lunes, 9 de mayo de 2016

DESDE EL PUENTE Oswaldo Álvarez Paz





DEMÓCRATAS SOMETIDOS A PRUEBA

Escribo con el temor a repetirme de nuevo, para hablar de la necesidad de un cambio que no admite más demora. No importa. Se trata de lo mismo y de satisfacer una necesidad espiritual y política que obliga a seguir adelante, sin tregua, sin pedir ni dar cuartel al adversario,sin aspiraciones personales o de grupo, pero con la mente puesta en el bien de la nación.

Venezuela está siendo destruida por la venalidad y la mediocridad de
eso que llaman el alto gobierno cívico-militar de la revolución. En
ese mundo temen profundamente al juicio que podría seguir a esta
izquierda estéril e inmoral, protagonista del más terrible fracaso de
que tenga memoria el continente americano. Han empantanado la vida de
todos y desprestigiado a la izquierda decente, embarcando a los más
pobres y liquidando cualquier manifestación de orden y de respeto a un
ordenamiento jurídico desdibujado y sin vigencia.

En esta oportunidad invito a todos los compatriotas a leer con
detenimiento el último documento de la Conferencia Episcopal
Venezolana, las declaraciones del Secretario de Estado del Vaticano y
a reflexionar sobre el significado de la carta privada de S.S.
Francisco al señor Maduro cuyo texto desconocemos, pero que tenemos la
certeza de que se trata de una invitación a la rectificación, al
diálogo y a crear condiciones para una transición rápida, en paz y con
plenas garantías para todos. La Iglesia Católica nuevamente asume el
rol de vanguardia de la libertad y los derechos humanos. En la misma
dirección trabajan todos los credos y religiones existentes en el
país.

El régimen ha estimulado el terrorismo, el odio, la muerte, el macro y
micro tráfico de drogas y otras desviaciones que explican las
matazones horribles y crímenes horrendos en todo el país. La impunidad
existente no es casual ni producto exclusivamente de la incompetencia
gubernamental o del deprimente poder judicial que tenemos. No. Hay
complicidad. Han hecho imposible el diálogo y la reconciliación con
los de arriba, por debajo las cosas funcionan mejor, pero ese alto
gobierno es el obstáculo mayor para conseguir la paz.

Este pueblo nuestro, pacífico y cívico, tendrá que ejercer su derecho
a la legítima defensa. Nadie podrá censurarlo. Se trata de un
ejercicio existencial, de una lucha inevitable. Tiene derecho a asumir
y hacer lo que considera justo y necesario.

A estas alturas de la tragicomedia que vivimos, es un pecado mortal
que alguien, civil o militar, le sirva a este gobierno. Uno de los
contendientes va a caer como consecuencia de esta confrontación. Del
desenlace dependerá el futuro de nuestros hijos y nietos.

Lunes, 9 de mayo de 2016



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