarios, de los que invirtieron el dinero y generaron empleos para su construcción y ahora para su apertura. Eso fue nada más que un robo, un antojo, el gesto de un mandatario autoritario que se creía con poder de acabar con el derecho a la propiedad privada, de pasar por alto todas las garantías que ofrecen las leyes. Ni siquiera en esos años le pagaron ni un bolívar como indemnización, por lo que ahora que lo tienen de regreso, los propietarios deben estar celebrando.
Nadie sabe las verdaderas razones de una medida como esta en este momento. Pero lo que no se puede decir es que es un “gran gesto” de parte del gobierno chavista. Este es un caso puntual, y es posible que sea más acertado pensar que necesitan más locales para bodegones que el reconocimiento de que hace trece años se apropiaron de un edificio. ¿Cuántas propiedades más no están en las mismas condiciones? Si se tratara de un “cambio” en las acciones de la cúpula chavista, hay muchas otras infraestructuras, como haciendas, por ejemplo Agroisleña, fábricas, torrefactoras, centrales azucareros que están en el suelo y que mucho beneficio traería a los ciudadanos si las regresan a sus dueños y las pusieran a producir.
Pero no es el caso, ni porque armen alharaca con esa comisión de reconciliación de la Asamblea de 2020. Al final, lo que realmente puede sacar a Venezuela de la crisis es que devuelvan Miraflores.
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