La Gripe Española de 1918 en Venezuela
En estos días de octubre se están cumpliendo 103 años del evento más trágico de toda la historia de Venezuela: la peste española de 1.918. Ni la guerra de independencia, ni todos los terremotos juntos, ni las guerras civiles y revoluciones mataron a tantos venezolanos en tan corto tiempo sin distinción de edades, clases sociales o profesiones, y prácticamente no es mencionada en los libros escolares de historia y son relativamente pocos los que hoy conocen de ella.
¿QUÉ FUE LA GRIPE ESPAÑOLA?
La influenza o virus de la gripe existe desde tiempos inmemoriales. Se le llamaba en los tiempos antiguos “influenza” porque se consideraba que era producida por la mala influencia de los cuerpos astrales sobre la maldad del mundo. En 1.918 el mundo estaba enfrascado en la primera guerra mundial. Soldados enfermos de gripe llevaron el virus a las trincheras europeas de donde se propagó a todo el continente aprovechando el hacinamiento y la falta de condiciones de salubridad.
Por la censura de guerra no se permitió que se informara sobre la epidemia, por lo que no fue conocida en los primeros meses, pero cuando llegó a España, que no estaba en guerra, la existencia de la epidemia se hizo pública, y de allí que la gente comenzó a llamarla “española”.
España tiene fuertes vínculos con Suramérica, y especialmente con el Caribe. Pues bien, en alguno de los tantos vapores mercantes que circulaban entre España y las Antillas venía la peste, que eventualmente llegó a La Guaira a principios de Octubre de 1.918. El atraso de la Venezuela de esos tiempos era total, prácticamente todavía vivíamos en el siglo XIX. Eran pocas o ninguna las medidas de prevención sanitaria que existían en nuestros puertos, ya que lo único que le interesaba al gobierno era impedir la llegada de sus enemigos políticos. No se previó la cuarentena de buques con enfermos ni ninguna otra medida preventiva. Así se conocen los primeros casos en La Guaira el 10 de octubre.
Las autoridades en los primeros días de la peste no le dieron mayor importancia; Un telegrama enviado a Gómez el 16 de octubre por el ministro del interior señala:
“…la novedad que han comunicado de epidemia es exagerada…sólo hay un catarro que dura dos días…”
Poco a poco las autoridades militares se dan cuenta de que en los cuarteles gran cantidad de soldados caen enfermos y dan las primeras alarmas. El 17 de octubre todavía el director de la Sanidad le telegrafía a Gómez:
“la epidemia de gripe es sumamente contagiosa pero no presenta ninguna gravedad… no se registra ningún caso fatal”.
El 18 de octubre se constata la aparición de la gripe en Caracas. Para el 20 de octubre la gripe se ha esparcido por toda la Guaira y se tienen que despachar médicos a ese puerto porque todos los galenos guaireños están en cama.
La gente acudía a los remedios caseros y tradicionales, bebían limonadas y hacían ungüentos con limón que se untaban en el cuello y el pecho. Se tomaban gárgaras de agua oxigenada y también la usaban para lavarse las manos. El 25 de octubre empiezan a aparecer los muertos tirados en las calles de los barrios más pobres de Caracas. Se prohibieron las reuniones públicas, procesiones, funciones de cine, ópera y teatro y corridas de toros. Se colapsaron por falta de personal los tranvías, telégrafos y las centrales telefónicas. El gobierno prohibió a la prensa hablar de la peste, pero la Sociedad Médica de Caracas convocó por prensa a una asamblea para tratar la epidemia.
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En la capital, para principios de noviembre, ya los decesos diarios se acercan a cien. El desfile de carros fúnebres de los más pudientes y de vulgares carretas llenas de cadáveres hacia el cementerio es continuo, día y noche.
Se agotan los ataúdes; los fallecidos del hospital Vargas son enterrados sin urnas en fosas comunes en un terreno habilitado para tal fin en las inmediaciones del cementerio de Caracas; se le conoce desde entonces como el sector de “La Peste”.
Se ordenó la desinfección general de tranvías, trenes, oficinas públicas y locales privados con la utilización masiva de formol y creolina. Las farmacias también se estaban quedando sin empleados y un grupo de estudiantes voluntarios comenzó a suplir a los empleados enfermos.
Las condiciones de escasa higiene de cuarteles, cárceles y hospitales contribuyen a la virulencia de la peste, los soldados enfermos en sus catres carecen de vasos de cama y sus excreciones eran depositadas en el suelo, lo que saturaba el ambiente, enfermando a médicos y enfermeros. Treinta mil enfermos había en ese momento en Caracas. Los doctores José Gregorio Hernández y Luis Razetti declaran públicamente que lo que está matando a tanta gente no es la gripe propiamente dicha sino el estado de absoluta pobreza y miseria en que viven la mayoría de los venezolanos, mal alimentados y con escasa o ninguna condición de higiene, muchos con padecimientos crónicos de paludismo y tuberculosis.
Rápidamente la epidemia se fue extendiendo desde el centro hacia todo el país. Por puertos y carreteras viajaba el virus. En Maracay mueren un hermano y el hijo predilecto del dictador, quien obstinadamente niega recursos a los gobernadores que telegráficamente le imploran ante la emergencia.
Para noviembre ya la epidemia ha llegado a estados alejados como Táchira, Yaracuy o Guárico.
Poco a poco en los lugares donde se había iniciado el virus, van bajando los índices de morbilidad y mortalidad. El 29 de Noviembre, casi dos meses después de iniciada la pandemia, se declara extinguida epidemia en el puerto de La Guaira, primer foco de infección. A fines de diciembre ya la situación estaba casi normal en Caracas. Para fin de año se permitieron las reuniones públicas, el cine, la zarzuela, y los toros. Los esbirros volvieron a sacar a los presos-esclavos a construir carreteras y se normalizaron tranvías y trenes. Progresivamente irá pasando por todos los pueblos y ciudades del país hasta inicios de 1.919, aunque en los pueblos alejados de las ciudades el proceso ocurrió más tarde. Ochenta mil venezolanos murieron en el lapso de unos tres meses, muchos más víctimas de su debilidad, falta de alimentación e higiene y pobreza en general, que potenció los estragos de la influenza.
En próxima entrega narraremos la historia de la peste en Carabobo.
Luis Heraclio Medina Canelón
M.C. de la Academia de Historia del Estado Carabobo.
@luishmedinac



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