La
abstención es una herramienta. Como tal, no es ni buena, ni mala. Todo depende
del ambiente en que será utilizada, del trabajo a realizar y de la
destreza de quien la maneje. En tiempos de democracia algunos no acuden a
votar porque los candidatos no los convencen, pero ningún político
hace campaña directa o indirectamente por la abstención. Bajo
regímenes dictatoriales, líderes de partidos y opinadores suelen debatir sobre
la conveniencia o no de votar.
En una
dictadura se justifica la abstención como herramienta para derrocar al régimen:
1- Si existe un ambiente de rebelión popular, con gente masivamente
dispuesta al sacrificio supremo, a permanecer indefinidamente
en la calle o a participar en una huelga general contundente y de larga
duración. 2- Si el ejército no está dispuesto a reprimir la protesta.
¿Están
dados estos requisitos? Evidentemente no. Hemos presenciado grandes
marchas, pero solo por unas horas; la huelga general no ha tenido gran acogida
debido a la represión del régimen y la retaliación por parte de los
paramilitares rojos, y la guardia nacional ha asesinado y atacado con saña a
los manifestantes, con el visto bueno de los otros componentes de la Fuerza
Armada.
En las
parlamentarias del 2005 los partidos políticos llamaron a la abstención para
intentar presionar cambios en el tramposo CNE, pero conscientes de que
esa abstención no les causaría mayor daño político ya que, según sus
cálculos, no podían obtener más de una docena de diputados. Es una falacia
seguir insistiendo en que en esa oportunidad entregamos la Asamblea
Nacional. Éramos minoría. Aunque esa abstención se justificó, tampoco
logramos el objetivo.
Hoy somos
mayoría, tenemos a favor la Asamblea Nacional y la opinión internacional.
Abstenerse porque el CNE está parcializado, porque el régimen es ventajista e
intentará hacer trampa para que ganen algunos de sus candidatos, porque
inhabilitará a nuestros candidatos, le quitará funciones a los electos o
los pondrá presos son motivos para seguir protestando, pero no para abstenerse
ya que el voto es una herramienta de disconformidad.
Abstenerse
porque votando estamos renunciando al mandato del 16 de octubre es no entender
que en dictadura ese mandato era imposible de cumplir. Políticamente era
conveniente esa consulta, como lo evidenció la opinión internacional,
pero era una herramienta inapropiada para salir del régimen. ¿Nos engañaron sus
proponentes? No! El objetivo era movilizar gente, reforzar la condena a la
dictadura de Maduro por parte de países democráticos que ya estaban
sensibilizados por la violenta represión en contra
de nuestros
héroes de la calle y evidenciar que somos mayoría.
Algunos
critican que varios de nuestros dirigentes siembran esperanzas sin contar con
la semilla adecuada, pero cualquiera que haya estado preso, exiliado o en malas
condiciones se acuesta pensando que al día siguiente se resolverá su
situación. La esperanza es lo último que se pierde y la herramienta de que
disponemos para seguir en la agonía por la vida. Es decir, en la lucha
diaria.
Es cierto
que el régimen ha hecho trampas y ha puesto al servicio de sus candidatos
todos los recursos del Estado, pero cuando hemos sido mayoría y contado con
testigos no ha podido arrebatarnos el triunfo. Esto quedó demostrado en
las parlamentarias del 2015 ¿o acaso alguien puede pensar que nos regalaron 212
diputados para aparentar que estamos en democracia?
En el
referendo del 2007 sostuve, hasta pocos días
antes, que no deberíamos someter a votación derechos que nos otorgaba la
Constitución. Para ello esgrimí principios y valores. Sin embargo, ante el
llamado de los obispos a ejercer nuestro voto para rechazar la infame propuesta
roja, recapacité y declaré a favor del voto. Acaté el llamado porque
consideré que era absurdo pensar que tenía más principios y valores que
los integrantes de la Conferencia Episcopal. Ese referendo lo ganamos los
demócratas.
Hoy,
nuestros obispos y todos los partidos de oposición, salvo dos, instan a votar.
Ojalá Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo se sumen al llamado. Somos inmensa
mayoría y las circunstancias indican que solo contamos con la herramienta del
voto. Cabe recordar a quienes no votan por ser indiferentes lo dicho por
el gran líder judío Elie Wiesel "la indiferencia es siempre el amigo del
enemigo, ya que beneficia al agresor, nunca a la víctima, cuya pena se
magnifica cuando se siente olvidada". Si no votamos por indiferencia
estaremos dando un mensaje desalentador a nuestros presos, exiliados y
perseguidos. Alterando lo dicho sobre el asesinato del duque de
Enghien, podría decirse que no votar sería un crimen y un error. Gustavo
Tarre lo expresó muy bien: “Entre los dos bandos, sé muy bien cuál quiero yo
que pierda".
Como
(había) en botica: La independencia de Cataluña sería un anacronismo.
Felicitamos al ingeniero Diego González por su incorporación a la
Academia de la Ingeniería y el Hábitat. Su trabajo de incorporación debe formar
parte de la propuesta para un nuevo gobierno ¡No más prisioneros políticos, ni
exiliados!
eddiearamirez@hotmail.com 10/10/17
Noticiero Digital, Runrunes y Digaloahi digital

No hay comentarios:
Publicar un comentario