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"Glovo es un servicio de encomienda que se ha ganado la preferencia de los españoles, no sólo por su puntualidad sino por el carisma y acento de sus lanceros criollos..."
- “Papá no te preocupes, nosotros le hacemos “tracking”. ¡Tu baja, que el primero llega en 4 minutos!” […] ¿El primero? ¿Cuántos vienen? ¿Qué han pedido? Me habían dejado a solas con la angustia de esperar un ejército de desconocidos, sin saber qué, cómo y cuándo entregarán. Con exactitud suiza, llega el primero de primero de ellos en 4 minutos.
- Hola, soy Juan Carlos. ¿Eres Gabi? [¿Por qué me llama por el nombre de mi esposa?]
-No soy Gabi, soy Orlando…
- ¡Ah vale, vale!, me responde el ciclista ataviado de casco, coderas y pasamontañas, al tiempo que verifica su móvil.
- He traído su primer pedido señor. El resto estará aquí en 2 minutos y el otro en siete...De inmediato le pregunto:
- ¿Cómo así Ricardo, es que acaso no viene todo junto?...
- No Señor. Por cierto, me llamo Juan Carlos…me corrige amablemente. Noto algo familiar en su tono. -Mis compañeros traen el resto del encargo, me dice.
-Es que para llegar a tiempo nos reparten el pedido. Pero no se preocupe, ya los panas están por llegar…
¿Las panas están por llegar? A pesar de combinar muletillas hispanas, al pronunciar sin seseo y con esa expresión, me digo, ¡es venezolano! Comienzo a derribar mis miedos. Si por alguna razón faltó la leche, el pan o el café, le podré decir, ¡chamo porfa ve y me repones el café y-de ñapa-pasas y te traes un paquete de harina pan ¡que seguro consigues encontrarla!
- ¿De dónde eres Ricardo? Pregunto con nostalgia curiosidad….
-Soy de Caracas, de Los Palos Grandes señor. ¡Y me llamo Juan Carlos! -sic-.
-Claro, disculpa Ricardo…
-Juan Carlos Señor. Como el Rey Juan Carlos I de Borbón…Tengo dos años en España…No esperaba menos revire y urbanidad acompañada de historia comparable, de un caraqueño.
- La verdad nos han tratado muy bien. España quiere mucho a sus hijos iberoamericanos y lo demuestra en la calle o en la casa cuando levantan su puño por ser venezolanos. A la gente le gusta nuestra actitud, nuestra forma de responder y nuestra melodía isleña… Si va, le dije una vez a una señora andaluza, que me contestó: “pero qué simpático y cariñoso sois, qué maravilla, qué energía hijo mío, oleé…” Pero más le gustó cuando le dije: -No se me emocione mi doña, ¡que el día es largo! Y contestó la doña: -Venga, no pasa nada. ¡Si va, vale...!
A las dos y a los siete minutos, llegaron los otros dos pedidos….
-Hola, ¿Gabi?
-No es Gabi, responde Ricardo [perdón Juan Carlos]…Gabi es su esposa, que no está, que se ha ido, que ha salido con sus hijas y le ha dejado a cargo…En segundos ya sabía toda mi vida, ruta y circunstancia. ¡Y la compartía!
-Ah, chévere…responde su compañero. Al escuchar aquella expresión digo, es otro quijote de los nuestros. -Y tú también eres venezolano? Le pregunto.
-Si, soy de La Pastora patrón. Me llamo José Miguel. Tengo casi tres años aquí. Yo le conseguí la chamba a Juan Carlos…- ¿Quién es Juan Carlos? ¡pregunto con recelo, para ver la reacción de mi profesor de historia…
-Ud. de pana tiene al Alzheimer me dice Juan Carlos-sic-
-Púes si, de Caracas, pero vivo en Canadá…
-En Canadá? Chucha madre, ahí si hace frío duro. Tengo un pariente allá en Montreal. ¡Me dice que es difícil porque hay que aprender francés o morir congelado…! ¡Pero nada, hay que echar pa’lante en español, portugués o francés!...Llega el último pedido. Es una joven. Rápidamente se une “a la fiesta”.
-¡!Hola!! ¿Eres Gabi?…
-No es Gabi…es Orlando dice José Miguel, perdiendo su timidez andina. ¡Lo dejaron a cargo, vive en Canadá, pero es de Caracas!
- Soy de Valencia [responde…Llevo en Madrid sólo dos años. Me consiguió el trabajo Juan Carlos.
- ¿Y quién es Juan Carlos? Todos ríen sin que ella entienda el jaleo.
- Chiste interno Lucía…le comenta José Miguel, con su gracia y melodía de Tabay…
- Estudio de noche diseño de modas, continúa Lucía. En Valencia tenía un pequeño taller de costura. Aquí hago repartos y a veces ayudo a coser para mandar dinero a mis padres y hermanos…Llegué gracias a una señora venezolana con quien Mamá trabajó muchos años. Una bendición…Ya una señora a quien le despaché, le gustaron mis prendas y quiere que hagamos cosas juntas…
-Me llamo Orlando, le corrijo, como Orlando el furioso...[Risas]. Subí las bolsas. Las revisé…¡Faltó la leche! Bajé la aplicación de glovo, pero antes le escribí a Ricardo (¡) En minutos llegó con la leche, el pan de canilla y la harina pan...
Nota Bene, me escribe el quijote venezolano: ¡Me llamo Juan Carlos! Escribió con un meme haciendo un giño…
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