Millones de venezolanos han abandonado el país recorriendo distancias brutales, víctimas de climas inclementes, asaltos y hambre. Millones quedan en el país ganando un centavo por hora o dos dólares por mes, enfrentando carencias infrahumanas, sin seguridad, agua ni luz. Nuestros niños mueren al nacer sin lactancia y sin alimentos. Y el país se deshace en odios, represión, saqueos y violencia. ¿Quien puede aceptar en pleno siglo XXI, cuando se han escrito todos los tratados de DDHH, Políticos, Civiles, de Mujeres y Niños; cuando se han visto los peores holocaustos de la humanidad y no debe caber una dictadura más, que en el epicentro de la ONU se conceda un sillón a un régimen como el de Caracas?
Luis Almagro ha sido un quijote y un profeta fuera de su tierra. Mientras Tabaré Vásquez, Zapatero, Insulza, Samper, los Fernández (Argentino y dominicano), López, Hadad, Lula, Correa, Dilma o Lugo encienden las venas abiertas de la Latinoamérica tan victimizada de sables por Galiano, la doctrina Almagro hoy alerta que los violadores de DDHH en LATAM, nos conducirán a la anomia, al caos, al cohecho. Hoy arden Ecuador, Perú y Chile, estando en cola, Argentina, Honduras, Guatemala y pare de contar. Venezuela-nido de la guerrilla y servidumbre de paso de droga-y un grueso prontuario de grupos radicales, mafias y perpetradores de delitos de contra la humanidad, se alzan inmunes ante el mundo mientras sus victimas se revuelcan en sus abates y sus familiares en la indignación.
Ardió áfrica y sus Lubangas a la cabeza. Ardió Paris y sus Robespierre. Arden ahora de Quito a Barcelona, de Santiago a Beirut, con ellos...
Reaccionemos con firmeza. Larrieta, Roldós, Betancourt, Castañeda y Almagro, tienen razón. Legítima defensa, coalición internacional. O sólo quedarán cenizas…
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