Son pocos los seres humanos con una fuerza interior capaz de
generar cambios extraordinarios en el mundo. Una de esas figuras es Nelson
Rolihlahla Mandela, para quien un simple adjetivo calificativo no es
suficiente, porque él, es el símbolo de valores como la libertad, la paz, el
perdón y la reconciliación, todos tan necesarios en los albores del siglo XXI,
por eso en su tierra lo llaman simplemente “Madiba”, como muestra de respeto y
reconocimiento a su sencilla pero profunda sabiduría.
Mandela estuvo 27 años en la cárcel, identificado como el
prisionero número 466/64, lo que significa que fue el preso número 466 del año
1964 en la Isla de Robben. Durante los primeros 17 años vivió en condiciones
precarias, confinado a trabajos forzados en una cantera de cal; como
preso político no tenia privilegios, recibía una ínfima ración diaria de
comida, y sólo se le permitía recibir una visita y una carta cada seis meses.
Sin embargo, en este tiempo de penuria, su reputación creció y llegó a ser
conocido como el líder negro más importante en Sudáfrica.
“Lo
que cuenta en la vida no es el mero hecho de haber vivido. Son los cambios que
hemos provocado en la vida de los demás lo que determina el significado de la
nuestra”
El mundo cambio el 11 de febrero de 1990, y no sólo para
Nelson Mandela o para su país, cambió para todos, cuando el hombre, ya
convertido en leyenda, salió en libertad, y emprendió un nuevo camino para
demostrar su talante y la fortaleza de sus convicciones. Era el símbolo
antiapartheid, pero pocos sabían realmente quien era este individuo de 71 años
maltratado tras 27 años de encierro e injusticias, incluso mucho dudaron si
estaría a la altura del monumento que se había construido alrededor de su
figura. Pero el sencillo, menudo y contundente Madiba superó las
expectativas en cuanto a presencia, carisma, encanto y lucidez, desde la
primera vez que apareció ante los medios, cuando afirmó que la fórmula para el
fin del Apartheid era “reconciliar las aspiraciones de los negros con los
temores de los blancos”.
Habría que ir a la
Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de
niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la
voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos
aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben
Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por
último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era
imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición
sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una
convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por
siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más
digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que
fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus
compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después,
desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.
“Todo
parece imposible hasta que se hace”
Mandela es el
mejor ejemplo que tenemos —uno de los muy escasos en nuestros días— de que la
política no es sólo ese quehacer sucio y mediocre que cree tanta gente, que
sirve a los pillos para enriquecerse y a los vagos para sobrevivir sin hacer
nada, sino una actividad que puede también mejorar la vida, reemplazar el
fanatismo por la tolerancia, el odio por la solidaridad, la injusticia por la
justicia, el egoísmo por el bien común, y que hay políticos, como el estadista
sudafricano, que dejan su país, el mundo, mucho mejor de como lo encontraron.
Los Entrenadores Deportivos de Venezuela recordamos con
orgullo solidario que Nelson Mandela, el 28 de Julio de 1991, fue distinguido
como Presidente Honorario de nuestra organización gremial como un merecido
homenaje a la figura de un hombre que representaba para el mundo entero la
lucha contra la oprobiosa discriminación del Apartheid.
El
Presidente del Colegio de Entrenadores de Venezuela notificaba a Mandela su
designación como “Presidente Honorario” de la organización.
Valencia,
Estado Carabobo 28/07/1991.

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