jueves, 22 de diciembre de 2016

PEDRO PABLO AGUILAR ..."es doloroso apreciar el evidente deterioro de la oposición"

Para un demócrata es doloroso
apreciar el evidente deterioro de la oposición,
en concreto de la Mesa de Unidad Democrática.

 Hace justamente un  Año la MUD era idolatrada por la inmensa mayoría del país. Despúes de 12 años había conquistado el más importante organismo del poder público, el facultado para exigir y hacer cumplir la Constitución, el que velaría por una correcta administración de los fondos públicos, de las garantías ciudadanas, de los derechos humanos. El facultado para exigir que el presidente de la República hiciera honor a la majestad de su cargo y no siguiera actuando como un vulgar tirapiedras contra todo aquel que no hincaba la rodilla para satisfacer su ego enfermizo
Ese fervor creció cuando la MUD planteó la necesidad de un referendo  con fuerza para revocar el mandato que había recibido Maduro, por haber  incurrido en violación de la Constitución y los venezolanos pensaron que las navidades de ese año se convertirían en un gran festejo nacional por la inminente salida del presidente en virtud de que se habían cumplido no  solo los requisitos legales sino las trabas del Consejo Electoral en cuanto al procedimiento del revocatorio. 
¿Qué pasó para un cambio tan abrupto a mediados de este año? Es penosa la hipótesis de que fueron unos oscuros jueces de parroquia, sin competencia en materia electoral, los que destruyeron la esperanza del revocatorio cuando era cuestión de días el cumplimiento de todos los requisitos legales o falsos que  planteaba el CNE. 
La desesperanza y el pesimismo se convirtieron en el signo predominante.
Gracias a Dios la inmensa mayoría de los venezolanos son fervorosos católicos y se dedicaron a pedirle a Dios que se acordara de Venezuela y Dios se hiso presente en el mensaje del Santo Padre pidiendo al gobierno que dialogara con la oposición para encontrar una salida consensuada de la grave crisis nacional. El ánimo volvió a los millones que habían perdido esperanzas, y con el ánimo el propósito de exigir desde la calle que el gobierno atendiera las exigencias, que ya no eran solo de la Santa Sede sino de toda la comunidad internacional. Y se produjo aquel testimonio insospechable de los millones de venezolanos que se lanzaron a la calle para exigir que se atendiera el reclamo de la oposición, de  ese modo el régimen tuvo que aceptar las condiciones exigidas por la Santa Sede y en presencia de tres ex presidentes hispano americanos, actuando como mediadores se  definieron las bases del acuerdo posible: libertad de los presos políticos, respeto a las funciones del poder legislativo y a la majestad del Ejecutivo y compromiso de apoyo de la oposición a las medidas que tomaría el gobierno para atender las urgencias de alimentos y medicinas que debían importarse.
Para asombro colectivo, el régimen como si fuese una partida de domino trancó el juego. Revocatorio y elecciones de gobernadores para los años 17   y 18, con el mismo Consejo Electoral controlado por el régimen, con un Tribunal Supremo suspendiendo en la práctica las funciones del parlamento.
A ese conjunto de circunstancias políticas se  agrega que el país vive  las consecuencias de las disparadas medidas tomadas por el régimen. No aparecen los billetes de veinte mil, diez mil y quinientos bolívares ofrecidos por el Banco Central. Al comprar un artículo el vendedor lo oferta y recibe diez mil bolívares  siendo que está regulado en dos mil bolívares. Hacer una denuncia es imposible pues no funciona Internet.   
Estos son los hechos y obligados como estamos a preservar la confianza que han logrado nuestros informes no podemos ocultarlos, con la esperanza de que nuestras aprehensiones no sean válidas y no se desperdicie el abundante material que el régimen esta dando para el ejercicio de las funciones que corresponden a la oposición, y en términos mas propios, a  la Asamblea Legislativa.
Millones de personas se presentan a los Bancos solicitando el cambio de sus billetes y lógicamente las colas son de kilómetros frente a todas las oficinas.  Pero pasadas algunas horas los funcionarios del banco informan que se han recalentado los equipos y es necesario suspender los cambios. A ello se agrega que los bancos estadales no han recibido los nuevos billetes y los cajeros de  los bancos  siguen emitiendo billetes de cien bolívares.  
En el país hay millones de pobres que compran lo que van a consumir en el día. Esos millones de personas pasan  días sin comer, tomando agua o mendrugos que rescatan de la basura de los restaurants. 
Por otra parte, n la medida que va mejorando el cambio de billetes la gente empieza a darse cuenta del efecto de las medidas oficiales.
 Venezuela tiene la inflación más alta del mundo y la de ahora requiere una nueva denominación  que puedan dar los economistas.
En otro aspecto aparece la realidad de que hay millones que no tienen billetes que cambiar. Son los millones de  desempleados, los campesinos y los habitantes de los barrios que subsisten en la mayor pobreza. Son millones. El asunto cobra aspectos muy dramáticos.  Las iglesias,
 y  algunos empresarios organizan mecanismos de socorro pues el gobierno solo se ocupa de suministrar bolsas de comida a los militantes del PSUV.
 Los corresponsales  de la prensa extranjera informan de la situación y se preguntan como es posible que esto ocurra en el país que tiene las mayores reservas de petróleo y cuyo presidente declara que gracias a sus gestiones en la reunión de la OPEP los precios alcanzan ya los sesenta dólares por barril y que han desaparecido los problemas para satisfacer las demandas del gasto público.
Pedro Pablo Aguilar les hace llegar un afectuoso saludo navideño y un ruego: no perder las esperanzas. Dios es muy grande.   

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