Blog de Víctor José López /Periodista

domingo, 17 de mayo de 2015

CARLOS MONTENEGRE, HABLANDO DEL ESEQUIBO ¿RECUERDAN LA REBELÍÓN DEL RUPUPINI?





09-05-2015
CARLOS M. MONTENEGRO                                  

La rebelión de Rupununi constituyó una excelente oportunidad para Venezuela de recuperar, por la vía de los hechos consumados, el territorio que fue usurpado por Gran Bretaña, pues los rebeldes pretendían incorporarse a Venezuela. Hart declaró: “nosotros los habitantes de Rupununi y en consecuencia venezolanos por nacimiento según el artículo 35 de la Constitución Nacional, hacemos un enérgico llamamiento al Gobierno, al pueblo y a las FFAA de Venezuela para que nos ayuden e impidan que las hordas del Primer ministro de Guyana nos masacren”


Venezuela reclama desde hace más de 150 años una parte del territorio de la República Cooperativa de Guyana conocido como la Guayana  Esequiba. Las cédulas reales venezolanas acreditan los derechos históricos de este país desde tiempos coloniales. La frontera oriental venezolana estaba definida por el curso del río Esequibo.
La zona en reclamación está bañada por numerosos ríos, en buena parte del territorio sirve para la actividad agrícola, especialmente en la costa donde fluyen los ríos Kukenán, Boruca y Pomerún, propiciando el establecimiento de grandes plantaciones de arroz y caña de azúcar; también se da la cría de ganado vacuno en sabanas muy fértiles en pasto.
Su abundancia de ríos navegables, por barcos de gran calado, en más de 80 kilómetros desde el Océano Atlántico y las múltiples cataratas tierra adentro, especialmente las del rio Mazaruni, le dan al territorio un inmenso potencial hidroeléctrico.
Y si a todo eso se le añade la existencia abundante de oro y diamantes, no es difícil comprender por qué los ingleses usando los trucos de la época falsearon los mapas despojando a Venezuela de casi 200.000 Km2, que coincidentemente eran los mismos que contenían las maravillas narradas más arriba someramente.
A partir de 1834, la frontera oriental venezolana empezó a sufrir modificaciones cuando el naturalista británico Robert Hermann Schomburgk realizó una arbitraria demarcación, llamada línea Schomburgk, que iba desde el río Esequibo, hasta la desembocadura del río Amacuro y del monte Roraima hasta el nacimiento del río Esequibo esto es, 4.290 km2. En 1839 el mismo Schomburgk trazó una segunda línea llamada Norte-Sur, avanzando 141.930 km2 más en territorio venezolano, ya se sabe, los súbditos de S.M. británica, como siempre, barriendo para casa. Para 1886 las minas venezolanas del territorio en reclamación, ya eran explotadas por concesionarios ingleses con capital propio y con más de 6 mil mineros importados.
Venezuela, ya República Independiente reconocida por Inglaterra y hasta por España, inmediatamente reclamó la devolución del amplio territorio usurpado, exigiendo a los ingleses con todas las razones históricas y documentales perfectamente sustentadas, con el resultado que todos conocemos: no nos pararon ni media bola.
Los argumentos imperiales fueron un abanico de variados motivos: por un lado contaron con la ingenuidad, ignorancia, torpeza o simplemente imbecilidad de los gobiernos que enviaban a negociadores fáciles de engañar o corromper, cuando no ambas cosas.
Para muestra un botón: la delegación del gobierno de Venezuela firmó un Tratado de Arbitraje en 1896 que llevó al laudo del 3 de octubre de 1899. El Tratado de Arbitraje se dirimió entre representantes de EEUU y Gran Bretaña, donde no se permitió la intervención de ningún venezolano, eso hizo que el país perdiera 150.000 kms. cuadrados; y así numerosas torpezas más.
Con la posterior aparición de documentos que demostraban las irregularidades legales de la resolución, Venezuela denunció ante las Naciones Unidas (febrero de 1962) la nulidad del laudo de 1899, acción que se confirmó el 12 de noviembre de 1962, con lo que el asunto de la Guayana Esequiba quedó en manos del Secretario General de las Naciones Unidas.
Y los ingleses ni pendientes, pues en Mayo de 1966 le otorgaron la independencia a la Guayana británica, quedando “voluntariamente” dentro del fabuloso invento de la Commonwealth como República Cooperativa de Guyana, con lo que los intereses económicos británicos quedaron resguardados pero los políticos se los endilgaron al nuevo Estado y Venezuela quedó embarcada en una nueva travesía con su reclamación.
En 1980 Forbes Burnham fue elegido presidente. Según observadores internacionales, dichos comicios habían sido fraudulentos. Ese año Burnham solicitó ayuda del FMI y autorizó a empresas trasnacionales a explotar petróleo, bauxita, uranio, oro y diamantes, casi todo en la zona reclamada, acto totalmente ilegal pues según la ONU nadie podría intervenir hasta que no se llegara a un acuerdo entre ambas partes.

LA REBELIÓN 
Valerie Hart líder de la rebelión


        Rupununi es una región ubicada al Sur de la Guayana Esequiba, conformada por grandes extensiones de sabanas que a la vez están rodeadas de selvas, por lo que tiene un difícil acceso y sólo posee comunicación al exterior por vía aérea. Su ciudad y centro de comercio más importante es Lethem, ubicada en un punto fronterizo con Brasil y a unos 500 Kilómetros al Suroeste de Georgetown, capital de Guyana.

Los habitantes de Rupununi viven principalmente de la producción agropecuaria y su población está formada por asentamientos y comunidades de origen amerindio y blancos. Varios factores económicos, étnicos, políticos, jurídicos y estratégicos los motivaron a iniciar el conflicto.
Durante la rebelión, Valerie Hart, la auto-nombrada "Presidente temporal del Estado Libre Esequibo", dijo a la prensa que los rebeldes estaban buscando la independencia de lo que consideraban políticas despóticas del gobierno central del primer ministro negro Forbes Burnham (1923-1985) y Desmond Hoyte su sucesor. Explicó que la decisión de los rebeldes fue tomada después de que el gobierno negó a los ganaderos una solicitud de 25 años de arrendamiento de las tierras que ocupaban y el temor a ser expropiados para que los agricultores llegados de Jamaica y Barbados tomaran sus tierras, "no es un misterio que el Primer Ministro Forbes Burnham intenta convertir Guyana en una República negra exclusivamente, esa raza representa un 30% del total, mientras que el 51% está constituida por descendientes de amerindios, mestizos, hindúes y blancos".
La sublevación se produjo el 2 de enero de 1969 y duró apenas tres días, pues el gobierno central logró trasladar tropas armadas hasta con lanzallamas, incendiando los asentamientos. Debido a que los rebeldes estaban mal pertrechados, se produjo la desbandada. Hay constancia de que Raúl Leoni pensaba ayudar a los Rebeldes con tropas estacionadas en la zona fronteriza, pero Rafael Caldera, recientemente electo, en Enero de 1970 se echó para atrás a última hora y trató de negar las duras acusaciones de Georgetown, contemporizando.
La rebelión de Rupununi constituyó una excelente oportunidad para Venezuela de recuperar, por la vía de los hechos consumados, el territorio que fue usurpado por Gran Bretaña, pues los rebeldes pretendían incorporarse a Venezuela. Hart declaró: “nosotros los habitantes de Rupununi y en consecuencia venezolanos por nacimiento según el artículo 35 de la Constitución Nacional, hacemos un enérgico llamamiento al Gobierno, al pueblo y a las FFAA de Venezuela para que nos ayuden e impidan que las hordas del Primer ministro de Guyana nos masacren”.
Hubo un estimado de entre 70 y 100 muertos, en su mayoría de la etnia Makushi; 53 viviendas indígenas fueron incendiadas, así como denuncias de violaciones y torturas; 326 reportaron haber sido torturados; 147 indígenas de las etnias Makushi y Wapishana fueron detenidos y condenados a penas de entre 1 y 3 años.
Los que pudieron, escaparon a Brasil y al Estado Bolívar de Venezuela, ocultándose en El Palmar y zonas de la Gran Sabana, hasta que Venezuela concedió la nacionalidad a 120 personas involucradas en la rebelión, y les otorgó cédula de identidad venezolana, además de ubicarlos en 3 asentamientos al sur del estado Bolívar.


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