lunes, 7 de agosto de 2017

EJILDO LUJÁN NAVA Formato del Futuro…

 CONSULTA POPULAR A JUDINI Y A MANDRAKE 

 “Eso será verdad, pero en eso yo no creo”
Resabio popular Llanero


Formato del Futuro…


El 30 de julio de 2017, sin duda alguna, se escribió en la historia política de Venezuela uno de los momentos con peor olor moral que haya vivido la Nación en las últimas décadas. 

No tanto por lo que se dijo que había sucedido a lo largo del día y sobre cuyo desarrollo, desde luego, había que hacer una descripción numérica, en razón de lo acontecido. No. Sencillamente, porque a las palabras y a los gestos, a eso que se conoce como mensaje corporal, había que tratar de encontrarle algún ápice de sustentabilidad. Algún atisbo lo suficientemente convincente para que pueblo, ciudadanía y súbditos pudieran interpretar racionalmente el cuento de lo que se había contado con supuesto apoyo tecnológico de primer mundo, si bien el hecho en sí no pasaba de ser  un episodio más del absolutismo que prevalece en esta parte del continente.

Ese día, por supuesto, fue una prueba de fuego para una población que hace cuatro años debió aprender magia y a saber consultar a los magos, para sobrevivir entre miseria, pobreza, hambre, inseguridad, ramplonería, irrespeto. Aunque, en honor a la verdad, hubo un momento, después de las 11 y 45 de la noche, cuando se produjo el gran acontecimiento.

Sí, aquel cuando los seguidores de Judini y de Mandrake, debieron combinar sus hechos del día con el instante del clímax totalmente ajeno a lo que significa ser padre de familia, poder ofrecerle 3 comidas diarias a cada hijo y la esposa, cubrir los gastos del colegio y del  transporte, financiar el costo de los servicios del hogar durante 30 días, con un ingreso diario de sólo 8 mil bolívares equivalente a sólo 0,66 dólares. Porque, realmente, un venezolano gana al cambio libre 0,43 dólares diario, es decir,  13 dólares  al mes, calculando el dólar  a Bs. 20.000. 

Pero, además, sobrevivir a la aventura en la que se ha convertido salir a trabajar y no ser víctima de un atraco en el transporte, de un disparo entre las ya comunes protestas que se generan en cualquier parte del país, o de la manera como la acción uniformada “dispersa” a la población, entre gas lacrimógeno, balas, pedazos de cabilla, metras y perdigones.

El momento de la supuesta gran verdad, cuando como consecuencia de la fantasmagórica muchedumbre que ese día se habría hecho presente ante más de 24 mil mesas electorales distribuidas en  más de 14 mil centros de votación, se produjo el alumbramiento de casi 540 constituyentes, en respuesta obediente a lo que, en algún momento de su ocupada agenda laboral, se le ocurrió al Presidente de la República para sembrar al país de paz y de progreso.

Todavía 32 millones de habitantes no saben cómo es que de ese particular nacimiento, van a nacer la paz y el progreso . Pero en lo que sí están claros los adultos bien informados y formados para entenderse con el populismo y los populistas, como sucedió hasta finales del Siglo XX y a lo largo de lo que va del Siglo XXI, es que el citado parto se produjo al margen de las disposiciones constitucionales, incluyendo, ¡oh, pueblo¡, ¡soberano pueblo¡, la obligatoria consulta   a la ciudadanía debidamente facultada para que dijera sí o no, ante el propósito excluyente de la voluntad esgrimida por una individualidad decidida a sobreponer su determinante acto de “medalaganismo”.

Desde luego, si esa misma población mantenía su reserva ante el mensaje de que el proponente se consideraba con derecho a realizar el engendro electoral, más convencida estuvo del contenido de  su acierto reflexivo, cuando, en contradicción con todo lo que había aprendido de casi una veintena de previos eventos electorales, supo cuál era la base reglamentaria del proceso. Accedió a lo que, sin apelar a Judini y a Mandrake, deducía lo que podía suceder. Y sucedió. Tal y como, desde el Reino Unido, lo dijo en perfecto español el representante de Smartmatic: que la tecnología, sencillamente, fue desconocida, violentada, usurpada, ya que toda la claridad y transparencia de lo que garantizaba el recurso mecánico, sencillamente, fue desconocida por el hombre. Por quien prefirió apelar a una variable del feo comportamiento humano en sus invariables modalidades, como es el de la mentira, para consagrar un hecho fraudulento.

Smartmatic, la otrora empresa madre impoluta del proceso técnico digital electoral venezolano, de repente, ha dicho lo que es hoy tema nacional e internacional. Y, de paso, ha sembrado miles de dudas sobre los comicios  que contabilizó, como de sus resultados. Además, hizo voltear la mirada no influida por la tecnología de lo que sucedió en todo el país y en más de 100 países del resto del mundo, el 16 de julio. Entonces, concurrieron a otro acto comicial voluntariamente 7.676.000 ciudadanos que, haciendo valer su legítimo derecho a reprobar la también sospechosa propuesta constituyente, negaron la posibilidad de que eso sucediera, cuando la población estaba en desacuerdo.

Como era de suponer, a ese gesto de plena conciencia ciudadana en favor de la participación, el Gobierno no le dio ninguna importancia, Pero se convirtió en la más pesada de las muestras morales internacionales que sociedad democrática alguna podía exhibir en el ámbito occidental, al extremo de que ha pasado a ser el punto de partida y soporte de cada uno de las pronunciamientos que ha hecho la mayoría de los países regidos por gobiernos democráticos del mundo en contra de la inconstitucional constituyente, como de la pretendida decisión de hacer de ella el asiento referencial de un régimen comunal para las generaciones venezolanas del Siglo XXI.

Para los llamados ciudadanos de a pie, esta situación caótica de país bicéfalo, en la que se aprecia el funcionamiento de dos gobiernos, cada uno ofreciendo caminos opuestos, lo que les inquieta ahora es saber cómo vivir y convivir ante una realidad en la que, de repente, pareciera que el único interés de las partes es ocuparse en demostrar: ¿Quién es el Jefe? ¿Quién queda en el Poder? ¿Quiénes serán el Presidente, el Gobernador, el Alcalde......?. 

Ninguno, estima esa poblada convertida en dispensadora de las bondades de la magia,  se está ocupando de presentar un proyecto factible de cómo resolver los verdaderos problemas del país. Del hambre y la miseria; de la escasez de medicamentos; de la paralización del sistema productivo; de la hiperinflación que, según los expertos, se instaló en tierras venezolanas a comienzos de diciembre del 2016; con una pobre disponibilidad de reservas internacionales y, siempre según expertos, actualmente con el mayor nivel de endeudamiento del mundo.

Nuevamente, la ciudadanía ha hablado. Habló el 16 de julio y lo hizo también, voluntariamente u obligada, el 30 del mismo mes. Ella mantiene invariable su convicción en favor de una solución de convivencia política por la vía de un acuerdo.  No para favorecer a una parte en contra de la otra. Sí en favor de la puesta en marcha y la ejecución de un Proyecto País; no personal ni partidista.

Si bien es cierto que esta diatriba permanente no produce ninguna solución y que la gran polarización y radicalización existente no permite que se acerquen los dos polos en disputa, no menos lo es el hecho de que ambos grupos no gozan de un confiable activismo capaz de construir una fuerza participativa que supere el 40% de la población. Pero, además, es que si no se apresuran en actuar para llegar hasta ese punto de convergencia lo más pronto posible, están echando las bases para que se produzca el nacimiento de una tercera fuerza emergente, al mejor estilo de Emmanuel Macrón, en Francia.

Quiera o no aceptarlo la dirigencia política nacional, la mayoría de los venezolanos ya está cansada de escucharlos y verlos destruirse. Y esa mayoría conformada por más del 60% de la población, está dejando entrever síntomas de fatiga y de obstinación por lo que está sucediendo, y que nadie se ocupe de la ciudadanía y de la solución de sus duros problemas. Millones de venezolanos han abandonado el país. Y su regreso está condicionado por la respuesta que su Patria le ofrezca para venir e incorporarse a la reinstitucionalización y recuperación productiva.

Sí es posible crear condiciones para que se produzca el desarrollo pacífico del país, pero la dirigencia política también tiene que ofrecer demostraciones de voluntad sincera a favor del aprovechamiento nacional de los recursos naturales y humanos de que se dispone. Venezuela ostenta las peores posiciones -o las últimas- en todos los índices de calificación, llámese productividad, base institucional, como de desarrollo, salud, seguridad, etc. Y hay que reversar dicha adversa y negativa condición que sólo consolida el fracaso nacional.

¿Basta el componente electoral para que se haga presente el entendimiento, más allá de lo que se ha presentado con Smarmatic?. Sí, indistintamente de que lo que significa la presencia de las diferencias en cuanto a si concurrir o no a unas próximas elecciones regionales. Porque si el objetivo es llegar a soluciones en un ambiente realmente racional, votar es un recurso apropiado, por no llamar ideal, para avanzar.

¿Y qué les corresponde hacer a quienes viven en y para el oficio de la política?. Admitir que la duda debe estar fuera de todo cuestionamiento. Los espacios políticos no se deben dejar abiertos. Y negarse a no participar es rechazar oportunidades de triunfo –o de derrota- además de que se correspondería con un acto de ingenuidad al creer que no concurriendo, se descalifica al adversario.

El escenario político venezolano  dice -y demuestra- que aquí la expresión opositora cuenta con un respaldo mayoritario, además de que  nunca el que se rinde gana la contienda. Y si para ella de lo que se trata es de recuperar al país, eso sólo se logrará a partir de una inteligente dirección encaminada a mantener la unidad y la sindéresis. Inclusive, validando la importancia de la consulta del pasado 16 de julio, y  lo cual no fue precisamente un acto de magia o el producto de una consulta popular a Judini o a Mandrake. Por el contrario, allí, en el resultado, están condensadas tres expresiones de orientación por las que se debería comenzar el nuevo trabajo participativo.

Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)

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