miércoles, 14 de octubre de 2015

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ Final dramático y trágico

 

Se trata de la dictadura del siglo XXI. Increíble pero cierto. En un país militarizado se registra el más alto grado de inseguridad del continente y de buena parte del mundo



Los venezolanos no podemos dar lecciones de democracia ni de dictadura a pueblo alguno de Latinoamérica. 

Todos han pasado alternativamente de un tipo de régimen a otro y viceversa. Sin embargo, la situación que se vive es extraordinariamente complicada. De la democracia pasamos a la dictadura mediante un golpe de estado de ejecución progresiva. 

La desnaturalización de las instituciones existentes, la violación sistemática del estado de derecho con el desconocimiento de los principios básicos establecidos en la Constitución, la destrucción del aparato productivo privado y el desmoronamiento de las empresas del sector público gracias a la ineficacia y la corrupción, todo ello y mucho más, han convertido la vida del ciudadano común en una verdadera tragedia.


Se trata de la dictadura del siglo XXI. Increíble pero cierto. En un país militarizado se registra el más alto grado de inseguridad del continente y de buena parte del mundo. 

Las ciudades lucen desiertas desde tempranas horas de la noche por lo que asaltos, ejecuciones y cobro de vacunas se hacen también a plena luz del día. Aparecen insólitas confrontaciones entre las distintas policías e incluso, entre las distintas ramas de las fuerzas armadas. La gente no distingue bien entre los bandidos y los supuestos representantes del orden que deberían garantizar la seguridad de las personas y de los bienes. Crece la tendencia generalizada a que cada quien defienda lo suyo como pueda, especialmente a la familia, el hogar y su fuente de ingreso. Caminamos aceleradamente hacia un conflicto terrible, pero con una seria incertidumbre con relación al desenlace.


Pudiera emborronar muchas cuartillas profundizando una situación mil veces diagnosticada, pero es innecesario. Lo cierto es que menos de un 20% de la población aprueba al régimen, cerca del 85% desea la renuncia, destitución o, por cualquier vía, el fin del gobierno presidido por Nicolás Maduro. Pone sus esperanzas en las elecciones parlamentarias a celebrarse el próximo 6 de diciembre. No hay manera legítima de que el gobierno las pueda ganar con el evidente rechazo general existente. Pero ganar la Asamblea Nacional y devolverle sus facultades confiscadas de legislación y control de la administración pública, no basta.

 Es un primer paso, muy importante cierto, pero no suficiente. Se profundizará el enfrentamiento entre los restos de la dictadura y los sectores democráticos para alcanzar el cambio definitivo. El gobierno tiene la fuerza física y una mentalidad ideologizada hacia el socialismo comunista que el pueblo rechaza. Los demócratas tienen, fundamentalmente, la razón, la palabra y el coraje para estar a la altura.

No habrá observadores electorales internacionales. Los únicos invitados oficiales son los cómplices de Unasur y el Alba. Ni la OEA, la ONU o la UE, podrán estar presentes en la elección y avalar o condenar el proceso. ¿Qué tal?
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz

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