sábado, 17 de diciembre de 2016

LUIS BELTRÁN GUERRA Luis Ugalde, asambleísta


A pesar de que en la religión se hallan argumentos favorables y contrarios a la calificación de Dios como fuente de bondad suprema, en los países católicos la creencia en el Señor es determinante cuando ha de reaccionarse ante el oprobio, mediante la indignación que como sabemos se opone a la actitud pasiva ante el desastre.
Mucho debemos a los sacerdotes, representantes de nuestro Padre Celestial, ejerciendo en el sacerdocio el poder eterno para la salvación. Venezuela no ha estado ajena a la voluntad de los representantes de Dios en períodos dominados por Satanás, el espíritu maligno que nos induce al mal hasta el juicio final.
Así lo explica Patricia Jiménez en su clase de Religión IV en la Academia Militar a los cadetes, cuyo deber primario será, conforme al artículo 328 constitucional, defender la soberanía cuando sea irrespetada interna y foráneamente y sin importar por quién.  Así les ha enseñado en Derecho Constitucional Alberto Müller Rojas, quien participó el 23 de enero del 58 en el rescate de la democracia ante la dictadura de 10 años que con el fuete nos había mandado. La imaginería lo indujo también a pensar que el denominado socialismo del siglo XXI sería democrático, acudiendo a su retiro al convencerse de lo opuesto. La docente Jiménez acota que ha de reconocerse a soldados y sacerdotes el coraje para reclamar la vigencia del Pacto Social Constitucional, cuando crisis como la nos aqueja impone  que a la República hay que rehacerla.
Demanda la atención de los alumnos preguntando si consideran como manifestaciones de concurrencia de civiles y soldados en la defensa de la soberanía: 1. La Pastoral de monseñor Arias Blanco con respecto a la desigualdad, la corrupción y el atropello y represión al pueblo por la Seguridad Nacional y 2. El coraje de monseñor Jesús Hernández Chapellín para expresarle al entonces ministro del Interior que el pueblo odiaba al régimen, cuyo último capítulo consistió en el repudiado plebiscito del 15 de diciembre de 1957. Tengan presente, manifiesta la profesora, que cercano a esas manifestaciones de la Iglesia los aviones de Hugo Trejo volaron por el cielo de Caracas y el 23 de enero del 58 un gobierno de Salvación Nacional quedó constituido, resultado del concurso de soldados y civiles, incluyendo muy particularmente a los sacerdotes.
Patricia Jiménez les refiere asimismo los señalamientos de monseñor Diego Padrón, para quien la revocatoria popular es el mecanismo para cambiar a un gobierno con locura de permanencia en el poder y que ha resquebrajado la democracia y creado la crisis social. Constituye una alternativa para evitar que se siga deteriorando la vida y prosiga el odio y la muerte. Es por tanto el anhelo de la mayoría que espera una solución pronta y definitiva.
He aprendido a ser equilibrada advierte la docente, razón para entender la pasividad que observo en ustedes ante mis consideraciones y las interrogantes contenidas. Pero no puedo dejar de lado argumentaciones pertinentes al tema que ha planteado el padre Luis Ugalde, quien, al calificar al Gobierno como una dictadura militar, estima como indispensable resquebrajar el grupo castrense que lo apoya, identificando a un militar como sucediera en l958 con Wolfgang Larrazábal, empeñado en adelantar la transición democrática. Ese soldado necesita ayuda por parte de los civiles. Y por supuesto, mucho como diariamente lo hace el sacerdocio.
El ambiente es de silencio. No obstante la docente observa que unos cuantos alférez tienen en sus escritorios las declaraciones de Ugalde y la Propuesta a una Constituyente Originaria y que algunos tienen subrayado “En ejercicio de nuestro derecho humano a la participación política, nos constituimos en Junta Activadora del Poder Constituyente Originario, para organizar un proceso de Recolección de Firmas y adelantar una Asamblea Constituyente a fin de reedificar a la República como un Estado democrático, social, de Derecho y de justicia, Federal y descentralizado”. La profesora no insiste en respuestas, pero intuye que a los cadetes les ha interesado la lección. Dios quiera se incorporen al rescate de la democracia.
Al final de la clase los alumnos entregan los trabajos encomendados como tareas. Al revisarlos Patricia ha de destapar una botella de vino Malbec, la cual consume sorbo tras sorbo a medida que lee el material y asigna calificaciones. La última copa la bebe casi de un trago al leer en uno de los trabajos una crítica a Luis Ugalde por no estar de acuerdo con una Constituyente, presagiando que pudiera ser un torneo de opinión a lo Escarrá. El comentario que más llama la atención lo encuentra en el trabajo del Alférez Mayor, para quien el sacerdote ha de sopesar el tema y que si se produjese el concurso cívico militar y la democracia se rescata, se sentiría muy satisfecho al ver guindadas pancartas en los postes de Caracas con la mención:
Luis Ugalde, Asambleísta.
@LuisBGuerra

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