domingo, 22 de enero de 2017

LUIS VICENTE LEÓN ¿Cómo abordar la inflación?


La economía es un sistema interconectado y las medidas adoptadas para rescatar un equilibrio perdido no pueden verse de manera aislada. No hay una acción mágica que resuelve la crisis, sino un conjunto de medidas racionales, que bajo el paragua de una lógica global, conducen a la solución, usualmente en el mediano plazo y después de algunos costos inevitables.
No se trata de evaluar de manera independiente, por ejemplo, el aumento salarial compulsivo. Nadie puede rechazar la idea de que los trabajadores reciban más ingresos cuando estos se pulverizan por la inflación. Aumentar el salario en una situación como esta es una necesidad inminente. Pero no se trata del salario nominal, que no es otra cosa que la cantidad de bolívares que recibe un trabajador, sino el salario real, que es lo que puede comprar con esa cantidad de bolívares. Si un trabajador aumenta los bolívares que obtiene, pero compra cada vez menos con eso, su salario realmente no subió, bajó. Esto se llama ilusión monetaria. La solución no es subir el salario una y otra vez (aunque esa acción pueda ser indispensable mientras no resuelvas el problema). Es atacar lo que  causa la pérdida del salario real. Es decir, la raíz de la inflación.
Estamos claros que aumentar salarios nominales puede ser una acción social vital en una economía de inflación galopante, pero no resuelve el problema y si no apagas la candela, se convierte en una espiral perversa de aumentos permanentes de salarios con pérdidas regulares de capacidad de compra, que nunca son compensadas por el nuevo aumento salarial. El perro mordiéndose la cola.
Hay dos formas de abordar el tema. Una inútil y peor que la enfermedad y otra difícil y compleja, pero eficiente. La primera es creer que el problema inflacionario se debe a que hay un complot que involucra, nada más y nada menos, que a los productores, agricultores, industriales, distribuidores, comerciantes, importadores, gremios, potencias extranjeras, países medianos, pequeños, iglesias, ONG’s, bancos, mercados financieros, marcianos, entre muchos otros, para destruir la economía y tumbar al gobierno. Tomada esta ruta, la estrategia a seguir es clara: vas a luchar contra los molinos de viento y tendrás el mismo resultado que el Quijote. Y si no quieres irte tan lejos como a la Mancha, ubícate en la Venezuela de hoy.
La segunda opción es entender que la inflación es un fenómeno económico. Que la base del problema es que no hay suficientes bienes para atender la demanda. Que la producción está en el piso. Que se cayeron las importaciones y las inversiones. Que los costos de producción se disparan impactados por una devaluación dramática en el mercado negro, producida entre otras cosas por el control oficial. Si te vas por aquí, entonces la solución esta cantada: tienes que abrir el mercado cambiario y permitir que se ajuste de acuerdo a la oferta y la demanda. Tienes que reestimular el aparato productivo privado para lograr aumentos relevantes de oferta e inversión. Tienes que cambiar el subsidio en dólares, que se queda en el medio de la cadena enriqueciendo intermediarios y empobreciendo al país, por subsidios directos en bolívares que permitan a la población más pobre palear los impactos de la sinceración de costos y precios hasta que la economía se equilibre y los ingresos aumenten. Tienes que buscar apoyo de recursos internacionales para financiar la estabilización de tu modelo de cambio y, finalmente, tienes que lograr que los agentes económicos rescaten la confianza, algo que no dependerá de lo que digas sino de lo que hagas.
Tú puedes escoger la ruta que quieras, pero si sigues por la primera llegarás al mismo lado donde estás hoy. Es una simple cuestión de lógica.

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