Blog de Víctor José López /Periodista

domingo, 1 de diciembre de 2013

La aprobación de la Ley Habilitante de Hitler »

 AD y el Psuv:
dos muertes parecidas

Eduardo Casanova Descripción: mail] 


Poco después de la caída de Marcos Pérez Jiménez, en la boda de un amigo común, oí a Teodoro Petkoff, entonces militante del Partido Comunista y miembro prominente de la Juventud Comunista, expresar una clara admiración por Acción Democrática, partido al que calificó como “el ejemplo a seguir” y calificar a Rómulo Betancourt como el político más sagaz e inteligente de nuestro tiempo, aun con todos sus defectos.
Poco después Petkoff cambió de opinión y junto con los jóvenes comunistas se embarcó en una de las aventuras más erradas y costosas de la historia de Venezuela, en la que también se embarcaron, luego de cambiar igualmente de opinión acerca de AD y Betancourt, los jóvenes adecos que formarían el MIR.
Acción Democrática, para darle la razón a Teodoro, ganó las elecciones de 1958 y las de 1963, y no ganó las de 1968 porque se dividió en forma radical cuando se deslastró de la gente que formaría el MEP. Y porque el propio Betancourt favoreció el crecimiento de Copei para evitar que en Venezuela se impusiera un fenómeno parecido al monopartidismo mexicano.
Luego de un gobierno no muy feliz de Rafael Caldera, AD volvió a ganar las de 1973 y luego de un período nada feliz de Luis Herrera Campíns, ganó también las de 1983. Pero hasta ahí se puede hablar de un partido exitoso.
En 1988, a pesar de que la mayoría de sus dirigentes no tenían ni el talento ni la capacidad de Betancourt, Leoni, Gonzalo Barrios o Carlos Andrés Pérez, volvió a recibir los votos de la mayoría, aunque sus mediocres dirigentes hicieron lo posible por no lograrlo. En ese caso se impuso la personalidad de Carlos Andrés Pérez, lo que le costó carísimo, porque esos dirigentes mediocres lo adversaron, apoyaron un absurdo juicio ilegal en su contra y llevaron a Acción Democrática a un despeñadero del que no ha podido salir ni saldrá nunca más. En las elecciones de 1993 se vio que había perdido el rumbo, y sólo se mantenía fuerte en las zonas rurales, que por definición son menos dadas a los cambios violentos de opinión. En 1998 ya era un auténtico cadáver, tal como lo es hoy, con una dirigencia nula, incapaz de rescatar algo de la vitalidad que tuvo en tiempos que ya suenan a historia vencida y pasada. Hoy en día AD es partido minoritario que prácticamente no existe en las zonas urbanas, en un país en el que lo rural cada día cuenta menos. Se necesitaría un milagro antihistórico para que eso cambie.

FRENTE A LAS MUNICIPALES DEL 8D
Frente a las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013 nos encontramos con una situación similar, pero no en Acción Democrática, sino en el Partido Socialista Unido de Venezuela, el PSUV, que fuera fundado desde el gobierno y con todo el ventajismo imaginable por el difunto Hugo Chávez en torno a un núcleo de soñadores e idealistas que pronto fue fagocitado por una mayoría de oportunistas, corruptos, militares y militaristas, y que hasta hace poco podría haber parecido invencible. El PSUV, cuyo éxito no se basó nunca en el talento ni en la sagacidad de sus fundadores, sino en la corrupción y la deshonestidad de su dirigencia y en la demagogia, el populismo y la falta de principios de su “militancia,” cada día tiene menos fuerza en las principales ciudades del país en las que sólo conserva una minoría escoltada a tiros y cabillazos por grupos fascistoides que ejercen la violencia contra quienes los adversan, que son la mayoría. Cada día el PSUV se “ruraliza” más, como le pasó a AD.

EN TIEMPOS DISTINTOS UN FINAL SIMILAR
Aunque en “tempos” distintos y con valores absolutamente disímiles, las trayectorias, las derrotas (en términos navales) de ambos partidos son bastantes parecidas. “Tempos” distintos, porque AD tardó más de medio siglo en morir, y el PSUV habrá cumplido el mismo ciclo en poco más de diez años. Valores muy distintos porque AD, aunque en su seno se escondió más de un cínico, defendió la democracia y tuvo alguna ideología real, mientras que el PSUV no ha sido sino un grupo aluvional, en el que quizá quede una exigua minoría de soñadores que creen en el socialismo real y una amplia mayoría de oportunistas que practica la corrupción, el oportunismo y la falta de principios. Ambos. AD y PSUV, se relacionan por la capacidad que tuvieron de ganar elecciones no siempre con métodos limpios, y porque ambos terminaron perdiendo el apoyo que tuvieron en las grandes ciudades, debido a un hecho indiscutible: la población urbana es mucho más inquieta y explosiva, y la rural mucho más lenta.
Los capos del PSUV, muerto Chávez, han perdido por completo el rumbo. Quizá si hubieran morigerado sus barbaridades, si hubieran dado un giro de 180 grados para recuperar el aparato productivo del país y entrar por una senda absolutamente diferente al camino de locuras e irresponsabilidades por donde los llevó el difunto Chávez, habrían podido evitar el colapso que se les anuncia claramente en las zonas urbanas. Pero se empeñan en apagar el fuego con gasolina. Ya destruyeron la industria, y ahora están empeñados en destruir el comercio. Pronto tendrán que conformarse con compartir con AD las zonas conuqueras y de vaquitas famélicas, en las que niños barrigones y malnutridos los verán con tristeza y curiosidad, mientras el resto del país se recupera del daño que esos bárbaros hicieron.
El voto urbano, por los candidatos de la MUD, es el arma mejor y más contundente que tiene la democracia para recuperarse. AD y el PSUV quedarán como los antiguos conservadores y los liberales amarillos, como recuerdos que sólo existen en los libros de historia.


Eduardo Casanova (1939). Nació en Caracas.Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura… - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.







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