Qué Mala Onda
Cómo les divierte poner contra
la pared a los que no comulgan en su altar, sin considerar el mal que sus acciones
acarrean
En
esta especie de maratón de: “a ver quien comete la mejor iniquidad”, los que
gobiernan andan como locos yendo a toda prisa a ningún sitio para nada, bueno,
corrijo, excepto una cosa, porque lo que si hacen bien es el mal. El último
evento de hace unos días ya es conocido por todos; literalmente se
ensañaron apagando dos importantes emisoras caraqueñas, la fm 99.1 Mágica y la 92.9
Tu Radio, hermana menor de RCR 750 am, decana de la radio comercial en este
país, igual que apagaron en su dia Ondas Populares y Radio Caracas
Televisión. ¿La forma en que lo hicieron? Pues en el más puro estilo oficial,
sin papeles, con premeditación, nocturnidad y avasallamiento: “me apagas la
radio y te callas”, o sea, a traición. Estaba todo tan premeditado que apenas
minutos después la frecuencia estaba al aire bajo un nombre demagógico y
hortera hasta más no poder, cuyo nombre y contenido ni recuerdo, ni quiero
acordarme.
La
estupidez de la medida solo se explica viendo cómo les divierte poner contra la
pared a los que no comulgan en su altar, sin considerar el mal que su acción acarrea.
Y no será la última, pues solo en unas semanas se han echado al pico unas
30 emisoras del interior de la Republica y han obligado a las empresas de cable
a retirar de su programación los dos principales canales de noticias
colombianos: Caracol y RCN Noticias, tres hacer lo mismo poco antes con CNN en
español. Y así sucesivamente. Están tan ofuscados que en su estrepitosa huida
hacia adelante no notan que el letrero “aquí hay una dictadura” cada
día es más grande, refulgente y visible y que el mundo entero los tiene
pillados.
Para
esta gente la radio no ha sido más que un medio, como la televisión, para
intoxicar a las mentes débiles con frases hechas, consignas y vivas a cualquier
cosa salida de sus fatuos cerebros con los preceptos “goebbelianos” pasados por
el tamiz castrista. De algún dictadorzuelo han debido aprender el truco
de “al pueblo pan y circo”, porque de la vieja Roma no creo, sin embargo ni eso
hacen bien, pues el pan no aparece y el circo que ofrecen es simplemente
patético, con ese patetismo de los payasos torpes que tan bien emulaba el gran
Charlie Rivel.
Jamás
los medios de difusión habían sido tan maltratados y desaprovechados como
con estos personajes, lástima porque la radio es otra cosa; sin embargo el
vínculo entre los que hacen radio y el oyente se mantiene imperturbable, sin
distingo de edades, en el campo como en la ciudad, por el sistema que
sea.
Cuando
Marconi o Tesla, los inventores de la radio, qué más da cual, lograron
hacer funcionar esa maravilla, tengo la convicción de que no pretendían
machacar la cabeza de la gente a base de mentiras, y estupideces que solo
conducen a que terminen por apagar el aparato para no escuchar incoherencias
fatuas y mal dichas repetidas una y otra vez, y que por supuesto suelen ser
mentiras. Esos geniales inventores y todos los que les siguieron, seguro que
pretendían ser escuchados aunque solo fuera para hacer negocios, que también hicieron,
no que los silenciaran.
Lo
grande de la radio es que desde los albores del siglo XX, en unos pocos años,
la radio se filtró en todas partes y más de un siglo después aún sigue firme
generando cultura, informando de lo que pasa, dando a conocer a los
compositores de la mejor música, sonando las canciones que nos hacen bailar o
soñar, narrando eventos deportivos, relatando cosas que nos hacen reír y hasta
llorar con los dramas que escriben los autores de los mejores libros.
Es
cierto que han pasado muchas cosas bajo el puente de la radio: nuevos medios,
nuevas tecnologías, nuevas formas de ver y de escuchar. En un mundo hoy
dominado por las redes que trenza internet, ¿cómo ha hecho la radio para
sobrevivir? tal vez los protagonistas del dial tengan la palabra: la
inmediatez, la imaginación, la cercanía con la gente; el lenguaje propio de
cada voz componen “la magia” de la radio, esa fiel compinche que no le teme a
los cambios.
Para
un agricultor de la Edad Media, la radio hubiera sido un milagro, sin embargo hoy
decir que la radio es mágica es un tópico; la radio tiene la prodigiosa
facilidad de meterse en las casas de la gente, en sus habitaciones en la sala o
en la cocina, compartiendo intimidad y soledades en sus dormitorios; es el
medio de comunicación en el que no existe la distancia entre el que habla y el
que escucha, es directo, inmediato y privado. La gente que escucha la
radio siente de verdad que está a su lado, en su sofá o en el asiento de al
lado mientras va manejando. La radio está contigo mientras te duchas, mientras
te afeitas, te cuenta lo que ha pasado mientras desayunas, y te acompaña para
llevar o traer a los niños del colegio.
La
radio no molesta, está ahí para captar la atención en determinados momentos y
luego pasar desapercibida, pero permaneciendo inseparable, al lado de aquel que
la ha escogido y sintonizado. La radio tiene un hechizo que no tiene ningún
otro medio, ni el gráfico ni la TV, y es lograr que quien te escucha imagine
todo lo que le dices y hasta cómo eres; te acerca de otro modo a la gente, por
eso es bueno saber decirlo bien. Más allá de la competencia que implican las
nuevas tecnologías, la radio no va a pasar jamás de moda: se conservan los
oyentes tradicionales y además, de a poco, se ganan nuevos.
Según
los estudiosos del asunto, en menos de 50 años todas las radios se habrán
mudado a internet, eso no es malo, no importa qué sistema se emplee para su
difusión, siempre se necesitarán los creativos que ideen los contenidos, los
productores de programas, musicalizadores, guionistas y todo ese tren de
profesionales con talento que requiere hacer buena radio. Pasará como con la
música que no importa el sistema para hacerla sonar, pues al final siempre
harán falta los compositores, productores, arreglistas, instrumentistas e
intérpretes.
La
radio como casi todo en Venezuela tendrá que renacer. Yo echo en falta a los
que me enseñaron a apreciarla: desde mi padre con aquella estupenda radio
Siemens multibanda en la que escuchaba Radio España Independiente la
clandestina emisora antifranquista que emitía desde el sur de Francia, y en la
que yo escuchaba maravillado en Radio Rioja EAJ-18 las canciones dedicadas,
también a los legendarios disk jockeys venezolanos, Clemente Vargas Jr.,
Eduardo Morell, Fidias Danilo Escalona, los hermanos Mena, o El Chepe Perez
Meléndez, casi todos, por cierto, pertenecientes al grupo de Radio Caracas 750
AM, radio de radios, la misma que los del gobierno actual no dejan en paz.
Qué
mala onda.
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