09-05-2015
CARLOS M. MONTENEGRO
CARLOS M. MONTENEGRO
La rebelión de Rupununi constituyó una excelente oportunidad para Venezuela
de recuperar, por la vía de los hechos consumados, el territorio que fue
usurpado por Gran Bretaña, pues los rebeldes pretendían incorporarse a
Venezuela. Hart declaró: “nosotros los habitantes de Rupununi y en consecuencia
venezolanos por nacimiento según el artículo 35 de la Constitución Nacional,
hacemos un enérgico llamamiento al Gobierno, al pueblo y a las FFAA de
Venezuela para que nos ayuden e impidan que las hordas del Primer ministro de
Guyana nos masacren”
Venezuela
reclama desde hace más de 150 años una parte del territorio de la República
Cooperativa de Guyana conocido como la Guayana Esequiba. Las cédulas reales venezolanas
acreditan los derechos históricos de este país desde tiempos coloniales. La
frontera oriental venezolana estaba definida por el curso del río Esequibo.
La zona en reclamación está
bañada por numerosos ríos, en buena parte del territorio sirve para la
actividad agrícola, especialmente en la costa donde fluyen los ríos Kukenán,
Boruca y Pomerún, propiciando el establecimiento de grandes plantaciones de
arroz y caña de azúcar; también se da la cría de ganado vacuno en sabanas muy
fértiles en pasto.
Su
abundancia de ríos navegables, por barcos de gran calado, en más de 80
kilómetros desde el Océano Atlántico y las múltiples cataratas tierra adentro,
especialmente las del rio Mazaruni, le dan al territorio un inmenso potencial
hidroeléctrico.
Y si a todo eso se le añade la
existencia abundante de oro y diamantes, no es difícil comprender por qué los
ingleses usando los trucos de la época falsearon los mapas despojando a
Venezuela de casi 200.000 Km2, que coincidentemente eran los mismos que
contenían las maravillas narradas más arriba someramente.
A partir de
1834, la frontera oriental venezolana empezó a sufrir modificaciones cuando el
naturalista británico Robert Hermann Schomburgk realizó una arbitraria
demarcación, llamada línea Schomburgk, que iba desde el río Esequibo, hasta la
desembocadura del río Amacuro y del monte Roraima hasta el nacimiento del río
Esequibo esto es, 4.290 km2. En 1839 el mismo Schomburgk trazó una segunda
línea llamada Norte-Sur, avanzando 141.930 km2 más en territorio venezolano, ya
se sabe, los súbditos de S.M. británica, como siempre, barriendo para
casa. Para 1886 las minas venezolanas del territorio en reclamación, ya
eran explotadas por concesionarios ingleses con capital propio y con más de 6
mil mineros importados.
Venezuela, ya República
Independiente reconocida por Inglaterra y hasta por España, inmediatamente
reclamó la devolución del amplio territorio usurpado, exigiendo a los ingleses
con todas las razones históricas y documentales perfectamente sustentadas, con
el resultado que todos conocemos: no nos pararon ni media bola.
Los
argumentos imperiales fueron un abanico de variados motivos: por un lado
contaron con la ingenuidad, ignorancia, torpeza o simplemente imbecilidad de
los gobiernos que enviaban a negociadores fáciles de engañar o corromper,
cuando no ambas cosas.
Para muestra un botón: la
delegación del gobierno de Venezuela firmó un Tratado de Arbitraje en 1896 que
llevó al laudo del 3 de octubre de 1899. El Tratado de Arbitraje se dirimió
entre representantes de EEUU y Gran Bretaña, donde no se permitió la
intervención de ningún venezolano, eso hizo que el país perdiera 150.000 kms.
cuadrados; y así numerosas torpezas más.
Con la
posterior aparición de documentos que demostraban las irregularidades legales
de la resolución, Venezuela denunció ante las Naciones Unidas (febrero de 1962)
la nulidad del laudo de 1899, acción que se confirmó el 12 de noviembre de
1962, con lo que el asunto de la Guayana Esequiba quedó en manos del Secretario
General de las Naciones Unidas.
Y los ingleses ni pendientes,
pues en Mayo de 1966 le otorgaron la independencia a la Guayana británica,
quedando “voluntariamente” dentro del fabuloso invento de la Commonwealth como
República Cooperativa de Guyana, con lo que los intereses económicos británicos
quedaron resguardados pero los políticos se los endilgaron al nuevo Estado y
Venezuela quedó embarcada en una nueva travesía con su reclamación.
En 1980
Forbes Burnham fue elegido presidente. Según observadores internacionales,
dichos comicios habían sido fraudulentos. Ese año Burnham solicitó ayuda del
FMI y autorizó a empresas trasnacionales a explotar petróleo, bauxita, uranio,
oro y diamantes, casi todo en la zona reclamada, acto totalmente ilegal pues
según la ONU nadie podría intervenir hasta que no se llegara a un acuerdo entre
ambas partes.
LA REBELIÓN
Valerie Hart líder
de la rebelión
Rupununi es una región ubicada al
Sur de la Guayana Esequiba, conformada por grandes extensiones de sabanas que a
la vez están rodeadas de selvas, por lo que tiene un difícil acceso y sólo
posee comunicación al exterior por vía aérea. Su ciudad y centro de
comercio más importante es Lethem, ubicada en un punto fronterizo con Brasil y
a unos 500 Kilómetros al Suroeste de Georgetown, capital de Guyana.
Los
habitantes de Rupununi viven principalmente de la producción agropecuaria y su
población está formada por asentamientos y comunidades de origen amerindio y
blancos. Varios factores económicos, étnicos, políticos, jurídicos y
estratégicos los motivaron a iniciar el conflicto.
Durante la rebelión, Valerie
Hart, la auto-nombrada "Presidente temporal del Estado Libre
Esequibo", dijo a la prensa que los rebeldes estaban buscando la
independencia de lo que consideraban políticas despóticas del gobierno central
del primer ministro negro Forbes Burnham (1923-1985) y Desmond Hoyte su
sucesor. Explicó que la decisión de los rebeldes fue tomada después de que el
gobierno negó a los ganaderos una solicitud de 25 años de arrendamiento de las
tierras que ocupaban y el temor a ser expropiados para que los agricultores
llegados de Jamaica y Barbados tomaran sus tierras, "no es un misterio que
el Primer Ministro Forbes Burnham intenta convertir Guyana en una República
negra exclusivamente, esa raza representa un 30% del total, mientras que el 51%
está constituida por descendientes de amerindios, mestizos, hindúes y
blancos".
La
sublevación se produjo el 2 de enero de 1969 y duró apenas tres días, pues el
gobierno central logró trasladar tropas armadas hasta con lanzallamas,
incendiando los asentamientos. Debido a que los rebeldes estaban mal
pertrechados, se produjo la desbandada. Hay constancia de que Raúl Leoni pensaba
ayudar a los Rebeldes con tropas estacionadas en la zona fronteriza, pero
Rafael Caldera, recientemente electo, en Enero de 1970 se echó para atrás a
última hora y trató de negar las duras acusaciones de Georgetown,
contemporizando.
La rebelión de Rupununi
constituyó una excelente oportunidad para Venezuela de recuperar, por la vía de
los hechos consumados, el territorio que fue usurpado por Gran Bretaña, pues
los rebeldes pretendían incorporarse a Venezuela. Hart declaró: “nosotros los
habitantes de Rupununi y en consecuencia venezolanos por nacimiento según el
artículo 35 de la Constitución Nacional, hacemos un enérgico llamamiento al
Gobierno, al pueblo y a las FFAA de Venezuela para que nos ayuden e impidan que
las hordas del Primer ministro de Guyana nos masacren”.
Hubo un estimado de entre 70 y
100 muertos, en su mayoría de la etnia Makushi; 53 viviendas indígenas fueron
incendiadas, así como denuncias de violaciones y torturas; 326 reportaron haber
sido torturados; 147 indígenas de las etnias Makushi y Wapishana fueron
detenidos y condenados a penas de entre 1 y 3 años.
Los que
pudieron, escaparon a Brasil y al Estado Bolívar de Venezuela, ocultándose en
El Palmar y zonas de la Gran Sabana, hasta que Venezuela concedió la
nacionalidad a 120 personas involucradas en la rebelión, y les otorgó cédula de
identidad venezolana, además de ubicarlos en 3 asentamientos al sur del estado
Bolívar.
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