Mi muy querido, admirado y siempre presente Leopoldo López Gil,
Son más de veinticinco años de conocerte, seguirte como ejemplo y tratar de imitarte. Soy una de las ultimas que salió del país (me fui en julio del 2012), dejando atrás a tu hijo para luchar solo contra las fuerzas del mal. Soy una de las pocas que fueron elegidas para sacar al país de la crisis de los noventa, cuando aún Venezuela era una tierra de oportunidades para el que estudiaba, trabajaba y se afanaba. Soy una que salió de un barrio maracucho para estudiar en una de las mejores universidades del mundo, gracias ti y tu visión de país... Soy una Galileo.
Digo soy y no fui porque el espíritu del programa creado por ti marco la vida de muchos, pero sobretodo la mía. La idea de poder ser fuerza de cambio ha estado siempre arraigada en mí, gracias a ti. Nos educaste para ser líderes de primer mundo, para ser fuerza de cambio, para crear, para vivir, para luchar y sobretodo para prevalecer. Todos los Galileos ya estamos en los cuarenta, ya como si nada tenemos familias, y poco a poco, hemos ido perdiendo la convicción de que somos fuerza de cambio. Sin embargo, hoy decidí escribirte. A ti, el padre, no al hijo.
Siempre es el padre el que nos concede nuestras peticiones, el hijo es una herramienta. Sin la fuerza del padre, el hijo no puede llevar el camino que lleva y lograr la meta deseada. Hoy te escribo porque para mí tú fuiste una figura paterna importante, tus expectativas y tus reprimendas fueron siempre escuchadas y muy tomadas en cuenta. Hoy quiero que sepas que estás en mis oraciones y que en más de una oportunidad has sido tema de conversación en nuestra mesa.
Leopoldo, eres el padre de la mejor Venezuela, eres un gran hombre que has hecho el bien para muchos y que has cambiado el rumbo de la vida de otros tantos. Gracias a ti, he hecho y creo que aún me queda mucho por hacer, no solo por mí y por mi familia, sino también por mi país.
Te escribo para decirte que la lucha sigue, que sigues siendo ejemplo, que sigues siendo el padre y que sigues siendo admirado por tu entereza. Que tu fuerza esta en tu constancia; en tu fe en la perseverancia y en tu búsqueda insaciable por la excelencia. La mejor Venezuela sería una realidad hoy si todos tuviéramos padres como tú; soy muy afortunada de haber sido una de tus Galileos.
Leopoldo, esta carta era para contarte de mi vida y sus tantos vaivenes. Me di cuenta que no necesito nada, pero que muy probablemente a ti te hace falta un poco de luz y reconocimiento entre tanta oscuridad. Por eso cuando quieras escríbeme; quisiera retomar el hilo de una amistad perdida, amistad que nunca supiste que tuviste, pero amistad al fin. Creo que a ti también te hace falta un aliado que te escuche, alguien de afuera, sin agendas, ni prejuicios, no soy quien para juzgar, solo quisiera ayudar. En mí tienes a una aliada, siempre aliada a ti y tu idea de la excelencia.
Cuídate mucho, que sin la fuerza del padre, el hijo no puede. Tu hijo es muy grande y valioso y se llama... La mejor Venezuela.
Un besote,
Irúa Euribe
Galileo 1990
P.D. Estoy en la tierra de Drácula, me mudo a Madrid este verano. En España, la comunidad está más organizada que aquí. Espero tus instrucciones y a quien debo contactar. A Leopoldito dile que siempre está en nuestras oraciones y que yo vuelvo a Venezuela el día que él sea presidente.
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