Blog de Víctor José López /Periodista

lunes, 28 de agosto de 2017

EGILDO LUJÁN NAVA El Cono Monetario

  El Cono Monetario
“Cuando al Tigre le ronronea el estómago por hambre, se pone muy peligroso"
Pensamiento de un venado preocupado
                                                                                                                                                       Formato del Futuro…

El título suena fonéticamente parecido a una expresión muy venezolana. Sobre todo cada vez que se va al mercado, a la panadería, a la carnicería y se aprecia cómo suben los precios. También cuando se revienta un caucho del carro o algún matón rey decide apoderarse por la fuerza  de tu celular.


El cono monetario, en realidad, no es eso. Se refiere al conjunto de piezas y componentes del efectivo circulante. A los que, por ejemplo,  nacieron con el propósito de engendrar el “Bolívar Fuerte” en 1998, mientras se le amputaban tres ceros  a cada mil en el juego del “millardito”.

También a los “hijos” de ese engendro con los nuevos billetes que debieron entrar al circulante a comienzos del 2017, y que, finalmente, lo hicieron durante los primeros seis meses del año entre vuelos y vuelos, anuncios y anuncios, hasta concluir en la justificación de que el retraso, el incumplimiento de la decisión monetaria  obedecía -¿cuándo no?- a un acto de sabotaje, de “saboteo”.

Para las autoridades, el “saboteo”, en realidad, no es otra cosa que esa especie de escudo con el que siempre se trata de ocultar ineptitud, desconocimiento, falta de programación, improvisación, “gerenciación chapucera”. Pero que, al final, concluye en lo mismo: en resultados risibles como fue también el incumplimiento de la sentencia de muerte decretada al famoso  billete de 100,oo bolívares en un lapso de 72 horas a partir del momento del anuncio. Pero que al día de hoy  sigue siendo "El duro de Matar", porque ha sobrevivido a 8 prórrogas de subsistencia ¿o nuevas sentencias?.

Supuestamente –a confesión de parte- lo de las 72 horas fue una jugada gubernamental. Pero jugada o no, a la ciudadanía esta falta de programación se le tradujo en molestias, angustias, pérdidas de tiempo haciendo obligadas colas en los bancos, para cambiar los billetes de 100,oo y no perderlos como fue anunciado. Y también terminó convirtiéndose en saqueos y  la destrucción de establecimientos comerciales, como sucedió en el estado Bolívar.

Por supuesto,  entre el desorden y la destrucción, a esa misma ciudadanía se le dejó a la espera de explicaciones de lo que había sucedido. Incluyendo la  identificación de los propietarios de los camiones cargados de bolsas enormes de billetes que llegaban custodiados y entraban a los bancos sin hacer cola y a la vista de todo el mundo. También de por qué, simultáneamente, se sometía a la tortura de la espera eterna de ancianos y modestos depositantes con  un rollito de billetes haciendo cola desde la madrugada para intentar cambiarlos y no perder su minúsculo tesoro. Y todo para que, al final de las angustias, aquello se tradujera en el ofensivo anuncio de que comenzaba el proceso de las prórrogas.

Con el rosario de prórrogas, desde luego, la población bancarizada ha comprendido que “El Duro de Matar” ha pasado a ser una especie de fetiche en el medio de la  inutilidad del nuevo cono monetario, que ha sido literalmente demolido por el desorden monetario y fiscal del país;  la desenfrenada impresión de dinero inorgánico y el reinado de la hiperinflación.

De hecho, a pocos días de la culminación del mes antesala del reinicio de las actividades escolares,  la ciudadanía espera el anuncio de un nuevo salario mínimo, como –seguramente- el  del bono o pago por alimentación. ¿Y  de un nuevo cono monetario con papel moneda de 50.000,oo y 100.000,oo bolívares incluidos?. Porque, de alguna manera, ahora hay que hacerle frente a la indisponibilidad de circulante, convertida en el último grito de las colas en Venezuela.

Después de todo, a los responsables de este asfixiante desorden  no les quita el sueño la obligación de tener que hacer colas a ninguna hora del día; ningún día del año. Porque lo tienen todo a su alcance. Porque tener que hacer la cola y ser reconocidos, es exponerse a la posibilidad de recibir una ración de pitas y de abucheos colectivos.

Econométrica, mientras tanto, asegura que el problema de fondo es que  hoy faltan 434,4 MILLONES de piezas de papel moneda para equilibrar la liquidez con el efectivo necesario. Y todo  porque el Banco Central de Venezuela no ha autorizado la impresión de billetes al ritmo necesario, lo cual equivale a no haber tomado en cuenta que la galopante inflación de tres dígitos altos del año pasado y la estimada de cuatro dígitos para este año, es un hecho serio, además de grave a nivel económico y social.

De lo que se trata, entonces, es que tal comportamiento inflacionario es la  causa  activadora de la espeluznante pérdida de valor del Bolívar. También de que es el efecto más palpable cuando se anuncia que el elemento cambiario conocido como  Dicom -o valor del Bolívar en relación al Dólar-  está ubicado en más de Bs.3.200,oo Y que el Paralelo o  funesto Dólar Today,  se ubica  en más de Bs.16.000,oo por dólar, por lo que al ser factor marcador en el comportamiento del valor de insumos, materias primas y bienes terminados, con el resto de las improvisadas avanzadas oficiales en materia económica, ha convertido a casi al 90% de los venezolanos en pobres. En víctimas de una pobreza subdividida en tres variables: pobres con zapato, pobres con alpargatas y pobres de miseria.

Lo cierto, hasta que el Banco Central de Venezuela se decida a no seguir siendo lo que es hoy, es decir, otro ministerio más al servicio de la voluntad del Ejecutivo, el asunto monetario  no superará su hoy vigente ejemplo de  forzoso corralito en los bancos. Mejor dicho, de un ilegal secuestro del dinero de los ciudadanos, que se manifiesta en la obligada  limitación de los retiros de dinero a mínimas cantidades que fluctúan entre 10 y 30 mil bolívares diarios por persona o cuenta bancaria. 

Por voluntad y determinación de quienes actúan en razón de su capacidad improvisadora, entonces, los más necesitados o de menores recursos en Venezuela, están obligados a hacer colas todos los días en los bancos, para mendigar lo que les corresponde por derecho. Y eso incluye, desde luego, el triste y cuestionable caso de los pensionados, de los abuelos y bisabuelos de Venezuela, que tienen que ir al banco hasta 10 veces al mes, hacer una enorme cola hasta de madrugada, para cobrar su exigua pensión que no les alcanza ni para adquirir las medicinas de consumo rutinario.

Ni qué decir del olvido de los no bancarizados y de los trabajadores del campo; de los centenares de miles de ciudadanos que habitan  en los lugares más remotos del país, donde no hay bancos, por lo que se les obliga a disponer de tiempo  y de dinero –nunca ocioso- para ir repetidas veces al banco en procura de efectivo.

Definitivamente, mientras se diseñan los componentes del nuevo cono monetario, o -que sería lo ideal- se asume con la urgencia y determinación del caso la implementación de las acciones  dirigidas a  recomponer el desorden en que se encuentra sumida la economía del país, incluyendo sus estratégicos componentes fiscales y monetarios, el Banco Central y el Ministerio de Finanzas tienen que ocuparse de ofrecerle respuestas  al país. Pero no bajo el mismo formato de la sentencia de muerte del billete de Bs. 100,oo. Sí en atención a la gravedad de lo que hoy está planteado.

Lo grave aquí no se solventa prohibiendo la aparición de otro foco de corrupción por el cobro porcentual de vender el dinero en efectivo, bien dentro de los propios bancos o en los negocios que manejan grandes cantidades de dinero. Porque esa es una consecuencia. Es “bachaquerismo inducido”. Y a esas variables comerciales informales, definitivamente, sólo se les anula con orden, disciplina, abundancia y voluntad política. No asignándole tareas de contención al monopolio gubernamental de la represión. Porque, al final, la impunidad, que es la otra expresión institucional escasa en Venezuela, terminará potenciando a quienes medran en estas manifestaciones de verdadera anarquía administrativa.




                                                                                                                 Egildo Luján Nava
                                 Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)  

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