martes, 11 de octubre de 2016

LA SITUACION DE LA SALUD VENEZOLANA RECLAMA IMPORTAR UN DOCTOR BALMIS ... U OTRO CONVIT

  ©  CARLOS M. MONTENEGRO                   carlosmmontenegro22@gmail.com

La expedición humanitaria del Dr. Balmis y sus “galleguiños”
                                                                                                   A Yvette
                                                                                                    


La brillante solución fue llevar a 22 niños sanos de entre 8 y 10 años, sacados de un orfanato de La Coruña, a quienes se vacunaría de uno en uno para mantener la infección activa hasta llegar al Nuevo Mundo e inyectar a la población a partir del niño que llegaba contagiado




El diario británico The Times informó recientemente que científicos de varias universidades del Reino Unido han aplicado con éxito a un ciudadano una nueva técnica que elimina por completo el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Un británico de 44 años y portador del virus se ha convertido oficialmente en el primer ser humano al que se ha logrado curar por completo la enfermedad. Se trata de una técnica revolucionaria lograda gracias a la estrecha cooperación de las universidades de Oxford y Cambridge, y de los londinenses Imperial College, University College y Kings’ College.
Estas estupendas noticias deben tomarse con cautela, pues el entusiasmo de los medios a veces magnifica las cosas sin estar oficialmente confirmadas. Tal fue el caso del periódico “2001” de Caracas, que en 2010 publicó en primera plana una verdadera bomba científica: “el doctor Jacinto Convit, científico venezolano, había desarrollado la vacuna contra el cáncer de mama, colon y estomago”. Inmediatamente el Instituto Autónomo de Biomedicina (fundado por el Dr. Convit) informó que “eso era totalmente falso y que no se estaba realizando ningún estudio de este tipo”.
Viene al caso recordar sin embargo un hecho histórico de gran trascendencia para la humanidad. La ciencia, al respecto de vacunas, ha creado maravillas, la primera históricamente fue contra la viruela, pavorosa enfermedad hoy controlada gracias a un médico rural inglés, Edward Jenner (17491823) que en 1796 inoculó al niño James Philips una pequeña dosis de las pústulas extraídas de las ubres de las vacas, que no contraían el terrible mal, observando que tras un leve brote sobrevivió repitió con otros niños y el resultado fue igualmente positivo. Era el principio del fin de la terrible peste que se contagiaba velozmente y había acabado durante siglos con decenas de millones de personas.
Francisco J. Balmis (Alicante 1753-1819) cirujano y médico personal del rey Carlos IV supo la noticia y propuso al monarca hacer una expedición a las posesiones españolas de ultramar, donde la viruela hacía estragos, con el fin de erradicar aquel terrible mal. El rey apoyó y financió la expedición, pues su propia hija, la Infanta María Luisa había sufrido la enfermedad habiendo sido salvada del mal, vacunándola junto al resto de su familia.
El 1 de septiembre de 1803, el rey Carlos IV, emitió un edicto dirigido a todos sus dominios de Asia y América y ordenaba apoyar a los expedicionarios para:
Vacunar gratis a toda la población,
Enseñar a preparar la vacuna antivariólica y
Mantener suero con virus vivo para vacunaciones futuras.
Balmis con siete médicos, asistentes y equipo sanitario dispuso la travesía, pero había un tremendo problema que resolvió con gran ingenio: la vacuna no existía como tal, solo se sabía la técnica de Jenner, y no era posible cruzar el Atlántico durante semanas con fluido para inocular pues no existía aún la refrigeración. La brillante solución fue llevar a 22 niños sanos de entre 8 y 10 años,  sacados de un orfanato de La Coruña, a quienes se vacunaría de uno en uno para mantener la infección activa hasta llegar al Nuevo Mundo e inyectar a la población a partir del niño que llegaba contagiado. Para asegurarse el éxito de la expedición redactó un reglamento que tendrían que cumplir los empleados de la expedición.
El 30 de noviembre de 1803 zarpó de La Coruña la nao “María Pita”, comenzando aquella extraña expedición humanitaria, la primera con fines sanitarios de la historia. Transportaron la vacuna navegando hasta las Islas Canarias, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México, Filipinas y China  con enorme éxito.
En La Guaira la expedición se dividió y el Dr. Balmis se quedó en Caracas. Fue homenajeado y hasta Andrés Bello compuso una “Oda a la vacuna” en gratitud. Fue fundando centros donde se instruía a médicos locales la técnica de cómo administrar la vacuna. Luego siguió hasta Cuba y México donde reclutó de nuevo a 25 niños huérfanos y desde Acapulco, el 8 de Febrero de 1805 partió a bordo del “Magallanes” hacia Filipinas, atravesando el Océano Pacífico. Después siguió hasta Macao y luego a China eliminando a su paso los brotes de la peste.
En 1814 regresó a España, no sin antes parar en la isla de Santa Helena donde sus habitantes fueron inmunizados.
Edward Jenner, el descubridor de la vacuna dijo: “No puedo imaginar que en los anales de la historia exista un ejemplo de filantropía más noble que éste”. Alejandro Humboldt en 1825 escribió a propósito de este hecho: “Este viaje científico perdurará como el más memorable de la historia”.
Un fragmento de la “Oda a la vacuna” dice:
Y a ti, Balmis, a ti que abandonando el clima patrio, vienes como genio tutelar de   salud, sobre tus pasos, una vital semilla difundiendo
¿Qué recompensa más preciosa y dulce podemos darte?
¿Qué más digno premio a tus nobles tareas que la tierna aclamación de agradecidos pueblos?
Andrés Bello

La verdad es que otro Dr. Balmis sería bienvenido…

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