sábado, 4 de febrero de 2017

EL MIRADOR REDONDO Carlos M. Montenegro La Caja de Pandora

                carlosmmontenegro22@gmail.com


                      


“Ten cuidado, puede que tus actos terminen abriendo la Caja de Pandora”


Con esta moderna interpretación, en la actualidad se trata de advertir que ciertos actos que podamos llevar adelante pueden acarrearnos consecuencias inesperadas. Así es como ha perdurado desde los antiguos griegos hasta nuestros tiempos la fábula de la famosa caja.
El mito de la Caja de Pandora* intenta reflejar cómo la excesiva curiosidad, que dominó a Pandora, por ver qué contenía el recipiente que Zeus le regaló, para vengarse de Prometeo, con instrucciones de no abrirlo bajo ninguna circunstancia. Al abrirla, escaparon de su interior todos los males del mundo, trayendo consecuencias trágicas para la humanidad. Cuando logró cerrarla, solo quedaba en el fondo el espíritu de la esperanza.
Era necesario transmitir la posibilidad de derrotar la adversidad, es por eso que el mito deja intacta a la esperanza, para que los hombres puedan asirse a ella, ante una vida que no les fue, desde que la caja fue abierta, para nada favorable. Hasta el día de hoy persiste entre nosotros el refrán que dice que “la esperanza es lo último que se pierde” y hace referencia al mito que estamos comentando en esta oportunidad.
No es fácil describirlo que uno siente cuando en cada amanecer oye las noticias y las suma a los últimos sucesos, sean económicos, políticos, sociales o de cualquier índole, acaecidos en días anteriores. Y me refiero solo a Venezuela, ya que intentar digerir la locura del mundo sería, al menos para el que suscribe, una fatua pretensión, pues el cúmulo de nefastos hechos que se van amontonando en lo que va de siglo es algo inefable.
Nuestra particular caja de noticias, sorpresivas y casi todas malas, que se abre a diario, parece obra de locos, o mejor, de mala gente enloquecida en estado de delirium tremens, en este caso motivado exclusivamente por el ansia incontenible de permanecer en el poder. Los actuales gobernantes disparan decretos, consignas, generan operativos alucinantes, crean comisiones ad hoc de no se sabe qué, y giran instrucciones sin parar, quiero creer que no casualmente contra una manada de esbirros del mal, siervos de centros de planificadores de atentados en fin de una raza de delincuentes que pertenecen al bando que se les opone compuesta por traidores a la patria llamada por ellos oposición y pertenecientes a una mafia llama MUD y a una institución indeseable cuyas siglas son AN, de la cual forman parte una no despreciable minoría de miembros afectos al gobierno, que por magia son, todos, pero toditos, buenos y honrados ciudadanos, mientras los restantes una respetable mayoría que, según quienes nos gobiernan, son la hez de la sociedad y a la cual hay que eliminar sin contemplaciones, a pesar de ser electa por el pueblo --término expropiado y rebautizado como “su pueblo”-- según nos dicen machaconamente en obligadas larguísimas cadenas de radio y tv a diario, que “su pueblo” votó así por un inexplicable error, pues como todos sabemos está feliz de cómo van las cosas.
Para intentar acabar con “tanto indeseable” no tienen empacho en desconocer cuanta ley vigente se cruce en su camino, aunque haya sido dictada por ellos mismos, como ese librito de colores que enarbolan como un amuleto; tienen una memoria histórica envidiable para recordar efemérides patrias que usan para desfiles, procesiones y entrega de títulos, diplomas y certificados de las cosas más peregrinas pero con gran boato y en cadena nacional. También son buenos para corregir errores, pero de los rivales, en eso no tienen parangón y reescriben la historia de forma vertiginosa y a su estilo, para catequizar a la generación de venezolanos que nacieron con el régimen del siglo equis equis palito, aunque eso sí, la escriben con una ortografía y léxico deplorable, como sus discursos, lo que hace pensar que si estudiaron alguna vez algo, faltaron mucho a clase, como a la AN, pues su cultura general, con meritorias excepciones, cuando mejor es exigua.
No hay pudor en su “miopía crónica” frente al hampa, el hambre y la enfermedad de la gente que muere como si estuviéramos en guerra; tampoco en manosear las figuras de los próceres hasta el cansancio utilizándolos a su conveniencia como han hecho con Bolívar y personas como Ruiz Pineda que se permiten hasta desenterrarlos, con permiso de ellos mismos, para usarlos a piaccere. No les basta con dilapidar, malversar o robar a la nación sino que además encarcelan diputados y se burlan del pueblo que los eligió.
La teoría de la “división de poderes”, según Montesquieu (1689-1755) reza que: “En cada Estado hay tres clases de poderes: en el legislativo, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas; en el ejecutivo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y en el judicial, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares”. Esta separación es aceptada y se da por descontada en los debates modernos sobre los gobiernos y ha sido introducida en la mayoría de las constituciones democráticas en todo el mundo.
Y también Montesquieu: “En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente”. Creo que este gobierno ya abrió su caja de Pandora. El peligro está en las decisiones que tomemos como último recurso. Prometeo ya había advertido de no aceptar nunca un regalo proveniente del Olimpo.
* Otra acepción de Caja de Pandora en el DRAE es: Acción o decisión de la que, de manera imprevista, derivan consecuencias desastrosas.

Sin Óbice ni Cortapisas

El español coloquial es una variante diafásica de la lengua, es decir, no depende de la educación ni del nivel sociocultural del hablante y es válido, pero a un profesional de la elocuencia, orador o locutor, se le debe exigir al menos respetar la prosodia en su idioma. Les muestro la transcripción literal de una pregunta que un reconocido conductor de radio, con programa propio, hizo a un sesudo diputado y analista político de la MUD, que respondió con un léxico casi tan “singular”.
“¿Considera que todo nosotros debemo estar consiente que no estamo enfrentando a situacione muy grave que conpiran contra la independencia de nuestra institucione democrática?” (sic) y se quedó tan tranquilo.
    


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