miércoles, 30 de marzo de 2016

Pedro Pablo Fernández Todo para uno y uno para muchos



Superar la desigualdad económica y social que existe es el gran reto. Solo 1% de la población mundial disfruta hoy de 50% de la riqueza. Desde 1700 hasta 2012 la economía mundial creció en promedio 1,6% anual



El martes de esta semana en el Centro de Políticas Públicas Ifedec tuvimos una reunión de trabajo con un grupo de especialistas que vienen haciendo planteamientos para superar la pobreza y derrotar la desigualdad.

Fue un evento de altísimo nivel por las ponencias y por los aportes de la gente que intervino. En el evento participaron Eduardo Fernández, presidente de Ifedec, Tosca Hernández, doctora en Ciencias Sociales y profesora-investigadora y exdirectora del posgrado de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV; Joaquín Marta Sosa, profesor universitario con posgrado en Ciencias Políticas; y Nicmer Evans, politólogo con maestría en Psicología Social de la UCV.

Superar la desigualdad económica y social que hay es el gran reto de la humanidad. Solo 1% de la población mundial disfruta hoy de 50% de la riqueza. Esa realidad global se observa con mayor profundidad en Venezuela gracias al manejo de una renta petrolera que, desde siempre, ha ido a parar a pocas manos.

Tomas Piketty, economista francés y autor del Best Seller El Capital en el Siglo XXI hizo un trabajo de investigación estadístico en el que determinó que desde 1700 hasta 2012 la economía mundial creció en promedio 1,6% anual, mientras la tasa de retorno del capital fue de 4 a 5%. Eso significa que la riqueza producida en el mundo ha ido a parar a las pocas manos que concentran el capital. De acuerdo con este trabajo cada vez es mayor la brecha entre los países ricos y los pobres y también entre los ricos y pobres dentro de cada país.

Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos,  está promoviendo la construcción de un muro para separar a su país de Latinoamérica. Si se mantiene la desigualdad que hay hoy en el mundo los muros para proteger a los países ricos de los pobres no serán suficientemente altos, ni tampoco lo serán las rejas que dentro de cada país se armen para proteger a las urbanizaciones de clase media de los sectores de bajos recursos.

Si queremos combatir la desigualdad debemos empezar por estudiar los ejemplos exitosos. El Coeficiente de Gini es el método más aceptado para medir el nivel de igualdad que hay en los países.

A juzgar por los números el “capitalismo salvaje” es un buen sistema para producir riqueza pero muy malo para distribuirla equitativamente (EEUU ocupa el puesto 123 en el ranking). Por otro lado, de acuerdo con las estadísticas, el comunismo no sólo es malo produciendo riqueza sino que además es muy deficiente para la pretendida repartición igualitaria (Cuba ocupa el puesto 79 y China, con su modelo  esclavista de desarrollo económico ha bajado al 156).

Europa es por lejos el continente que ha logrado la mayor igualdad. De acuerdo con las estadísticas 19 de los primero 20 países en el ranking son europeos.

Allí ha prevalecido el  modelo de Economía Social de Mercado y han logrado crecimiento económico con justicia social. El sistema ha demostrado eficiencia al estimular la generación de riqueza, a partir de la iniciativa privada, con la promoción de condiciones institucionales, éticas y sociales por parte del Estado que buscan corregir las desviaciones del mercado.

Las tres cosas más importantes para combatir la pobreza y la desigualdad son:

1- Un sector privado fuerte que invierta, produzca y genere muchos empleos productivos.

2- Una educación de calidad para todos. La educación es la herramienta igualadora más eficiente.

3- Políticas Públicas dirigidas desde el estado para corregir las desviaciones del mercado y garanticen igualdad de oportunidades para todos.

Joseph Stiglitz, Nobel de economía, en su libro: El precio de la desigualdad plantea que la principal causa de la desigualdad es la enorme desproporción de los salarios. Los ejecutivos más altos de la empresa ganan 331 veces más que los empleados. Los trabajadores no reciben una remuneración que se corresponda con el aporte que hacen en la generación de riqueza.

Noruega ocupa el primer lugar en el ranking de países más igualitarios.  Los altos ejecutivos de sus empresas ganan muy bien, pero muy por debajo de lo que ganan en empresas similares en EEUU, pero los obreros son los mejores jpagados del mundo.

Para lograr riqueza y justicia hace falta mercado y Estado. Estado eficiente y transparente.


Pedro Pablo Fernández
PFernandez@ifedec.com
@PedroPabloFR


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