“Todas las cosas son ya
dichas, pero, como nadie escucha, hay que volver a empezar siempre”
Andre´Gide
Formato del Futuro…
Es importante activar las neuronas y tratar de correr el velo de los teatros o de los países que han tenido el infortunio de optar por un régimen gubernamental comunista que, para disimulo, se autodenominan Gobiernos de Izquierda o Revolucionarios.
Es verdad, ya el mundo civilizado y, aún más,
los que llaman países del primer mundo, los tiene identificados. Porque saben
que son regímenes que, generalmente, emergen de protestas o de grandes
convulsiones sociales. Pero, sobre todo, que se apuntalan escogiendo a algún
chivo expiatorio a quien le cargan las culpa de todos los males y el tema para
acusarlos. Y eso puede ser: religión, xenofobia, ricos, nacionalidad, etc. En
fin, algo que los diferencie del común de los ciudadanos, especialmente de los
que disponen de alguna riqueza económica, porque, en contra suya, resulta mucho
más impactante acusarle de ser el gran responsable de que el pobre sea pobre.
Presumir de ser un adorador del pensamiento
“izquierdista” es sinónimo de un propagador de dogmas, cuyo punto de
referencia predilecto es aquel que hace posible la llegada, permanencia y
expansión del odio de clases. Se es “auténticamente de izquierda”, cuando
con firmeza, reciedumbre y sin sonrojo, además, se desarrolla la capacidad para
afirmar que ser rico es ser ladrón, indolente, explotador, inhumano, culpable
del empobrecimiento colectivo. Por lo que, obviamente, debe ser despojado de
sus bienes -generalmente malhabidos-y ser destruidos económica y
moralmente; objeto de vilipendios; merecidamente cuestionados; objeto y
fin de cualquier propósito extensivo de la reivindicación de los derechos de
los proletarios.
Predicador y practicante de todo lo que se
traduzca en la destrucción de la burguesía, jamás incurre en el equívoco
ideológico de aceptar que el tema no es acabar con los ricos, sino, por el
contrario, trabajar para que todos los pobres también sean ricos. Su
pensamiento y comportamiento asertivo está dirigido al principio de que
mientras se trabaja en la fijación del odio y de la creación de un culpable
–porque ellos jamás lo serán de absolutamente nada- hay que convencer al pueblo
de que es por él y para él, que se piensa, actúa, procede y se desarticulan
instituciones, mientras se fortalece al Estado, se centraliza todo en él, así
como el poder, en atención al fin supremo del absolutismo como manera de
conducción y dominio.
Centralizar y concentrar el poder, destruir
los tejidos sociales y productivos, restringir los derechos ciudadanos,
anular a los medios de comunicación social y desconocer el ejercicio del
derecho humano a la libre expresión y al acceso a la información, es la acción
hermanada por excelencia, para apelar al terror e impedir la práctica de la
disidencia, como la de protestar.
Estos procesos son teóricamente exitosos en un
principio. Es el efecto impactante que lo consagran el populismo exacerbado y
la hábil recurrencia a la propaganda para sembrar esperanza y
pregonar, sin titubeos, que el país será potencia mundial. No importa que sea
haciendo regalos de la naturaleza más extraña, como de la recurrencia a
baratijas, casa equipada, tierras, carros y circo en
abundancia.
El problema para ese tipo de regímenes, sin
embargo, comienza cuando, en la medida que la destrucción y el sometimiento
van empobreciendo al país, también se hacen presentes la escasez y la
inflación, como la desaparición de los recursos para desmanes,
corrupción, hamponato, blanqueo de capitales y narcotráfico. De igual manera,
las elites dominantes –y presuntuosamente denominadas nomenklatura-, en su
incontrolable desenfreno por hacer fortuna, apelan a todo tipo de vicios,
incluyendo comisiones por contratos de obras o servicios, apropiación de los
dineros públicos y diversas artimañas para enriquecerse.
Desde luego, la limitante de esa otra fase del
comportamiento abusivo de la gestión en el poder, es la cantidad y calidad
de los activos, como de las fortalezas de que disponga el país que se
seleccione para echar a andar las tropelías y abusos. Porque cuando se hacen
presentes la indisponibilidad de bienes y la escasez de recursos, también se
dan el deterioro del régimen, a partir de las diferencias internas,
de las pugnas y las luchas por el liderazgo, como las deserciones y las
acusaciones internas y externas.
Todo esto se traduce en el peor de los costos
para el régimen: la pérdida de todo tipo de apoyo, como de
reconocimientos, lo cual obliga a recurrir a nuevos argumentos. Esos no son
otros que acusar de apátridas y de traidores a los nacionales, como de intervencionistas
a los foráneos, a la vez que les atribuyen que su único propósito es el robo y
la apropiación de los recursos de la nación.
Invariablemente, estos tipos de regímenes, tal
y como ha sucedido en los distintos países que han tenido el infortunio de
sufrirlos, terminan dejando en la mayor de las ruinas a las naciones y a sus
ciudadanos. Marcados, además, por los efectos de una triste y lamentable
experiencia, y obligados a ocuparse de aceptar la histórica tarea de la
recuperación, como de la misión moral de honrar la palabra convertida en
juramento de que nunca más se caerá en la misma trampa. Quizás por
aquello que es voz común, y que reza que el hombre es el único animal que
tropieza dos veces con la misma piedra.
Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de
Independientes Por el Progreso (IPP)
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